Dos estilos

Marcelo Bielsa diseñó para Uruguay un 1-4-1-4-1 con marcas individuales al hombre, prácticamente a modo de espejo de España.

José González
As
En la previa del partido Uruguay-España, con dos selecciones de tanto peso y nivel competitivo, es natural que las expectativas se disparen. Un partidazo en toda regla, como pensaría cualquier aficionado que busca buen fútbol. Dos equipos con tradición, con identidad muy marcada y con países donde el fútbol no es sólo deporte, sino parte central de su cultura y su forma de entender la vida. Hasta ahí, todo encaja en lo esperable.

Pero empieza a moverse el balón y vemos que las razonables expectativas generadas se van desvaneciendo ante un espectáculo que no cumple con lo esperado. Es el poder de la táctica. ¿Culpable? Marcelo Bielsa. Busca resultado, no brillantez en el juego. Consiguió que un equipo grande, campeón del mundo, aceptase trabajar como uno pequeño y lograse que las señas de identidad de los de Luis de la Fuente quedasen, por muchos momentos, ausentes. Todo el mérito es atribuible al míster argentino y sus jugadores.

La velocidad en la circulación del balón, la fluidez en las combinaciones y la constante intención de atacar verticalmente al rival son señas de identidad de un estilo exitoso sobre el que construimos nuestra forma de competir. Sin embargo, no fuimos capaces de trasladarlo al campo. Voy a intentar explicar de forma breve y sencilla lo que logramos hacer con asiduidad y que en el partido no logramos desarrollar.

Habitualmente, en cada análisis post partido, alabamos la tremenda calidad que el equipo atesora en el inicio del juego con Cubarsi, Laporte, Rodri y Pedri. Son futbolistas maestros en esa fase y capaces de interpretar los movimientos en función de la presión, del número y del posicionamiento rival, pero que, por lo general suelen imponerse con éxito en ese contexto. Ese primer pase vertical suele encontrar hasta cinco destinatarios a espaldas de la línea de medios rival: Yamal, Merino, Oyarzabal, Baena y Cucurella.

Dos estilosOjo con las faltas en contra que hay jugadores que arrancan antes que otros y puede ser un punto débil.

Sin embargo, Bielsa, que algo sabe de esto, diseñó un 1-4-1-4-1 con marcas individuales al hombre, prácticamente a modo de espejo. Me explico; lateral con extremo, extremo con lateral…. Y duelos individuales en el medio con Valverde-Pedri, Betancur-Rodri y Ugarte-Merino…. Cada uno emparejado a su par directo a excepción de Darwin Nuñez, vigilado por Cubarsi y Laporte, y Oyarzabal, que recibía la atención de sus dos centrales. Este tipo de disposición es habitual si los movimientos de esa defensa fuesen según la posición del balón, basculando de manera zonal.

Sin embargo, ayer, por decisión de Bielsa, el planteamiento fue claramente al hombre, con un nivel de sacrificio enorme tanto físico como mental por parte de sus futbolistas. Y si bien es cierto que acabaron derrotados en el partido, lo hicieron a raíz de una jugada desgraciada de su portero. Si la Selección española no fue reconocible en muchos momentos, fue más por el mérito charrúa que por demérito del conjunto español.

Dos estilosMovimiento de Baena hacia el espacio y pase vertical a Oyarzabal.

La consecuencia de ello fue clara: los pases de nuestros organizadores en la línea defensiva encontraban a sus destinatarios habituales, pero ahora con un marcaje muy próximo y agresivo. El resultado fue una pérdida constante de balón y, en consecuencia, la ausencia de fluidez en la circulación.

No tuvimos ni sensaciones ni frescura. No podríamos destacar a nadie a nivel individual por brillantez, a excepción de Baena, que fue quien más apareció en el juego ofensivo y además logró marcar. Pero el fútbol son resultados, y no siempre se logran por la vía habitual, la diseñada. Adaptarse a escenarios más incómodos es una virtud que debíamos mostrar en Guadalajara y así se hizo.

Dos estilosMovimiento de Baena para lograr un gol de la nada. Rodeado de 3 más portero y consigue marcar.

También es justo destacar la sobriedad defensiva del equipo. Demasiado a menudo se está obviando, quizá de manera injusta, el trabajo de los defensores partido tras partido. Habitualmente se ponen en valor sus aportaciones ofensivas, pero futbolistas como Llorente, Porro, Cubarsí, Laporte, Cucurella y Unai Simón han sostenido al equipo en un torneo de este nivel, algo nada habitual. De hecho, en todos los partidos disputados hasta la fecha, el guardameta apenas ha tenido que intervenir. Y conviene subrayarlo, ya que siempre aparecen en las ingratas imágenes de los goles encajados. Es un sesgo habitual del aficionado, amigo de mirar siempre hacia la portería contraria y olvidar el buen hacer en la propia.

En resumen, fue un partido complicado que se logró sacar adelante en un contexto especial, ante un rival más intenso que brillante, que llevó el encuentro al límite de la dureza. Esa permisividad del árbitro, al confundir intensidad con un juego excesivamente agresivo, estuvo cerca de provocar un problema serio, tanto por posibles lesiones como por sanciones derivadas de las lógicas protestas de los jugadores españoles. Ahora, España es un seleccionado grande, situado entre los llamados favoritos. Y su perdurabilidad en el tiempo dependerá de cómo se adapte a diferentes nuevos escenarios. De momento lo hace y aprende. Saquemos esa lectura positiva.

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