Thunder - Lakers (1-0) / La cruda realidad
Un parcial de 39-25 en el último cuarto y medio permite la victoria clara de los Thunder. Los Lakers mostraron una mejor cara que en la regular season, pero vuelven a constatar que están a años luz del vigente campeón. LeBron, muy bien para nada.
Que llegue o no esa victoria cuya repetición resulta ahora mismo un cuento de ciencia ficción parece que está más en manos de los Thunder y de que tengan un partido horrible en que se dejen ir, que otra cosa. No parece que dependa de los Lakers, con o sin Doncic, aunque el esloveno sigue sin estar. En el asalto inicial, los angelinos jugaron un mucho mejor partido que cualquiera de los cuatro que habían perdido en regular season. Más compactos, infinitamente más activos en defensa, llegando a las ayudas, buscando las soluciones más planas y sencillas en ataque y con, otra vez, un grandísimo LeBron James. Pero en el último cuarto y medio recibieron un parcial de 39-25 que les hizo pasar del 69-65 al 108-90 final. Con la sensación, encima, de que fueron un mero juguete en manos de su rival, que se hartó cuando se cansó de jugar con él y se puso a otra cosa. Mejor no pensar mucho en ello, pensará JJ Redick. Que volverá a intentar buscar soluciones. Si es que las hay.
Los Thunder tuvieron que poner un pelín más de esmero que otras veces, pero siguen invictos en playoffs (5-0) y en Oklahoma (3-0), mientras sus teóricos grandes rivales, los Spurs, se siguen dejando partidos y los Timberwolves se siguen postulando como el músculo y la fortaleza. Ante los Lakers, el equipo de Mark Daigneault llegó a ir 21 arriba, ganó todos y cada uno de los cuartos (de 6 o menos puntos, sí... pero los ganó) y, a pesar de la ligera mejora de los de púrpura y oro, consiguieron su segunda victoria más abultada de los playoffs: +18 al final, sólo superado por el +35 del primer asalto de primera ronda ante los Suns. Luego ganaron de 13, de 12 y de 9. Desde luego, no parece que haya quién pueda toser a los Thunder, y aunque se repita hasta la saciedad el argumento manido de que la NBA lleva siete campeones distintos en las últimas siete temporadas, ningún ganador vigente había demostrado semejante dominio en su inmediato retorno a la fase final.
LeBron, sólo contra el mundo
A todo esto, LeBron estuvo muy bien. A sus 41 años y con 23 temporadas a sus espaldas, es un honor y un placer seguir viéndole jugar, más aún si existe la más leve posibilidad de que esté disputando sus últimos partidos como profesional, algo legítimo de pensar por el padre tiempo y las señales, aunque no confirmado. Cerró el primer cuarto con 12 puntos, 5 de 6 en tiros de campo y 2 de 3 en triples, además de liderar el 7-0 inicial de los Lakers, un mero espejismo. Al descanso llevaba 16 y 2 asistencias, con 7 de 11. Al final del partido, 27, con 4 rebotes, 6 pases a canasta y sólo 2 pérdidas en más de 36 minutos, 12 de 17 en el lanzamiento y 3 de 6 en triples, pero ningún tiro libre intentado. Veremos si los Lakers quieren jugar con esto o no, aunque de momento no tienen muchos argumentos: 16-14 en faltas cometidas, sólo dos más que sus rivales, y 13 de 12 en tiros libres intentados, uno más. Eso sí, el flopping de Shai se mantiene, a veces sacando la falta y otras no.
Pero LeBron, a pesar de su brillante partido, estuvo demasiado solo: el buen comienzo de DeAndre Ayton se fue diluyendo (10+12, con 5 rebotes ofensuvos), Rui Hachimura sigue pareciendo infrautilizado pero sigue siendo un misterio cómo utilizarle (18, con 7 de 13 en tiros), y Marcus Smart tuvo una actuación bastante completa (12+4+7, con 4 robos), aunque al final del duelo dijo que no habían hecho lo que Redick les había pedido. Más bien, no pueden, y más si Austin Reaves está tan desastroso (3 de 16, 0 de 5 en triples para 8 tantos) y desdibuja los minutos y la posición en pista de un Luka Kennard que no ha vuelto a ser el del inicio de la eliminatoria contra los Rockets (7, con 4 tiros intentados). No se puede bucear más: el técnico, sin Doncic, extendió la rotación a Jaxson Hayes y Jack LaRavia, que gozaron de 16 y 14 minutos respectivamente. Y todo porque Jarred Vandebilt sufrió una dislocación en los 6 minutos que estuvo, por eso no participó más. El resto, testimonial. Y las soluciones, escasas.
Los Thunder tuvieron, sin grandes alardes, su despliegue habitual: 18 puntos y 6 asistencias (por 7 pérdidas) de Shai Gilgeous-Alexander (sí, no llego a los 20 por primera vez en toda la temporada, aunque su récord es de regular season), Ajay Mitchell logró los mismos y Jared McCain se fue a 12 desde el banquillo con 4 de 5 en triples. Pero el partido fue de Chet Holmgren: 24 tantos, 12 rebotes y 3 tapones, superando ampliamente a Ayton. Los locales rozaron el 50% en tiros de campo y superaron el 43% en triples, ganaron la batalla por el rebote (44 a 41), repartieron más asistencias (29 a 26) y perdieron menos balones (14 por 17). No dominaron claramente ninguna estadística, pero se impusieron en todas. Se quedaron en su anotación más baja de los playoffs, pero les bastó. Y, sobre todo, ganaron cuándo quisieron y cómo quisieron a un rival que lo dio todo y no logró nada; lo seguirá intentando, pero le pese a quien le pese, esta es la cruda realidad. Ajo, agua y un poquito de resina.


