“Una de las misiones más complejas”: la NASA planifica Artemis III para probar naves que viajarán a la Luna
La Agencia Espacial de EEUU explicó en un comunicado los desafíos del nuevo hito. El despegue está previsto para 2027
InfobaeLa NASA enfrenta en 2027 un desafío sin precedentes: la misión Artemis III fue diseñada como la campaña orbital más compleja en la historia reciente de la agencia espacial de EEUU.
Con la llegada de los componentes clave del cohete SLS a Florida y tras el éxito histórico de Artemis II, la agencia estadounidense inicia la cuenta regresiva para una misión que marcará un antes y un después en la exploración del espacio profundo.
Con la cápsula Orion, los módulos de aterrizaje Starship de SpaceX y Blue Moon de Blue Origin, y la colaboración de empresas y agencias internacionales, la misión se perfila como un laboratorio en órbita para la siguiente generación de exploradores lunares.

La exploración lunar vive un punto de inflexión. La etapa central del Space Launch System, el cohete más potente desarrollado por la NASA, llegó al Centro Espacial Kennedy como columna vertebral de Artemis III.
El SLS, con 64 metros de altura en su etapa central y propulsores sólidos que aportan más del 75% del empuje durante el despegue, se ensambla y prueba minuciosamente tras su traslado desde Utah, mientras ingenieros y técnicos trabajan para garantizar su integración con la cápsula Orion y los módulos de aterrizaje comerciales.
El administrador adjunto de la NASA, Jeremy Parsons, lo definió con claridad: “Si bien esta es una misión a la órbita terrestre, es un paso importante para lograr un alunizaje exitoso con Artemis IV, la misión que pondrá nuevamente a los seres humanos en la superficie lunar. Artemis 3 es una de las misiones más complejas que la NASA ha emprendido”.

La misión pondrá a prueba las capacidades de encuentro y acoplamiento entre Orion y los módulos Starship y Blue Moon, en una órbita terrestre baja que la agencia confirmó públicamente por primera vez. Esta decisión representa un giro radical respecto al plan inicial, que apuntaba al aterrizaje inmediato en la región del Polo Sur lunar.
El rediseño responde a la necesidad de reducir los riesgos tecnológicos y operativos antes de intentar el alunizaje programado para Artemis IV. Por primera vez, la NASA coordina una campaña de lanzamiento que involucra múltiples naves espaciales y socios industriales.
El SLS lanzará a cuatro astronautas en la cápsula Orion, que luego deberá encontrarse y acoplarse con uno o ambos módulos lunares desarrollados por SpaceX y Blue Origin. El resultado esperado es doble: validar los sistemas críticos para la exploración lunar y sentar las bases para una infraestructura sostenible en la órbita baja y, luego, en la superficie lunar.

La misión incorporará un espaciador en lugar de una etapa superior funcional en el SLS. Este elemento, sin capacidad de propulsión, simula la masa y las dimensiones de una etapa superior, permitiendo que el perfil de vuelo y los puntos de conexión de la nave Orion se pongan a prueba sin el costo de una etapa criogénica real.
Las actividades de fabricación y montaje del espaciador avanzaron en el Centro de Vuelos Espaciales Marshall, donde se mecanizaron los materiales y se prepararon los componentes para soldadura.
Una vez en órbita, la nave Orion utilizará su módulo de servicio europeo para circularizar su órbita, lo que permitirá más oportunidades de lanzamiento y mayor flexibilidad en el perfil de misión.

El enfoque en la órbita terrestre baja responde a la necesidad de sincronizar los lanzamientos de Orion, Starship y Blue Moon, y de ensayar todos los procedimientos de encuentro, acoplamiento y transferencia de tripulación antes de comprometer un intento de alunizaje.
La NASA reveló que los astronautas pasarán más tiempo a bordo de Orion que en Artemis II, ampliando así la evaluación de los sistemas de soporte vital y la habitabilidad de la nave.
Por primera vez, la agencia demostrará el rendimiento del sistema de acoplamiento en un entorno real, con la posibilidad de que los astronautas ingresen a uno de los módulos de aterrizaje de prueba. Esta validación es clave para futuras misiones, no solo por la interoperabilidad de hardware, sino también por la integración de equipos y procedimientos entre equipos de diferentes compañías y agencias internacionales.
Cooperación, innovación y el futuro de la presencia humana en la Luna
La llegada de la etapa central del SLS y de los propulsores sólidos al Kennedy Space Center marca el inicio de una fase crucial en la preparación de Artemis III.
La cápsula Orion, que completó el histórico vuelo Artemis II alrededor de la Luna, también fue trasladada al centro espacial para ser inspeccionada, desmantelada y perfeccionada antes de su próximo lanzamiento. Los técnicos analizan cargas útiles, escudos térmicos y sistemas de datos para optimizar cada aspecto antes de volver a enviar astronautas al espacio profundo.
El ensamblaje y la integración de cada componente, desde los motores RS-25 hasta los ordenadores de vuelo que coordinan el ascenso, forman parte de una secuencia de pruebas que busca minimizar riesgos y maximizar la fiabilidad.

La NASA apuesta por una cooperación sin precedentes con la industria privada: SpaceX y Blue Origin desarrollan los módulos de aterrizaje bajo exigentes requisitos técnicos, como la transferencia de combustible criogénico, la adaptación de sistemas de soporte vital y la capacidad de acoplamiento con Orion en órbita.
El administrador de la NASA, Jared Isaacman, describió el objetivo de la agencia: “He recibido respuestas de ambos proveedores para satisfacer nuestras necesidades de encuentro, acoplamiento y prueba de la interoperabilidad de ambos módulos de aterrizaje a finales de 2027, antes de un intento de aterrizaje en 2028”.
La NASA exige que Starship y Blue Moon demuestren estos requisitos en vuelo antes de recibir luz verde para transportar astronautas, y que logren aterrizajes no tripulados exitosos y regresen a la órbita lunar antes de las misiones tripuladas.
La misión Artemis III también pondrá a prueba un escudo térmico Orion mejorado, compuesto por 186 bloques de Avcoat, para soportar temperaturas extremas durante la reentrada.
La agencia evalúa opciones para mejorar las comunicaciones durante la misión, ya que no utilizará la Red del Espacio Profundo, y busca la colaboración internacional y nacional para lanzar CubeSats y nanosatélites desde la órbita terrestre.
El intervalo entre Artemis I y II fue de 3,5 años, pero la NASA planea reducir ese lapso a unos 10 meses entre las siguientes misiones, acelerando el desarrollo y la validación de tecnologías. El objetivo final es establecer una base humana permanente en la superficie lunar, aumentar la cadencia de lanzamientos y sentar las bases para futuras misiones a Marte.
La visión de la NASA para la próxima década incluye una presencia humana sostenida en la Luna y la transferencia de conocimientos y tecnología hacia la exploración marciana.
El presidente Donald Trump expresó su confianza en el avance del programa: “Ahora tenemos un plan viable para regresar a la Luna, y hemos retomado los lanzamientos frecuentes de cohetes lunares. Acabamos de enviar la misión Artemis 2 alrededor de la Luna. Lanzaremos la Artemis 3 en 2027. Reservaremos dos oportunidades en 2028 para que los astronautas regresen a la superficie lunar”.
La agencia ha solicitado la opinión de la industria para perfeccionar soluciones de comunicación y operación en órbita.

La integración de nuevos sistemas, el desmantelamiento y actualización de hardware, y el entrenamiento de los astronautas seleccionados para Artemis III forman parte de una estrategia para reducir riesgos y optimizar resultados.
El diseño de los trajes espaciales AxEMU de Axiom Space, la mejora de los sistemas de soporte vital y la optimización de perfiles de reentrada constituyen otros avances que la NASA evaluará en la misión.
Artemis III representa la prueba de fuego para la interoperabilidad de tecnologías y equipos que definirán el futuro de la exploración lunar.
El éxito de la misión abrirá el camino al alunizaje tripulado de Artemis IV y consolidará la capacidad de la NASA y sus socios para operar en el espacio profundo. Cada etapa superada amplía el horizonte de la exploración lunar y acerca a la humanidad al objetivo de una presencia permanente fuera de la Tierra.
La misión, concebida como un laboratorio orbital, sentará las bases para las operaciones regulares en la órbita lunar y, en el futuro, para la colonización de Marte.


