Alemania se autodesgasta

Lo de los alemanes autocomplicándose la vida va camino de convertirse en un clásico de los Mundiales.

José Carlos Menzel
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Lo de los alemanes autocomplicándose la vida va camino de convertirse en un clásico de los Mundiales. Todo comienza en 2018, cuatro años después de coronarse en Maracaná, cuando una foto de Özil y Gündogan con el presidente turco Erdogan hace temblar los cimientos de la Mannschaft. Que ambos futbolistas con raíces turcas posen junto a un líder político considerado autócrata en Alemania provoca un vendaval mediático que sacude al equipo antes del Mundial de Rusia y provoca lo inevitable: los de Löw tienen que hacer las maletas después de la fase de grupos.

Más de lo mismo en Qatar 2022, donde la tetracampeona del mundo decide abanderar la lucha a favor de los derechos humanos ante la situación en el país anfitrión. La federación decide echar un pulso a la FIFA ante la negativa de esta a poder jugar con un arcoíris en el brazalete, los jugadores empiezan a ser involucrados en el asunto y el jaleo eclipsa nuevamente todo objetivo deportivo. La catástrofe se repite: los de Flick, a casa en fase de grupos.

Se supone que ahora, en 2026, deberían haber aprendido la lección, pero los alemanes vuelven a jugar con fuego. Esta vez es un pique entre Nagelsmann, seleccionador actual, y Klopp, futuro seleccionador según algunos. El ex del Liverpool no solo opta por dejar a Musiala fuera de su once tipo, sino que dice también que Nagelsmann “todavía” es el encargado de hacer las alineaciones. Como si pronto ya no lo fuera. Carne para los medios ante el siguiente debut –por momentos­– dubitativo de su selección. Haría bien Alemania en centrarse en lo que proclama su himno con la primera palabra: unión.

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