Valencia - Atlético / Un juego de niños

Victoria de futuro del Atlético ante un pobre Valencia. Dos debutantes, Luque y Cubo, lo hicieron con gol. Partidazo de Nahuel.

Patricia Cazón
As
A Budapest se va por Londres y hacia allá solo mira este Atleti que, en su camino a la final de Champions, hizo un alto en Valencia. Partido en medio de esa batalla de las semifinales con el Arsenal que el Cholo encaró como últimamente todos los partidos del Atleti los fines de semana: con esa unidad B formada de meritorios y chavales en la que Julio y Boñar ya pueden considerarse veteranos. El Atleti de los niños de Torres que ayer le respondieron al Cholo. Con creces.

Un Atleti de futuro, no inmediato, pero sí futuro. E ilusionante. Por descansar lo hacía hasta Oblak: Musso era el capitán de todos, quizá el que menos partidos haya necesitado para portar ese brazalete. Enfrente este Valencia que busca sacar del todo la cabeza del infierno que le ronda cada temporada desde que se le dirige en Singapur. El once de Corberán era el esperado solo con un cambio: el de Guerra por la baja de Beltrán. Pepelu repetía como central y también su nueva pareja del gol, Ramazani-Sadiq, que esta vez jugó como desgajada. Ramazani compitió. De Sadiq no puede decirse lo mismo.

El partido mil de Simeone en los banquillos comenzó con el técnico observando cómo su rival tenía el control para nada. Si un equipo pisaba el área contraria con malicia era el suyo, el del Cholo, aunque su guerra sea otra e iniciara este duelo aguardando en su campo sin presión extenuante. Pero en cuanto Nahuel se puso a correr, el campo se inclinó hacia Dimitriesvski. El argentino lució pierna en Mestalla de extremo derecho. Vaya si lo hizo. Estuvo a punto de marcar el gol de esta Liga al descerrajar un trallazo desde 40 metros que se topó con la cruceta. Si el físico no le deja a Giuliano llegar a Londres, Simeone tiene sustituto. Sin obligaciones defensivas, muta en Maxi Rodríguez. Un todocampista total que se desconocía que habitase en su piel.

En ese momento, Dimitriesvski ya se había estrenado tras un pase profundo de Vargas a Nahuel que el argentino dejó pasar y Mendoza no resolvió bien mano a mano. Suma el mexicano siempre que juega, con físico para la presión y ojo para los espacios. No así Almada, que volvía tras su sanción tan intrascendente que el Atleti parecía tener uno menos. Toda la personalidad que demostraba Morcillo, o el propio Vargas, le sigue faltando al argentino con esta camiseta.

El Valencia era dientes de sierra. Alternaba achuchones rojiblancos con conatos de mando que duraban nada. Guerra estaba solo en esta batalla. Lanzaba pases con veneno sin encontrar compañero. La izquierda, coja. Rioja, sin finura. Sadiq, inoperante. Ramazani estampaba una pelota en la cepa del poste antes de que el murmullo en Mestalla se hiciera griterío como dedos señalando. A Corberán, a Singapur, a esos jugadores que este Atleti de futuro, y la cabeza en otro sitio, se estaba zampando, con Nahuel de estrella. Dimitriesvski había impedido que otro tirazo suyo acabase en la red.

El partido regresó con el Atleti en el área del Valencia, Nahuel al mando y Rayane sin tino. A la hora, después de que Rioja desperdiciara una contra clara al no pasarle la pelota a Ramazari, Corberán con sus cambios se lo llevaba al banquillo para introducir a otro punta (Duro) con Sadiq. Simeone, mientras, le daba la alternativa a otros dos chavales: Iker Luque y Cubo, los canteranos número 54 y 55 en debutar de su mano en el Atleti. Cuando el entrenador llegó al Atleti, allá por 2011, el último aún llevaba pañales, tres añitos tenía. Seis, el primero. Entre los dos le darían el golpe definitivo al partido. A Corberán. Y a Mestalla.

El primero lo hizo Luque, chico del que hablan maravillas quienes siguen al equipo de Torres y que, a los diez minutos de debutar, como Boñar en Sevilla, celebraba su primer gol con esta rojiblanca. Solo tuvo que combinar con Vargas en pico de la frontal para ponerle el lazo a una contra. Derechazo y red. Mestalla por un segundo había cambiado el reproche por la ovación, que Griezmann y Koke acababan de saltar al campo y son tan historia rojiblanca como del fútbol. Su descanso era jugando un rato. Si el Atleti alcanza la final de Budapest, el francés se irá con 500 partidos justos de rojiblanco. Un Mestalla que veía como los nervios, y la inoperancia, se había comido a los suyos. Tras la ovación, volvió el grito, “Peter vete ya”, como un deseo tan imposible como viajar en el tiempo. Y que el club no hubiera caído en esas manos.

De Grizi fue el pase para que se estrenara con gol el otro debutante, ese que quienes siguen al filial llaman Torres en potencia. Fue gol con suspense. Porque la posición del francés parece ilegal, la defensa del Valencia se para, Cubo por si acaso empala. Entonces el VAR llama: Grizi, OK. El Atleti de los jóvenes dejó de ser un caramelito en Mestalla, que deberá seguir remando para sacar cabeza. Luque rozó el 0-3 pero Dimitriesvki lo evitó antes de que debutara Puric, el 56. Y así terminó la parada en Valencia. A Londres se viaja mejor con el estómago lleno.

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