Andreeva alcanza la gloria en la Chatrier
Con la española en el banquillo, la rusa de 19 años frustra el sueño de la polaca Chwalinska y gana su primer título de Grand Slam.
El triunfo tiene un significado especial para Conchita. Es el segundo Grand Slam que conquista como entrenadora, después de llevar a Garbiñe Muguruza, que estaba en la grada, al título de Wimbledon en 2017. Aquel mismo año, además, Anabel Medina formó parte del equipo técnico que condujo a la letona Jelena Ostapenko al éxito en París. Otro ejemplo del prestigio internacional del modelo de formación español.
Andreeva se convirtió en la cuarta campeona rusa de Roland Garros tras Anastasia Myskina (2004), Svetlana Kuznetsova (2009) y Maria Sharapova (2012 y 2014). Y lo hizo con mucho mérito. Desde el principio se percibió que había preparado el partido al detalle junto a Martínez. No le importó bajar al barro del tenis que proponía Chwalinska y, sobre todo, nunca perdió la paciencia. Supo convivir con el apoyo mayoritario del público a la no favorita y sortear las trampas que le planteaba la polaca con sus bolas altas y sus constantes dejadas de horroroso revés cortado a dos manos. Si había que defender, defendía. Si había que intercambiar pelotas altas o globos, también. Y cuando llegaba el momento de atacar, lo hacía con decisión.
Tras un primer set marcado por las alternancias y las roturas de servicio, el segundo fue mucho más cómodo para Andreeva. Un paseo que sufrió solo una breve interrupción cuando servía para cerrar el encuentro con 5-1. Finalmente, se convirtió en la campeona más joven de Roland Garros desde Monica Seles, que conquistó su tercer título consecutivo en París con 18 años en 1992.
La mejor de 2026
La victoria permite a Mirra situarse en el primer puesto de la Carrera hacia las WTA Finals. Es su sexto título y el tercero de 2026, después de los obtenidos en Adelaida y Linz, igualando en ese apartado a Aryna Sabalenka. También lidera el circuito esta temporada en número de victorias (36) y concluye la gira de tierra batida con el mejor balance (22-3). Francia, su segunda casa (vive en Cannes), le sienta especialmente bien. Y si mantiene esta progresión, parece destinada a marcar una época.
“Eres una oponente muy complicada. No querría jugar contra ti una vez más. Te deseo la mejor de las suertes para el resto de la temporada y espero que juguemos…. Ok está bien. Espero que juguemos muchas muchas más finales juntas en el futuro", le dijo Andreeva. “Mary (Pierce), no sé si darte las gracias porque ganaste a mi entrenadora en el 2000. Estoy de broma... Gracias a mi equipo. A veces puedo ser un hueso duro de roer. Es bastante difícil soportarme ciertos días. Muchas gracias por empujarme hasta mis límites. Gracias por hacerme trabajar incluso cuando no quiero trabajar. Gracias a Conchita especialmente por compartir su experiencia. Dándome tantos consejos”, añadió la ganadora. “Y gracias a mi padre y a mi madre, también a mi psicólogo por todos sus consejos y por trabajar conmigo durante un año y medio. Diré que no he trabajado mal, así que estoy contenta. También, lo último, quiero darme las gracias a mí misma (llevaba una sudadera con esa frase) por creer en mí, por dar siempre el cien por cien, aunque sea complicado, intentando ser mejor como persona y jugadora cada día, creyendo. Solo yo sé lo difícil que ha sido para mí y lo nerviosa que estaba. Gracias a mí misma por trabajar tan duro y darlo todo”, concluyó Andreeva.
“Ojalá hubierais visto un partido mejor, pero Mirra ha estado increíble, demasiado para mí; yo lo he intentado, lo siento. No olvidaré nunca estas tres semanas; París estará siempre en mi corazón. Intentaré dar lo mejor de mí para seguir”, expresó Chwalinska, que abandona la capital francesa con la vida cambiada. Ascenderá hasta el puesto 21 del ranking mundial, ocupará la 14ª posición en la Carrera y se llevará un premio de 1,4 millones de euros antes de impuestos. Aunque, paradójicamente, si Wimbledon no le concede una invitación, todavía tendrá que disputar la fase previa. Cosas del sistema.


