El Mundial más hiperbólico: los récords, los héroes, las polémicas y las injusticias de la primera ronda

La fase inicial giró al ritmo de las grandes figuras, en especial de Messi, convertido en el máximo goleador de las Copas del Mundo, pero también sobresalieron las pausas de hidratación, los ídolos inesperados, el poder ofensivo de Francia, las tribunas llenas a pesar de los precios disparados y las protestas de Irán

El País

El Mundial más hiperbólico, con 48 selecciones, 104 partidos y tres países sedes —y también el de un país en guerra con uno de sus participantes—, comienza con una deportación en Miami: el somalí Omar Artan debió volverse por decisión de Estados Unidos a su país, donde fue recibido como héroe. El mundo es más generoso sobre el césped: el primer gol lo hace un colombiano, Julián Quiñones, que juega para México, uno de los 289 futbolistas —de un total de 1.248, el 23,3%- que representan a un país diferente del que nacieron. La ola mexicana, el ole, el Cielito lindo y los sombreros de mariachis por el aire celebran el 2-0 contra Sudáfrica en el Azteca, un estadio único en su especie, el más mundialista del planeta. En Guadalajara, los checos vuelven al Mundial después de 20 años pero es como si se hubieran quedado en Praga. Corea del Sur suma un triunfo que será inútil.


El Mundial salta 4.000 kilómetros y llega a Toronto. Bosnia Herzegovina, que eliminó a Italia en la clasificación y dejó huérfana a Little Italy, reparte puntos con Canadá, un anfitrión sin pretensiones. A otros 4.000 kilómetros de distancia, en Los Ángeles, Estados Unidos golea 4-1 a Paraguay con Folarin Balogun de figura, el goleador que, si fuera por Donald Trump, no sería estadounidense. Los cuatro tiempos, bajo el eufemismo pausa de hidratación, consiguen lo más difícil en el fútbol: unanimidad. A nadie le gustan, los hinchas silban.

Comienzan las jornadas con cuatro partidos: fútbol intravenoso, fútbol para desayuno, almuerzo, merienda y cena. El VAR empieza a dejar señales: no actuará salvo error evidente arbitral. Lo disfruta Suiza en el 1-1 con Qatar: una “breve interrupción técnica” impide mostrar el trazado de líneas en un presunto fuera de juego que antecede al gol suizo. Llega el Brasil-Marruecos y los periodistas no pueden preguntarles en español a Hakimi y Vinicius, que tampoco pueden responderles en ese idioma, el que se habla en uno de los países sedes: la FIFA se retractará pronto. Vinicius y el gol, capítulo 1. Un mediocampista marroquí de 18 años, Ayyoub Bouaddi, se presenta al mundo. Haití debe cambiarle el diseño de su camiseta, quitarle una referencia patriótica, y pierde contra Escocia. En la semana de los refugiados, el primer gol de Australia a Turquía lo convierte Nestory Irankunda, nacido en un campamento humanitario de Tanzania. El fútbol reivindica.

Lo inesperado no es que Alemania le haga siete goles a Curazao, el país más chico y de menor población en jugar un Mundial —y con 25 de sus jugadores nacidos en Países Bajos—, sino que Curazao le convierta uno a Alemania. A sus 78 años, Dick Advocaat se convierte en el técnico más longevo de los Mundiales. Pequeñas delicias del fútbol: Japón, una de las selecciones con menor promedio de altura —36 entre los 48 participantes—, le empata con un gol de cabeza a la octava más alta, Países Bajos. La mala suerte se cruza como un gato negro delante de Ecuador, que remata tres veces a los postes y pierde en el último minuto con Costa de Marfil. Un jugador sueco, Yasin Ayari, le convierte un gol a Túnez y pide perdón: su padre es tunecino.

El mundo quiere ver a España, pero termina conociendo —o descubriendo— a Cabo Verde, en especial a su arquero, Vozinha, fenómeno viral: de 50.000 seguidores en Instagram pasará a 17 millones al terminar la primera fase. En el Mundial de los precios dinámicos y disparados, hasta 30.000 dólares, casi todos los estadios están llenos, también el de Seattle para el Bélgica 1-Egipto 1. Uruguay prueba con 47 centros, pero le alcanza para un empate con Arabia Saudita. Estados Unidos no deja dormir ni entrenarse en su territorio a Irán, país con el que está en guerra, y la FIFA lo permite: los iraníes viajan desde Tijuana hasta Los Ángeles, donde empatan 2-2 con Nueva Zelanda.

El 16 de junio debería ser declarado el Día Mundial de los Goleadores: dos de Kylian Mbappé en el Francia 3-Senegal 1, dos de Erling Haaland en el Noruega 4-Irak 1 y tres de Lionel Messi en el Argentina 3-Argelia 0. “Es por una cuestión ajena a lo deportivo, pasé unos días difíciles”, explica sus lágrimas Messi, que iguala a Miroslav Klose como el máximo goleador de los Mundiales y, en tren de multiplicar récords, se convierte en el primer futbolista en jugar seis Copas del Mundo. En la efeméride del día se cuela un Austria 3-Jordania 1.

La África subsahariana aparece en escena: República Democrática del Congo incomoda a Portugal. Harry Kane se suma al Mundial de los grandes: dos goles para el 4-2 a Croacia. Ghana invoca a los espíritus —o un hincha vestido de chamán sopla un polvo blanco en las tribunas— y le gana en el minuto 95 a Panamá. Un Azteca pintado de amarillo se rinde ante Luis Díaz, desequilibrante en el 3-1 de Colombia contra Uzbekistán.

No solo el norte y el centro del continente: Sudáfrica, con seis jugadores del Mamelodi Sundowns y dos del Orlando Pirates, le arruina el triunfo a Chequia: 1-1. Atentos a este nombre: el suizo Johan Manzambi, 20 años, sangre angoleña y congoleña, ingresa 20 minutos con Bosnia y convierte dos goles. Canadá consigue su primer triunfo en su octavo partido en los Mundiales con un 6-0 a Qatar —y un triplete de Jonathan David—, pero la imagen es de dolor: Ismaël Koné se fractura la tibia y el peroné. El Mundial se juega en Estados Unidos, pero se vive en México, que le gana 1-0 a Corea del Sur, se clasifica a dieciseisavos de final y millones, con el pato Merlín, salen a las calles.

Estados Unidos demuestra que es cada vez menos soccer y cada vez más fútbol: 2-0 a Australia. En las tribunas gana Escocia, pero en la cancha, Marruecos: 1-0. Vinicius y el gol, capítulo 2: Brasil 3-Haití 0. Miguel Almirón se tapa la boca para decirle algo —¿en español, en guaraní, en inglés?— a un turco que acude a las nuevas reglas de la FIFA y pide la intervención del VAR: tarjeta roja al paraguayo. Los reyes de Países Bajos, Guillermo y Máxima, hacen un 2x1 con mil kilómetros de distancia y cinco horas de diferencia: primero se visten con la bufanda naranja de los neerlandeses en el 5-1 a Suecia y luego con la camiseta azul de Curazao —un país autónomo dependiente del reino— en el 0-0 con Ecuador. Es el torneo de los superhéroes, pero Eloy Room, de Curazao, destapa otro récord: ataja 15 remates en 90 minutos, como ningún arquero había conseguido en ese lapso desde que se computan estadísticas, en 1966. En otro partido, otro suplente prolífico: a Deniz Undav le bastan 30 minutos para convertir los dos goles de Alemania en su 2-1 ante Costa de Marfil. Japón pide que lo tomen en serio: 4-0 a Túnez.

Con banderas de Marruecos y Guinea en sus botas en honor a las nacionalidades de sus padres, Lamine Yamal —por primera vez como titular— es un chico de 18 años que se presenta a lo grande: España 4-Arabia Saudita 0. El arquero iraní, Alireza Beiranvand, hace la atajada del Mundial: tirado en el piso, con un brazo, retiene un remate a quemarropa de Maxim De Cuyper. Cabo Verde vuelve a sorprender a un campeón del mundo: 2-2 a Uruguay. Egipto le gana a Nueva Zelanda con un gol de su faraón, Mohamed Salah, y otros dos de futbolistas con apodos que homenajean a dos viejos héroes de Mundiales, el brasileño Zico y el francoargentino David Trezeguet.

A 40 años del Maradona 2-Inglaterra 1, los récords ven a Messi y se asustan, salen corriendo: a dos días de cumplir 39 años, el argentino le hace dos goles a Austria, deja atrás a Klose y se convierte, con 19 tantos, en el máximo goleador de los Mundiales. Mbappé, sin embargo, no desaparece de su espejo retrovisor: también le hace dos a Irak en un partido en el que una tormenta eléctrica demora dos horas el entretiempo. Haaland quiere recuperar el tiempo perdido en los Mundiales y también convierte por duplicado a Senegal. Argelia no está para récords, sino para ganarse el pan del día: 2-1 a Jordania.

A la fiesta, al fin, se suma Cristiano Ronaldo: anota por dos en el 5-0 de Portugal a Uzbekistán y tiene su propio récord, el de único jugador en convertir en seis Mundiales diferentes. Le preguntan lo que le preguntaría cualquiera, por Messi, y reacciona como solo reaccionaría CR7: no responde. En Inglaterra-Ghana no hay goles, pero sí gestos: 1) el inglés Djed Spence evita darle la mano al ghanés Thomas Partey, acusado de violación; 2) Jude Bellingham se tapa la boca para hablar con Jordan Ayew pero, a diferencia de Almirón, el VAR interpreta “una conversación amistosa”; y 3) a Bellingham le dan el premio al mejor jugador del partido, pero dice que lo merece un ghanés. Los croatas superan 1-0 a Panamá y levantan en andas a Luka Modric, que festeja 200 partidos para su selección. Colombia le gana 1-0 a República Democrática del Congo y el hincha que se disfraza de Patrice Lumumba en las tribunas se gana a todos: es el simpatizante del Mundial.

Empiezan los días con seis partidos: sobredosis total de fútbol. Suiza le arruina el primer puesto a Canadá, un local herbívoro. Bosnia le gana 3-1 a Qatar y es el primer equipo en asegurarse uno de los ocho lugares de la tabla maldita: la de los mejores terceros. Una vidente anuncia el desembarco de ovnis en el Brasil-Escocia pero Ancelotti al fin les da minutos a Neymar y Endrick. Vinicius y el gol, capítulo 3. Haití convierte un gol en los Mundiales después de 52 años, pero pierde en la cancha con Marruecos y en la Corte Suprema de Estados Unidos, que abre la puerta a la deportación de 350.000 haitianos. México le hace tres a los checos, se pregunta “¿Y si sí?” y Javier Aguirre le anuncia a Guillermo Ochoa “Vas a jugar”. “Gracias güey”, le responde el arquero en su sexto Mundial. “No, te lo mereces”, cierra el técnico. Memo vuela en el Azteca.

Con el arbitraje de la estadounidense Tori Penso y un gol de Gonzalo Plata, Ecuador consigue un triunfo de oro: 2-1 a Alemania. En la pantalla del estadio de Nueva Jersey anuncian un récord de asistencia en las tribunas: 3.605.357 espectadores, el Mundial con más espectadores de la historia. Costa de Marfil devuelve a la realidad a Curazao: 2-0. México también hace historia por sus mujeres: la árbitra -y politóloga- Katia Itzel García dirige Países Bajos 3-Túnez 1. La tabla de las terceros multiplica las especulaciones: Japón 1-Suecia 1 y Paraguay 0-Australia 0. Turquía, víctima de otra de las novedades del Mundial, el desempate olímpico, se despide con un triunfo inútil: 3-2 a Estados Unidos.

Minuto de silencio por las víctimas del terremoto en Venezuela. A Francia se le caen los goles del bolsillo también contra Noruega, que guarda a Haaland: Ousmane Dembélé revalida su Balón de Oro y anota un triplete. Senegal le convierte cinco a Irak y la envía al último lugar de la tabla: 48 de 48. España juega contra un arbitraje permisivo y una Uruguay con el cuchillo entre los dientes y las manos de manteca de Fernando Muslera. El 1-0 despide a la Celeste de Marcelo Bielsa, que había empezado el Mundial desviando la mirada y lo termina enfadado con un productor: “Dale, empezá”. Cabo Verde multiplica sus milagros y pasa a los dieciseisavos con su tercer empate seguido, esta vez contra una Arabia Saudita que tendrá dinero, pero le falta una selección: se despide sin ganar un solo partido. Al final del 1 a 1 con Egipto, que Seattle proclamó como el partido del orgullo LGTBIQ+, el capitán de Irán, Mehdi Taremi, explota contra la FIFA y de Estados Unidos: “Es una Copa del Mundo desastrosa. Tenemos que luchar contra todo. No podemos quedarnos en el país, viajamos y nos sometemos a controles migratorios. Han hecho todo lo posible para eliminarnos. Nos quieren afuera”.

Croacia juega a las escondidas: parece que nunca está pero siempre está y le gana 2-1 a Ghana. Kane y Bellingham no despejan la incógnita inglesa ante Panamá. En Miami, el VAR detecta la uña del pie de Dávinson Sánchez y le impide el triunfo a Colombia sobre Portugal en el partido con más pedidos de boletos de la primera ronda. RD Congo, sin Lumumba -acaso porque no puede entrar a Estados Unidos-, despide a Uzbekistán y sigue en carrera. Messi entra a falta de media hora contra Jordania y convierte otro gol como quien dice se despierta, bosteza y dice buenos días. Argelia y Austria mezclan especulación, grandeza, goles, pacto de no agresión, venganza, supuesta traición y milagro: un 3 a 3 que, además de darle el octavo pasaporte a los africanos a los dieciseisavos de final, también le provoca el último golpe a Irán en el cierre de la primera rueda del Mundial más hiperbólico. Pasó de todo, pero todo está por pasar.

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