Recuperan páginas perdidas del Nuevo Testamento después de 1.500 años

La recuperación de 42 páginas de un códice griego del siglo VI, realizada por especialistas internacionales, arroja nuevos datos sobre los sistemas de organización textuales en la antigüedad cristiana

Infobae

Durante los siglos X al XIII, los monjes del monasterio de la Gran Laura en el monte Athos, en Grecia, desmembraron un manuscrito del siglo VI y reutilizaron sus páginas como material de encuadernación y hojas de respeto para otros textos. Esta práctica, considerada en el siglo XIX como una pérdida irreparable por los coleccionistas europeos, resultó paradójicamente en la preservación involuntaria de numerosos fragmentos dispersos a lo largo de Europa.


Según un comunicado de la Universidad de Glasgow, la localización de estos folios dispersos fue posible gracias a la labor de un monje francés en el siglo XVIII, lo que permitió a los investigadores actuales identificar partes del manuscrito en bibliotecas de Italia, Grecia, Rusia, Ucrania y Francia.

En pleno siglo XXI, un equipo multidisciplinario liderado por Garrick Allen, profesor de divinidad y crítica bíblica en la Universidad de Glasgow, ha logrado recuperar 42 páginas previamente perdidas de este temprano manuscrito del Nuevo Testamento conocido como Codex H.

El hallazgo, presentado conjuntamente con la Early Manuscripts Electronic Library (EMEL), se debe a la aplicación de imágenes multiespectrales, una técnica que permite detectar rastros de tinta invisibles al ojo humano debido al desgaste y la sobreescritura acumulada en los siglos posteriores.

El Codex H, que contiene una versión griega de las Cartas de San Pablo, permaneció en gran medida desaparecido hasta que los investigadores identificaron un detalle fundamental: en algún momento de su historia, el manuscrito había sido retintado, lo que provocó una transferencia química de la tinta fresca a las páginas adyacentes.

Tres hombres supervisan un proceso de digitalización de un documento antiguo en una sala con iluminación púrpura. Se ve un equipo de cámara sobre un manuscrito iluminado, un portátil y un teclado
El hallazgo se produjo tras la aplicación de imágenes multiespectrales, una técnica que permite detectar rastros de tinta invisibles al ojo humano

Este fenómeno, denominado por los especialistas como “impresiones fantasma”, generó una imagen especular del texto original en las hojas contiguas. La combinación del uso de imágenes multiespectrales y la colaboración con expertos en París para realizar dataciones por radiocarbono permitieron confirmar el origen de estos pergaminos en el siglo VI, como precisa el informe difundido por la Universidad de Glasgow.

El propio Allen afirmó en la declaración oficial: “Codex H es un testigo fundamental para nuestra comprensión de la escritura cristiana. Haber descubierto cualquier evidencia nueva, y en esta cantidad, sobre su forma original es un hallazgo monumental”.

La reutilización de los materiales por los monjes atonitas también dejó huellas de correcciones y anotaciones. Estas intervenciones, lejos de limitarse a la copia pasiva, evidencian el trabajo activo de modificación y actualización de los textos sagrados en los centros monásticos griegos de la Edad Media. 

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