Sevilla-Real Madrid / Cumple el Madrid, se salva el Sevilla

Un gol de Vinicius da el triunfo al Madrid en un choque sin historia en el Pizjuán y el equipo de Luis García logra la permanencia gracias a terceros.

Luis Nieto
As
Ganó el Madrid cuando ya no le necesita y perdió el Sevilla mientras los demás hacían indolora su derrota. Llega salvado a la última jornada. No es un éxito, pero al peso (económico y social) vale lo que una Europa League, aunque no se celebre en las calles. Fue tras encuentro sin sustancia, en el que Mbappé anduvo menos suelto que ante la Prensa el domingo, cuando hizo leña del Arbeloa caído. Poco participativo y fallón, no dejó más que la asistencia que pareció involuntaria en el gol de Vinicius que lo decidió todo.

El cuarto delantero del Madrid, esa especie de medalla de chocolate que él mismo se colgó, volvió a ser el primero cuatro días, un cruce de declaraciones, una convocatoria electoral y una comparecencia presidencial después, consecuencias todas de un año atroz para el madridismo, del que aún queda un capítulo. Jugó Mbappé porque así lo anunció Arbeloa la noche de autos, tras el tiroteo dialéctico, y por perimetrar el incendio, si es que aún era posible, y lo hizo junto a Vinicius, que ha vivido hasta ahora en la otra punta de la galaxia. Nunca ha llovido a gusto de ambos. El universo no ha sido lo suficientemente grande para que cupieran ambos. Por eso llaman a Mourinho, para que cuadre este círculo, para que este equipo para coleccionistas funcione.

Lo cierto es que Arbeloa cambió medio once, teóricamente para bien: jugaron Carvajal, por motivos sentimentales y de los otros, y Huijsen, Fran García, Thiago y el referido Mbappé. La mayoría de los entrantes tenía mejor pinta que los salientes y una vez más, hubo un solo fichaje en el once, prueba inequívoca de que la mayoría de ellos le han salido al club por la culata. Fue ante un Sevilla reanimado por Luis García Plaza con tres victorias consecutivas que preludiaron el cambio de propiedad. El proyecto Ramos empezará en Primera, que es heredar cimientos y no una escombrera.

Cumple el Madrid, se salva el SevillaAsí marcó Vinicius el gol que dio el triunfo al Madrid.Marcelo del Pozo

El Sevilla jugaba en defensa propia y lo dejó claro desde el principio. Aún miraba a la tabla mientras el Madrid tiene hace demasiado tiempo la vista puesta en agosto y buena parte de su plantilla, en el Mundial. Quedaron como prueba de cargo los tres disparos sevillistas en los primeros cinco minutos, dos de Oso, proyecto de unicornio, piedra en el zapato de Carvajal. Ninguno entró y aquello fue como abrir la gatera al Madrid, acostumbrado a escaparse por ahí de partidos oscuros gracias a su pegada, a hacer uso legítimo de la fuerza. El gol de Vinicius, sin un solo indicio previo, dejó en evidencia la falta de consistencia de la zaga andaluza. Brahim hizo volar una pelota sobre el borde del área, Mbappé la durmió con el pecho (protestó el Sevilla que en la maniobra sacó de pista con el brazo a Carmona) y el brasileño, que andaba a su espalda, colocó su remate de interior junto al palo. El Sánchez Pizjuán le silbó desde el principio, nada que no suceda allá donde va, nada que realmente le afecte.

El gol que lo cambió todo

Lo de Vinicius no fue solo un gol, sino un volantazo en el partido. El Sevilla quedó conmocionado, perdió el ímpetu, la pelota y se diría que hasta la fe. No es que el Madrid abrumase, porque su talento sigue desperdigado, pero manejó el balón y los tiempos durante un rato. Otra cosa fue su presencia ofensiva, casi nula, como la participación de Mbappé, puramente testimonial. Dejó antes del descanso un remate desviado como única muestra de su existencia. Ha reducido al mínimo su potencia para evitarse percances que le dejen fuera del Mundial.

Cumple el Madrid, se salva el SevillaMbappé se lamenta después de que Kike Salas le quitara un gol frente a Odysseas.José Manuel Vidal

Para entonces el Sevilla intentaba rehacerse desde la figura de Oso, pero sin la profundidad y la chispa del inicio. Las limitaciones en su plantilla son tan evidentes como su entusiasmo por salvarse. La cuestión era si lo uno era suficiente como para disimular lo otro, incluso ante este Madrid que anda en labores de mantenimiento, sin horizonte y con sus internacionales encogiendo el ánimo por lo que pueda pasar.

No se reservó nada, en cambio, Thiago Pitarch, canterano en busca de sitio a cambio de quemar kilómetros. Gusta su compromiso por sí mismo y más aún por comparación con el resto.

Cerca de la hora de juego entendió Luis García Plaza que esa inercia solo le conducía a la perdición y metió tres cambios, dos para reactivarse en ataque: la experiencia de Alexis y el regate de Ejuke, esta vez desde la derecha. El chileno rozó el empate nada más entrar en un arranque de fiereza del Sevilla. El Madrid, en cambio, mantenía su tono aburrido de todo el encuentro.

Mastantuono, al palo

Esa crecida del Sevilla tenía la contraindicación de desabrigarse mucho atrás frente a las gacelas del Madrid, que vivieron tiempos mejores. Los defensas que a Vinicius antes le parecían molinos le resultan ahora gigantes. Y Mbappé ha vuelto a sus inicios en el Madrid, aquellos días en que perdió el finísimo olfato que le trajo al Bernabéu. Kike Salas le quitó un gol mientras deshojaba la margarita del palo por el que batiría a Odysseas. Le emuló de inmediato Acor Adams, dormido en la suerte ante un Huijsen más espabilado de lo habitual.

Arbeloa respondió con Mastanuono y Camavinga, dos malditos, para retrasar a Bellingham, otro galáctico silenciado. El argentino soltó un zurdazo al palo nada más entrar, en su acción más notable en meses. Luego debutó Leiva y se marchó Vinicius, tocado en un aductor, aviso más que suficiente como para bajarse del duelo. Tampoco lo aprovechó el Sevilla, al que Ramos deberá poner boca abajo. Como Mourinho a este Madrid. Habrá que dividirle el salario porque se le pedirá ser entrenador, coronel, gran hermano y hasta hermano mayor de un vestuario que hace meses dejó de entenderse dentro y fuera del campo.

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