“El golazo de Míchel” que terminó en tragedia
España juega en Guadalajara, a 26 kilómetros del estadio de Jalisco. 40 años después de aquella volea de Míchel contra Brasil que entró, pero que Bambridge no concedió.
Era 1 de junio de 1986 y el estadio no era el de Akron donde se cierra la fase grupal ante Uruguay, sino el de Jalisco. 26 kilómetros que separan el presente del pasado. España debutaba contra la Brasil de Sócrates, Careca o Zico. Y con 0-0, Míchel engatilló un derechazo desde la frontal en el 52′. Tras tocar el larguero, el balón botó dentro con violencia y salió despedido. Chris Bambridge, colegiado australiano, no lo vio. Tampoco su asistente. Lo vieron todos, incluso la televisión brasileña que hizo una reconstrucción donde determinaba que había entrado por más de 20 centímetros, pero ellos no. “Fue un golazo”, como reconoció Zico tiempo después, pero no fue gol.
Miguel Muñoz enloqueció, también los futbolistas, pero no hubo solución. Según recoge los archivos de El País de la época, los futbolistas acusaron a Bambridge y al presidente de al FIFA, el brasileño João Havelange, que estaba en la grada, de haber manipulado el resultado. Minutos después, en posición dudosa, Sócrates hizo el único tanto del encuentro (1-0). Ese sí lo concedió. Pero si el gol hubiera subido al marcador, uno que Míchel prefiere no recordar por estar más en el memorando colectivo que muchos que sí marcó, la historia podría haber cambiado. Desgraciadamente, no lo hizo.
“Se le dio mucha más importancia con el paso del tiempo. Era una fase del Mundial en la que estábamos jugando muy bien, haberle ganado a Brasil tal y como estaba la Selección hubiese supuesto haber ido por otra vía a los cuartos de final y semifinales. Creo que (el linier) no se atrevió a darlo por válido, pero la jugada estaba clara desde su posición. De hecho, Víctor (Muñoz), que había sacado el córner, vio como la pelota había entrado”, lamentó el protagonista en charla con la RFEF en 2014.
Amenazas, “un par más de amarillas”...
¿Y el otro protagonista? Bambridge lo pasó mal. Como explica en una entrevista en Relevo, él no sufrió amenazas, pero su mujer y su hija, que estaban en Australia, sí. Un trago doloroso después de un error difícil de explicar, pero humano. Y que no le supuso castigo o reprimenda por parte de la FIFA, al contrario: “Sus únicos comentarios postpartido fueron que probablemente tendría que haber mostrado un par de amarillas más a los jugadores españoles por protestar demasiado y que yo no tendría que haberme echado atrás por sus protestas sino que tendría que haberme mantenido firme en mi sitio".
Tras la tragedia llegó la resurrección. La de un grupo que superó a Irlanda del Norte y Argelia, para acabar segundo. Que trituró en una oda al fútbol a Dinamarca en octavos. Ese 5-1 donde Butragueño se puso Puebla por montera. Y que terminaría estrellándose en esa tanda fatídica contra Bélgica en una ronda, los cuartos de final, que siguió siendo maldita hasta que en 2010 todo cambió. El Mundial del 86 fue el Mundial de la tortura por la temperatura y la altura, de la decepción después de la redención. Pero, por encima de todo, es el del ‘gol de Míchel’. El “golazo” que se lamentó.


