Tenis | Madrid Open / Kostyuk gana su primer título de WTA 1.000

La ucraniana vence a la rusa Andreeva en una final tensa, emotiva y de escasa calidad en la que ambas jugadoras acabaron llorando.

Nacho Albarrán
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Todo apuntaba a que la final femenina del Madrid Open tendría una importante carga emocional, porque enfrentaba a una tenista rusa, Mirra Andreeva, con una ucraniana, Marta Kostyuk. Y fue muy tensa, tanto que la calidad del juego se resintió. Empezó con división en la protocolaria foto con el invitado. Cada una posó por su cuenta. Kostyuk fue la que mejor supo manejar la situación y por eso se hizo con la victoria (6-3 y 7-5 en 1h21). Ambas acabaron llorando, la campeona, por la alegría de ganar su primer título de WTA 1.000 y por hacerlo, además, ante una rival del país enemigo del suyo; la perdedora, por la tristeza de dejar escapar el que hubiera sido su tercer trofeo en la categoría por culpa de un muy mal partido. Entre tanta emoción, un detalle espectacular: el salto mortal hacia atrás que dio Kostyuk en plena pista dejando a todo el mundo boquiabierto. De niña, con solo cinco años, había practicado acrobacia antes de decantarse por el tenis.

Marta (23 años y 23ª del mundo), extramotivada, aprovechó su primera ocasión de capturar un gran éxito. Sabía cómo ganar a Andreeva, porque lo había hecho el pasado mes de enero en cuartos de Brisbane, donde fue finalista (cayó ante Aryna Sabalenka). A la capital llegaba con el impulso que le dio ser campeona en Rouen e invicta en la campaña de tierra (11-0) y la caída de las principales favoritas le puso en bandeja la oportunidad de hacerse con el campeonato. De hecho, es la segunda mujer capaz de ganar el torneo sin ser top-20, después de la francesa Arevane Rezai (24ª) en 2010. No obstante, desde este lunes lo será (15ª, su mejor puesto).

“Es increíble estar aquí ahora mismo; me ha llevado años llegar a este punto. La palabra que lo define todo es consistencia, estar ahí cada día, sin que importe lo difícil que es, lo que ames u odies lo que haces. En los últimos años lo he hecho bastante bien, así que estoy orgullosa de mí y de mi equipo; gracias por haber estado ahí. Hemos pasado por muchas cosas, muchas veces me he querido rendir, pero me habéis empujado a seguir y por eso estoy aquí hoy”, expresó, con profundidad una Kostyuk conmovida. “Gracias a mis rivales por empujarme al máximo; han sido dos semanas muy especiales. Si miráis las estadísticas, hasta el año pasado estaba 2-7 en Madrid (4-6 en realidad desde que debutó con una invitación en 2018 cuando solo tenía 15 años); nunca pensé que podría levantar el trofeo aquí, seguro que no era mi torneo favorito. Gracias por el apoyo cada día. No habría sido posible sin vosotros. Gracias a todos los que hacéis posible este torneo: Feliciano y Garbiñe, fisios, recogepelotas… Por último, gloria a Dios y gloria a Ucrania, viva Ucrania, sentenció sin hacer referencia directa a su oponente en ningún momento.

Andreeva, que este domingo (14:00) juega con su compatriota Diana Shnaider la final de dobles (contra Siniakova y Townsend), sí felicitó a la campeona: “Lo primero, enhorabuena a Marta y su equipo por esta semana, por la forma en la que os está yendo la temporada, con dos títulos seguidos, así que enhorabuena”. Después volvió a derrumbarse. “Gracias a mi equipo por estar ahí para mí (lágrimas). Me había dicho que no iba a llorar, lo siento. Mejor no os voy a mirar, así es más fácil (se tapa con el trofeo de subcampeona). Gracias por estar ahí y por apoyarme en todo momento. Sé que a veces no es fácil trabajar conmigo, pero agradezco vuestro apoyo y lo que hacéis por mí”, concluyó mirando a Conchita Martínez, su preparadora, una de las pocas mujeres que entrenan en el circuito, como Sandra Zaniewska, la de Kostyuk.

El duelo táctico saltó por los aires, porque ninguna de las dos jugadoras tuvo la suficiente regularidad como para dominar. Entre vaivenes, la de Minsk se apuntó el primer set, aprovechando la falta de energía de Mirra, que lo intentó en la segunda manga. De hecho, tras empezar cediendo su servicio, recuperó terreno y se puso por delante, antes del arreón final de una Kostyuk que fue algo más constante, y celebró su tercer título (lleva dos en 2026, más que en sus anteriores ocho años como profesional) con una mezcla de pasión, rabia y capacidad atlética para ejecutar un salto mortal, literal y también simbólico, para la historia.

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