Un Boca y medio
Triunfo con mayoría de suplentes en Santiago del Estero para terminar bien arriba. El plantel se hace más grande con buenas actuaciones de los relevos. Llega a las definiciones en un muy buen momento.
Desequilibrante el Changuito casi como antes de la lesión, efectivo el 9, tres goles en tres partidos.
Si a eso le sumamos el crecimiento de Braida y la buena prestación repetida de los centrales, hay un medio equipo de relevos capaces de meterse entre los titulares sin que se afecte grandemente el rendimiento. Eso es lo más importante en función de las apetencias de Boca a nivel internacional. Y le da al club una expectativa mayor y más real en el campo local, justo ahora que empiezan los mano a mano. Precisamente esa es la materia pendiente de este equipo. Aún no se sabe -por falta de experiencia previa- cómo rendirá en los partidos sin mañana. Los últimos antecedentes -Racing en el torneo pasado, Independiente en el anterior, Alianza Lima en el repechaje de la Libertadores, Atlético Tucumán en Copa Argentina- son malos pero eran otros jugadores, otros técnicos...
De momento, hay que decir que este Boca es un equipo con gran capacidad de daño, con goles en varios de sus protagonistas, que puede atacar o lastimar de contra. Al recuperar jugadores, puede disponer de distintos modelos de dupla de ataque (doble 9, uno por adentro y otro por afuera), jugar con un enganche como Aranda -aún irregular pero sin dudas distinto- o 4-4-2... En fin, lo que en un momento era un desierto -el banco de suplentes- hoy es como mínimo un oasis.
Pero así como hay muchas cosas positivas, también hay algunas preocupaciones. No hay arquero confiable (Brey sacó un pelotón pero sigue fallando hasta en los centros más fáciles y con los pies es un desastre), perdió un 4 con la lesión de Barinaga en la posición más floja y con menos recambio y los mediocampistas defensivos (Belmonte-Alarcón, en ausencia de Herrera) siguen sin dar respuestas. El chileno -participó con un toque en el gol de Velasco- tiene quince o veinte grados menos de los necesarios para jugar en Boca -casi hipotermia- y Belmonte es una máquina de dar pases hacia atrás, un burócrata que se destaca por su labia con los árbitros y por hacer calentar a los rivales.
Cuando entraron Paredes, Delgado y Aranda a apuntalar al equipo en la fase decisiva del partido, la diferencia fue abismal. Y si no se reflejó en el resultado fue porque Merentiel tuvo una de esas tardecitas que mejor perderlo que encontrarlo (falló dos mano a mano increíbles) y porque Romero es un ex jugador que se tropieza con la pelota. Entre ambos desaprovecharon tres pases maravillosos (dos de Aranda y uno del campeón del mundo), y el suspenso se mantuvo ligeramente hasta el final.
Un último tema a corregir: ni con los titulares, ni con los suplentes ni con un mix Boca puede sostenerse protagonista cuando está en ventaja. Luego del 2-0 al final del primer tiempo, cinco minutos letales para los santiagueños, el segundo tiempo estaba dado para un festival que nunca llegó. Y el descuento pronunció algunos temores que no deberían existir ante el tamaño de un rival que está entre los peores del torneo. El equipo no es lo suficientemente sólido en defensa como para descansar contra las cuerdas y salir a pegar, si bien puede hacerlo. Lo mejor que tiene es la circulación de pelota, ese mediocampo de lujo que puede manejar los tiempos al ritmo de su director de orquesta, pero no siempre lo hace. Falta de confianza, viejas heridas, madurez insuficiente, simple conservadurismo, habrá que bucear por allí en busca de respuestas.
Por lo pronto, el objetivo de la clasificación que en algún momento estuvo en duda se consiguió holgadamente, con puntos de sobra, con fútbol y goles, con titulares y suplentes, un plantel que cada vez se hace más nutrido y que seguramente para la segunda mitad del año recibirá inyecciones de jerarquía para acercarse a los sueños. Ser visitante, algo que alguna vez lo traumó, dejó de ser un problema: les ganó a Talleres, River, Defensa y Central Córdoba en sus cuatro últimas salidas a nivel local. Si a eso le sumamos el peso específico de la Bombonera, donde jugará desde octavos, estamos hablando de una situación realmente favorable. Ya habrá tiempo de hablar de la Copa, donde hay que evitar errores infantiles. Ahora es momento de relajar y disfrutar un rato. No fue tan común en estos tiempos que Boca nos hiciera felices. Atrapemos estos instantes y vayamos por más.


