Alemania aplasta a la Mandarina Mecánica

El debut de Curazao en un Mundial acabó en goleada, como era de esperar, aunque el gol de Comenencia que supuso el 1-1 pasará a la historia. Bien la Mannschaft.

Aritz Gabilondo
As
En algún punto del Caribe, en la isla diminuta que los holandeses colonizaron un día, en ese lugar donde los marineros enfermos iban a curarse -de ahí lo de Curazao-, los 150.000 habitantes más orgullosos del planeta explotaron cuando Comenencia batió a Neuer. Sí, Comenencia. Sí, a Neuer.

Un gol para la historia. Un momento que quedará marcado para siempre en los Mundiales. El tanto que la selección más pequeña en jugar nunca el torneo fue capaz de hacerle a la que más veces seguidas de Europa lleva disputándolo. Fue el 1-1 y duró lo que duró, pero Houston quedó en shock, igual que Alemania, igual que el resto del planeta. Aquello no era normal. La selección que solo compite desde 2011 fue capaz de sorprender a la que luce cuatro estrellas en el pecho.

A la vista del resultado final, quedó en anécdota para la resolución del grupo y para su incidencia en la clasificación. Pero el Mundial de 48 era esto. El Mundial de 48 permite mirarse a la cara a secciones legendarias y a países que nunca se hubieran imaginado entre las más grandes. Curazao ya está en el mapa futbolístico y en los anales de la mejor competición de clubes del planeta.

Como lo está Alemania, incluida esta de Nagelsmann que intenta despertar del letargo para volver a ser la que fue. En su intento por renovarse, mostró un doble pivote tan alejado de su cultura como cercano al fútbol actual. Pavlovic y Nmecha no solo juegan bien, sino que juegan en muchos sitios.

El centrocampista del Dortmund estuvo especialmente activo. El gol con el que abrió el marcado le define bien: aparición cerca del área, combinación con Wirtz y resolución de calidad al palo más alejado. Un golazo nada más comenzar.

Goleada

Dada la diferencia entre los dos equipos y el marcador tan tempranero, cualquier cosa que no fuera una goleada parecería una sorpresa. Así acabó, aunque no sin sobresaltos. El empate de Curazao, el tan celebrado gol de Comenencia, obligó a remangarse a la Mannschaft. Antes del descanso ya había arreglado el desaguisado, aunque para ello tuvo que recurrir al balón parado: primero Schlotterbeck, en un córner, y después Havertz, de penalti.

Faltaba por conocerse dónde situaría Alemania la diferencia de goles respecto a su rival. La cultura germana invita a machacar al rival si se puede, a respetarlo desde el aplastamiento, dándole al equipo pequeño la misma relevancia que como si enfrente estuviera un gigante.

Así actuó el cuadro de Nagelsmann, al que además le sobra talento como para destrozar a defensas débiles. Musiala logro el cuarto y Brown, una de las mejores noticias a los alemanes, el quinto. Los cambios alimentaron aún más el debate nacional que hay instalado en Alemania entre Klopp y Matthäus: la entrada de Undav, por el que apuesta el primero, marcó nada más entrar al campo.

Hubo más. Havertz se despidió con un doblete y en el ambiente sobrevoló la sensación de que con un poco más de tiempo se hubiera llegado al 10-1 histórico de Hungría a El Salvador. No se alcanzó y Curazao puede darse por satisfecho. En su debut mundialista, logró marcarle a Alemania. No todos pueden decirlo.

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