Brasil 1 - Marruecos 1 / Un genio y un candidato

Reparto de puntos en el debut de Brasil en el Mundial. Marruecos, de más a menos, se conformó con el empate tras el golazo de Vinicius.

Eduardo Burgos Rodríguez
As
Vinicius salva los muebles en el debut de Brasil con una genialidad. La Canarinha, de menos a más, desperdició la primera parte y avivó el debate del medio. Brahim se destacó con la asistencia del primero, pero fue sustituido de manera sorprendente en el segundo tiempo. Ancelotti tiene mucho trabajo por delante y poco tiempo para reaccionar.

El MetLife se tiñó de amarillo para ver a la penta debutar a la penta en su competición fetiche. Ancelotti se guardó hasta el último minuto las grandes sorpresas. Apostó por Ibañez y Douglas Santos, en la teoría unos laterales físicos, con mejor capacidad de resiliencia y con un presente mejor que Danilo y Alex Sandro, respectivamente. Arriba, Igor Thiago se ganó el puesto de nueve a base de trabajo durante las últimas semanas, en demérito de Matheus Cunha, hasta ahora intocable para el italiano. Tres cambios, tres razones para soñar.

Un ‘Canario’ con el ala rota

Pero Brasil pecó en exceso de confianza. Pecó en creerse superior y creer que los nombres podían sobre el equipo, a pesar de las advertencias de Ancelotti en la previa del partido. El doble pivote formado por Casemiro y Bruno Guimarães sucumbió a la sobrepoblación de Ouhabi en el centro del campo. No podían salir con la pelota y, para más inri, la mala fortuna se propasó con Paquetá. Suyo era el papel para jugar entre líneas y descargar para los extremos, donde esperaban Vini y Raphinha. Ni lo uno ni lo otro. Errático, fallón y, para más inri, poniendo en peligro constante a los suyos.

No fue un buen inicio. Para nada. Casi una pesadilla. Todo lo que podía salir mal lo hizo. Marruecos lanzó el primer aviso con una gran jugada de Mazroui en los primeros compases, que Bruno Guimarães despejó casi bajo palos. Fueron unos primeros diez minutos donde la Canarinha pareció más una doncella que una favorita. Amagó Vini al cuarto de hora con la reacción, pero Igor Thiago no pudo rematar su centro al primer palo.

Un genio y un candidato(Photo by Kevin C. Cox / GETTY IMAGES NORTH AMERICA / Getty Images via AFP)KEVIN C. COX

Un espejismo. Los Leones estaban de caza en un safari con el cartel de ‘bufé libre’. Pasado el cuarto de hora llegó el gran golpe. Brahim, con un pase digno de museo, colgó la asistencia con una pelota a la espalda de Gabriel para que Saibiri, ya ganada la posición a Marquinhos, solo tuviera que picar el gol por encima de Alisson.

Desde la banda, Ancelotti solo podía negar con la cabeza, cabizbajo y pensativo. El cooling break fue el punto de inflexión. Borrón y cuenta nueva. El sistema cambió, dando más consistencia al medio, y con él también el partido. A minutos del descanso, Bruno Guimarães sirvió un pase entre líneas, sorprendiendo a la zaga africana, para dejar a Vinicius en su zona de comfort, se quitó de en medio a El Aynaoui para sacarse de la chistera un zapatazo imparable para Bono. “Aquí estoy yo“, gritaba a la grada en su celebración.

Pacto de no agresión

El descanso liberó tensiones. Volvió una Brasil más ofensiva. Despierta y lúcida para dar guerra, como siempre se esperó. Ancelotti decidió no jugársela y quitó a Casemiro e Ibañez, amonestados, para dar espacio a Fabinho y Danilo, respectivamente. Mejoró el juego colectivo y las ocasiones. Por poco estuvo Igor Thiago de dar la campanada, pero Bono estuvo ágil para evitar la remontada. Fue su última gran ocasión antes de salir sustituido por Cunha.

Un genio y un candidatoIMAGN IMAGES via Reuters/Vincent CarchiettaVINCENT CARCHIETTA

Con ese movimiento, Raphinha pasó a actuar de atacante puro para aprovechar su velocidad y presión al rival. Tiene un don y Carletto quiso explotarlo. Hasta en dos ocasiones estuvo a punto de rozar la remachada: primero, a pase tenso de Bruno Guimarães al corazón del área al que no llegó y, posteriormente pasado el ecuador del segundo acto, a centro de Vini al primer toque para el remate a las manos de Bono. Carlo dio con la tecla; el gol no. Se resistió. Brahim dio el susto a Marruecos, cambiado de forma sorprendente pasado el 80′ en el luminoso.

Se pactó el empate con un apretón de manos imaginario. Brasil polarizó el peligro en los últimos compases del partido con grandes oportunidades de Cunha y Danilo Santos. Tocó agua. Alisson salvó los muebles a dos minutos del final con una mano portentosa sobre . El Mundial es largo y qué mejor manera que pasar el partido más duro de la fase de grupos que con una victoria moral. Ancelotti tiene ahora una semana para preparar el partido contra Haití. Marruecos, por su parte, se verá las caras ante Escocia, la tapada del grupo.

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