Una tormenta inesperada, 15 muertos y el sacrificio de un guía: así fue la noche más trágica en la historia del Everest

El suceso que conmocionó al mundo del montañismo puso a prueba la preparación, el liderazgo y la ética de los equipos en el Himalaya, dejando un legado de lecciones sobre supervivencia y responsabilidad

Infobae

El Monte Everest se eleva como la cumbre más alta del planeta, alcanzando los 8.848 metros sobre el nivel del mar en la frontera entre Nepal y China. Su silueta, imponente y reconocible, representa el límite superior de la Tierra y el objetivo máximo para quienes buscan superar sus propios límites en la montaña.


A lo largo de la historia, ha sido un desafío irresistible para alpinistas de todo el mundo. Las condiciones extremas, el clima impredecible y la falta de oxígeno en las alturas convierten cada expedición en una prueba de resistencia física y mental. Alcanzar la cima implica una combinación de preparación técnica, fortaleza psicológica y capacidad de adaptación frente a las adversidades. Más allá de las estadísticas y los récords, la montaña sigue simbolizando la búsqueda humana de superación y aventura.

Bajo este panorama, todos los 10 de mayo se recuerda aquella tragedia en la que 15 experimentados escaladores perdieron la vida en una tormenta que no estaba pronosticada.

Dentro de la tragedia del Everest de 1996

Aquella jornada de 1996, la montaña más alta del mundo se convirtió en escenario de una de las mayores tragedias del alpinismo. Cerca de 40 personas intentaban alcanzar y descender de la cima del Monte Everest cuando una tormenta, prevista originalmente para el día siguiente, se adelantó y desató el caos. La temporada de primavera de ese año terminó con 15 muertos, según narra Desnivel, medio especializado en la materia, lo que la convirtió en la peor noche de la historia de la famosa montaña.

La tempestad sorprendió a tres expediciones (dos comerciales y una taiwanesa) que se retrasaron varias horas por la falta de cuerdas fijas en la ruta. El hacinamiento en la ladera sur, con 33 personas intentando llegar a la cima por un sendero angosto, agravó la situación. Según relató Jon Krakauer a la revista Time, el clima era comparable a un huracán y la sensación térmica era insoportable: “No tenías oxígeno, te faltaba el aire y no podías pensar”.

El 10 de mayo se recuerda la tragedia de 1996 en el Everest, donde 15 escaladores murieron en una tormenta imprevista (Captura de video)
El 10 de mayo se recuerda la tragedia de 1996 en el Everest, donde 15 escaladores murieron en una tormenta imprevista (Captura de video)

Ocho alpinistas murieron durante el descenso ese mismo día, entre ellos los directores y guías de montaña de las compañías: Rob Hall, de Adventure Consultants, y Scott Fischer, de Mountain Madness. La tragedia puso en evidencia los límites del alpinismo comercial y abrió un fuerte debate sobre las condiciones y la seguridad en las expediciones guiadas.

En The Climb, la guía que expone su visión de los acontecimientos, el experto sostuvo que su deber era estar preparado para intervenir en el rescate, lo que le llevó a descender antes al Collado Sur para preparar líquidos y mantenerse alerta. A pesar de las críticas, logró salvar la vida de tres personas esa noche, aunque su proceder fue motivo de debate entre los especialistas y dentro de la propia comunidad de montaña.

La muerte de Rob Hall, el experimentado alpinista

La tormenta del Everest de 1996 sorprendió a cerca de 40 personas que ascendían, marcando una de las mayores tragedias del alpinismo (Europa Press)
La tormenta del Everest de 1996 sorprendió a cerca de 40 personas que ascendían, marcando una de las mayores tragedias del alpinismo (Europa Press)

De nacionalidad neozelandesa, desde muy joven mostró una inclinación por las montañas. A los 14 años abandonó la escuela para diseñar material de escalada y perfeccionar sus habilidades, según recuerda su obituario en The Independent. El oceánico había escalado el Himalaya a los 19 años y a los 20 ya había establecido un récord de velocidad en el Monte Cook. Para 1990, ascendió el Everest por primera vez y ese mismo año completó el desafío de las Siete Cumbres.

El objetivo con el que vendió su servicio era conducir de manera segura a los alpinistas y regresar al campamento base. En el ascenso debió tomar decisiones bajo presión, como dividir al grupo al enfrentar problemas médicos de uno de los integrantes y gestionar los retrasos provocados por el hacinamiento y la falta de cuerdas fijas en el trayecto.


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