De bombas a trolas electorales
Los candidatos a las elecciones ya están soltando posibles fichajes para persuadir al socio. Siempre fue así. Otra cosa es que luego las promesas sean verdad… Mendoza, Sanz, Baldasano y compañía tenían sus trucos.
La historia del Real Madrid y sus comicios ha quedado marcada para los restos por la sorpresa de Florentino Pérez con Figo en el año 2000 con el objetivo de tumbar a Lorenzo Sanz aferrado también al voto por correo. Una estrategia, la de dar bombazos, que originó en su día Gil con el mejor Futre del Oporto: le fletó un jet privado a Madrid y apareció de su mano en una discoteca horas antes de la votación (la última en la historia del club) en la que arrasó. Pero de los portugueses ya se ha escrito muchísimo. Igual que de los grandes nombres que se airearon siempre: Mendoza fue en 1991 a por Prosinecki, Maturana, Quique Sánchez Flores, Pancev, Buchwald, Belodedici… Ussía, a por Thomas, Alkorta, Kulkov, Polster. Y ahí está el circo, entre la subasta y la tómbola, de 2006: Calderón apostó por Kaká, Cesc y Robben; Sanz por Gago, Zambrotta, Emerson, Carrick y Ribery; Villar Mir por Ancelotti (al que llegó a hacer firmar un precontrato), Cristiano, Cannavaro, Carvalho, Trezeguet e Ibrahimovic; Baldasano por Rooney, Joaquín, Reyes y Diarrá; y Juan Palacios sumaba a Iniesta y Pablo Ibáñez.
Pero hay otras intrahistorias olvidadas y mucho menos manidas que, no siendo tan decisivas, son tan curiosas que conviene recordarlas. Quién sabe si dentro de un par de décadas estas líneas pueden ser ampliadas con los planes actuales del candidato Florentino Pérez de abrazarse de nuevo en 2026 a Mourinho o de fichar a Konaté y Dumfries ante el atasco en la delantera. O incluso con una referencia a que hubo un aspirante como Enrique Riquelme que llevaba como estandartes de proyecto a Raúl, Hierro, Rodrigo y Haaland.
01/06/2026 Florentino Pérez Acto campaña electoral ToledoJavier GandulLas detonaciones han sido tantas y tan desproporcionadas que, a veces, los desmentidos se acumulaban regateando cualquier respeto a la lógica y a la razón. Un ejemplo: hubo un candidato tan valiente en 2004 como Lorenzo Sanz que, a la desesperada, se puso a dar tantos nombres presuntamente atados que no reparó en que, en aquellos tiempos, sólo podían ficharse a tres extracomunitarios. Prometió tantos fichajes a los socios (Baros, Rosicky, Etoo, incluso Ronaldinho…) que, al final, de haber cumplido su palabra tendría que haber echado a Samuel o peor, al mismísimo Ronaldo, para hacerles hueco. Otro, como Arturo Baldasano, estalló al no tener cabida en algunos debates radiofónicos (“invito a quien interesa a los oyentes” explicó De la Morena en la SER), así que elevó el tono en una entrevista en Sky Sports ese mismo día para ir a la contra. Ya que no disponía de recursos para fichar, contraprogramó con posibles ventas. “Traspasaré a Beckham si así me lo pide José Antonio Camacho”.
La velada de Milán
Pero la mayor de las estrategias la obró Ramón Mendoza, que tenía cierto don de actor con esas gabardinas de gánster y esos aires (decían) de la KGB. Agobiado por el empoderamiento del Barça de Cruyff tras la Quinta, por la oposición que ya le iba mostrando el escritor Alfonso Ussía (y más tarde Florentino Pérez) y por el hecho de que se estaba llevando un susto en la recaudación de firmas, tiró de populismo. Así, deslizó que tenía fichado a medio Milán. Un día a Sacchi, el arquitecto de aquel súper equipo. Otro día a Gullit, pese a que el holandés negó todo una y otra vez. Y hasta hizo ver que habló con Rijkaard y hasta Donadoni. No tuvo reparos en viajar a Milán, filtrando cada paso, claro, y citarse con Berlusconi. Y, ya pillados, hacerse el interesante para no dar el cante y dejar claro que todo son cosas de la prensa... “He ido a comer un plato de spaguetti con mi amigo Silvio. Claro que hemos hablado de muchos temas, pero se queda ahí…”. Mendoza sacó de aquella velada un compromiso verbal. Pero no para poder fichar a ninguna estrella del Milán. Sino para que el club italiano no desmintiera al candidato del Madrid a la hora de dejar caer ciertos nombres en sus comparecencias públicas. No era poco.
Berlusconi durante una comida junto a Ramón Mendoza, presidente del Real Madrid entre 1985 y 1995.Ussía, agrandado por las primarias, y endurecido por tener a los ultras en contra y a Luis de Carlos a favor, no quiso ser menos en su respuesta a esta ofensiva. Se dejó ver en el Hotel Negresco de Niza con su hipotético vicepresidente, Juan Guerrero, para reunirse con Boskov mientras éste a la vez negociaba su renovación con la Sampdoria. Allí, se supone, que “hablaron supuestamente de un proyecto deportivo con Van Basten y Matthäus” reconocen algunos de los periodistas que cubrieron aquel encuentro en principio clandestino. A una mayoría de madridistas aquello le sonaba a bilbainada. Pero generó su expectación. Así que como el candidato vio que el invento funcionaba y le hacía subir en las encuestas, fue tirando de más pactos con Bilardo, Schuster, Gascoigne, Luis Enrique, Lasa, Polster…
Los nombres siempre han sido importantes en semanas como éstas. Imaginen cómo fluctuaba el equilibro de fuerzas con estos anuncios viendo ahora cómo ha caído por ejemplo el nombre de Raúl. Independientemente de qué sea de ellos una vez hecho el escrutinio. En las elecciones de 1995, más que los fichajes, fueron más determinantes las salidas que debían producirse tras las cuatro Ligas seguidas del Barça —y las dos derrotas de Tenerife — y la remodelación de la Ciudad Deportiva. El club estaba en banca rota. Calderón es, de todos, el que mejor partido le sacó a lo de jugar a los cromos. De hecho, ganó las últimas elecciones celebradas en el Madrid (2006) con una propuesta (Kaká, Robben y Cesc) de la que sólo cumplió un tercio sin que nadie se lo reprochara. Con Divac, por ejemplo. no le importó dar el cante con un fichaje galáctico ausente que dejó a Melchor Miralles solo al frente de la nave del basket: “Literalmente, yo no hago nada en el Real Madrid. Sólo sirvo como parte de la nueva imagen del club. Acepté la oferta porque me lo pidió Pedja Mijatovic”, dijo la estrella de la NBA al renunciar tras tres meses de no hacer no sé sabe muy bien qué. Al menos le queda el consuelo a Calderón de repetir en reiteradas ocasiones que él fue quien ató a Cristiano, aunque lo presentará después Florentino Pérez.
La Gestora y los culpables
Entre dos aguas, aunque siempre más cerca al candidato recientemente dimitido que del aspirante, está la función de la Junta Gestora. En el 2000, en plena campaña, maniobró en el mercado de fichajes ante las continuas denuncias de Florentino Pérez, a la postre ganador, en el CSD. Por estas quejas, dicen, se cayó el fichaje de Robert Pires que ya estaba más que pactado. El extremo francés no quiso esperar al final de las elecciones para rubricar su contrato, así que rompió el acuerdo de caballeros y se fue al Arsenal, donde se convirtió en toda una leyenda. Sanz acusó a su adversario de torpedear todo y, una vez más, de “antimadridista”. Eso sí, la Gestora actuó con rapidez y cerró el fichaje de Munitis, al que pretendían el Deportivo y el Inter, y le firmó un contrato de cinco años por 10.000 millones de pesetas.

El show nunca tiene fin. E igual todo esto no se hubiera ido de madre si en 1926 no se hubieran aprobado los primeros fichajes de profesionales en el Real Madrid con Luis de Urquijo en la presidencia. Con lo tranquilo que estaba todo con plantillas integradas por los mejores chicos locales... Miguelón y José Mari Pena, contrataciones de campanillas aquella temporada, tienen la culpa de todo. Y seguramente tampoco habría este baile actual de estrellas rimbombantes si Lorenzo Sanz no hubiera salido en todos los telediarios cuando, desvelado el nombre de Figo y su desmentido histórico en el Sport, quiso humillar a Florentino Pérez mientras el atacaba con Tristán: “Ahora que anuncie a Claudia Schiffer…”.
En definitiva, todo aspirante a presidente quiere ganarse al socio en busca del triunfo en las elecciones, poner una pica en Flandes y sonrojar a su oponente. Florentino y Riquelme lo hacen ahora. Las hemerotecas son las únicas que están ahí para retratarles. Pero, afortunadamente para ellos y desgraciadamente para nosotros, se visitan demasiado poco y se digitalizan tarde y mal.


