Villarreal - Atlético / Fiesta amarilla, sonrojo rojiblanco
La Cerámica vivió una fiesta durante y después para despedir a Parejo, Pedraza y Marcelino. El Submarino acaba 3º tras despedazar a un Atleti que no despidió a Griezmann como merecía.
Todos los que se despedían estaban en los onces. A pesar de las lesiones, los dos entrenadores armaban onces titulares. Sorprendía Simeone con la suplencia de Oblak. Curioso era cómo se ordenaba el Atleti, en una carta a su propio futuro más allá de que vistiera la segunda camiseta que llevará: Baena por dentro, ese Baena llamado a hacer de Grizi, pitado y ovacionado en la que fue su casa. Los de Marcelino ya entraron mejor. Con pelota, ocasiones y Pepé haciendo sendas por su banda. Suya sería la primera ocasión, fuera por un palmo. De Mikautadze la segunda, en un zigzag hasta Musso sin que ninguno de los rojiblancos vestidos de negro supiera cómo frenar. Honor para jugadores como Pubill, Llorente y Baena que, con el Mundial aquí, ahí estaban. Dejándose las últimas gotas de sudor en este largo curso en La Cerámica. Por el Atleti. De otros no puede decirse lo mismo. Ocasiones claras no tenían, eso sí, mientras Pepe en el área contraria seguiría siendo tortura. Hasta provocar que Parejo se despidiera bajo el sonido más bonito que hay en el fútbol. El del goool.
Fue de penalti, sino de Musso. A media salida se quedó mientras Pepe entraba en su área huracanado y le golpeaba. Porque eso pareció. Que pisaba y no era pisado aunque el árbitro decretara penalti. Parejo lo marcaba mientras el realizador buscaba en la tele el gesto de Oblak en el banco. Hay partidos que no juega y también bendicen sus guantes... El 1-0 fue el principio del baile. La Cerámica convertida en bañera. El Villarreal con el jabón, como si sus jugadores llevasen el PSG-Bayern tatuado en las piernas. Todo velocidad y eficacia en un solo un ir hacia delante. Para llenarlo de goles. Ahora le tocaría a Pedraza asomar.
Cuatro minutos después del 1-0 ganaba una carrera a Llorente para colarse por la izquierda y lanzar un centro raso que Hancko despejó horrible. El balón muerto lo cazó Ayoze para el 2-0. Y, enseguida, por otro agujero de la defensa gruyère rojiblanca colaría Marcelino otra contra: Ayoze la condujo y Mikautadze la remató. Tres goles en diez minutos y La Cerámica cantando olés que caían sobre Simeone y el último de Griezmann como estocadas. Pubill recortaba el marcador al cabecear un córner lanzado, precisamente, por Grizi. Pero Gueye volvería a ampliar la distancia antes del reposo. Mal despeje de Giuliano para otra internada centelleante de Pepé que le cedió la pelota para que lanzara un misil. Simeone bebía agua, ahogado.
Del descanso no volverían ni Giuliano ni Pubill ni Hancko. En su lugar, Sorloth, Puric y Ruggeri para que nada cambiase. Ayoze volvía a marcar con la zurda para completar la manita. El Atleti se descomponía en el último día de Griezmann. A Vargas le pasaba el partido por encima mientras Mouriño le enseñaba a Simeone que el bueno era él y no el desastroso Lenglet. La Cerámica se ponía en pie para despedir a Parejo y Pedraza mientras la fiesta de luego ya estaba en la hierba envuelta en esos olés. Final amargo para un Atleti que al final ni Neptuno ni, ni siquiera, el bronce. Final triste para ese Grizi que tan felices nos hizo. Como Parejo y Marcelino al Villarreal tantas tardes. Esta última. Nunca se había visto una derrota así del Atleti del Cholo, en efecto. Ay.


