Belfast intenta recuperar la normalidad tras dos noches de violentas protestas anti inmigración
La tensión creció cuando un inmigrante sudanés atacó con un cuchillo a Stephen Ogilvie, un hombre de 44 años que vive en la ciudad, durante la noche del lunes
Infobae
Belfast trata de reparar contra reloj los estragos de dos días de protestas en sus calles. Los vecinos enfrentaron una jornada marcada por el fuego y los destrozos, mientras cuadrillas municipales revisaron casas y vías públicas en busca de daños no visibles tras los disturbios. La tensión aumentó después de que Stephen Ogilvie, residente local de 44 años, sufrió un ataque a cuchillazos atribuido a un inmigrante sudanés la noche del lunes, hecho que avivó protestas anti inmigración y desencadenó una ola de violencia en barrios unionistas del este de la capital norirlandesa.
En Belfast, las autoridades municipales inspeccionaron viviendas y calles tras dos noches de disturbios que dejaron 12 policías heridos y dieciséis personas detenidas, mientras la Policía de Irlanda del Norte preparó refuerzos ante una posible tercera noche de protestas.
En la avenida principal de Newtownards y sus calles adyacentes, los rastros de los enfrentamientos seguían visibles durante la mañana. Carcasas de vehículos calcinados, marcas negras sobre el asfalto y fachadas chamuscadas dan cuenta de dos noches de disturbios. Las autoridades municipales instalaron equipos para revisar los sistemas de gas, ante el temor de escapes y riesgos adicionales. La labor avanzó mientras algunos residentes repararon puertas destrozadas y ventanas cubiertas con tablones, en un clima de calma frágil y expectante.
El ataque contra Ogilvie quedó grabado con un teléfono móvil y circuló con rapidez en redes sociales, lo que multiplicó la tensión y el temor en la ciudad. Las imágenes difundidas de manera viral reactivaron el recuerdo de episodios de violencia que Belfast no vivía desde las décadas de los setenta y ochenta.

Al mismo tiempo, la policía advirtió sobre la circulación de “listas negras” en internet, con direcciones y datos de contacto de vecinos, que convertían a ciertas viviendas en objetivos de ataques selectivos.
La familia de Ogilvie informó, a través de un político local, que el estado de la víctima mejoró y que los médicos esperaban que comenzara a salir del coma en las siguientes horas. Pese a la gravedad de las heridas, los allegados compartieron un mensaje de agradecimiento por el apoyo recibido y pidieron evitar el uso del ataque como justificación para más violencia o intimidación. También reclamaron el fin de la desinformación y las falsedades, y mencionaron el dolor causado por imágenes falsas generadas con inteligencia artificial.
Durante los disturbios, la presencia policial no disuadió a muchos de los manifestantes, vestidos de negro y con el rostro cubierto. El saldo incluyó enfrentamientos directos con fuerzas del orden, daños materiales en viviendas y vehículos, y la propagación de un clima de hostilidad que se extendió más allá de los barrios afectados.
Las labores de limpieza y reparación continúan a lo largo de la jornada, con trabajadores municipales y vecinos que intentan restablecer la normalidad en un escenario marcado por el miedo y la desconfianza. Belfast, que experimentó en el pasado un conflicto prolongado, afronta una nueva crisis social y política que reactivó heridas y pone a prueba la capacidad de sus instituciones y comunidad para superar episodios de violencia y división.


