Raptors 112-Cavs 110 (3-3) / Un tiro para la eternidad en Toronto

RJ Barrett anota, con suspense, el triple que da a los Raptors, en la prórroga, su tercera victoria contra unos Cavaliers decepcionantes. Habrá séptimo partido.

Juanma Rubio
As
Rowan Alexander Barrett, RJ, nació hace 25 años en Toronto, la ciudad en la que creció soñando, es fácil imaginarlo, que anotaba tiros ganadores, con la camiseta de los Raptors y la ciudad a sus pies. Tenía 18 cuando, en 2019, Kawhi Leonard anotó el tiro más célebre de la historia de la franquicia, en el séptimo partido de semifinales del Este contra los Sixers de Joel Embiid y Jimmy Butler. Sin esa canasta, tal vez no hubiera llegado, semanas después, el primer título para una franquicia que nació en 1995, cinco años antes que un Barrett que días después de esa celebración fue elegido con el número 3 del draft, de la célebre Duke a los célebres Knicks. Su carrera, desde entonces, ha sido un recorrido extraño entre picos de estrella y valles de pufo. Seguramente ni una cosa ni otra, en 2023 acabó en los Raptors, sus Raptors, y el 1 de mayo de 2026 cumplió ese sueño de niño: un triple en el último segundo de la prórroga para dar a su equipo (112-110) una victoria que evitó el K.O. y envía al drama del séptimo partido una eliminatoria en la que nadie ha ganado a domicilio en los seis primeros. Mañana, a cara o cruz (01;30, hora española).

Los Raptors, que parecían ventilados cuando salieron 2-0 de Ohio, han demostrado una dureza que bien merece al menos esa oportunidad de provocar un terremoto en Cleveland, donde han perdido los diez partidos de playoffs que han jugado (casi todos en los tiempos de LeBron James, su quebradero de cabeza y el de todo el mundo en el Este durante lustros). Es un equipo que ganó 46 partidos (46-36) exprimiendo lo que tiene, que no es mucho; que fue muy serio contra los equipos peores, y eso vale oro en regular season, pero se quedó sistemáticamente corto contra los de la zona noble, los aspirantes. Y que está jugando estos partidos decisivos sin dos jugadores teóricamente trascendentales, el generador Immanuel Quickley y el anotador (se supone) Brandon Ingram, que veremos si llega al séptimo. Aún así, en una situación tan cruda, los Raptors han llegado hasta aquí, dieron un buen susto en el quinto y evitaron el colapso en el sexto contra unos Cavaliers otra vez de papel, muy decepcionantes.

Después de estar más de 35 minutos a remolque, y de verse en zanjas de un -15 en el tercer cuarto y -11 en el último, los Cavs se parecieron a lo que deberían ser, un equipo de techo altísimo, en unos últimos minutos gracias a los que (12-23 de parcial) empataron a falta de 11,6 segundos con un fino finger roll de Evan Mobley, el mejor del equipo por números (26 puntos, 14 rebotes, 3 asistencias) pero sobre todo por sensaciones.

Los Raptors no anotaron después, y una prórroga visiblemente nerviosa llegó al último medio minuto con los Cavs por delante (108-110). Jamal Shead falló un tiro libre (109-110) y ahí, con el billete a semifinales casi en el bolsillo, Dennis Schröder se enredó con un pase en salto innecesario y peligroso que no amarró Mobley. Una pérdida absurda, en una jugada que no debería haber buscado a un lanzador de tiros libres no demasiado seguro, a falta de 10 segundos que facilitó la última posesión de Barrett, un triple frontal que rebotó en el aro, se elevó en vertical, muy arriba (más de dos metros) y, con un recuerdo obvio a aquel también agónico tiro de Kawhi, acabó entrando limpio. Como si fuera cosa del destino, la historia que estaba escrita para un niño de Toronto que respiró, como toda la ciudad, cuando Mobley falló el último lanzamiento, después e in extremis. Empate a tres.

Los Raptors volvieron a basar su juego en una actitud defensiva innegociable, con un nivel físico y una envergadura en casi todas las posiciones que está haciendo la vida imposible a unos muy pasivos (demasiado) James Harden y Donovan Mitchell. Scottie Barnes (que jugó casi 48 minutos) acabó con 25 puntos, 14 asistencias, 7 rebotes, 3 robos y 3 tapones. El alero/jugador total está siendo el mejor jugador de una eliminatoria en la que están en pista Harden, Mitchell y Mobley. En la primera parte (14+10) firmó entre canastas y pases 39 de los 61 puntos de su equipo (61-51). Entre él y Barrett (24, 9 rebotes, 3 asistencias) produjeron (otra vez, puntos y pases de canasta) 74 de los 112 puntos totales de un equipo que exprime recursos de todas partes: es el que más puntos apila en estos playoffs de jugadores de primer y segundo año. En el que rompe en interior con pinta colosal el rookie Collin Murray-Boyles, una pesadilla para el ataque de los blanditos Cavs, y que se pone en manos de los triples (no queda otra) de Ja’Kobe Walker, que esta vez entraron (4/9, 24 puntos).

Harden sigue apilando pérdidas (esta vez cuatro) y se quedó en 16 puntos. Mitchell, lejísimos de lo que habría que esperar de él, sumó 24 y apreció en el último cuarto, pero necesitó 26 tiros (2/10 en triples) y sigue sin poder pescar nada cerca del aro contra la maraña de brazos larguísimos de los Raptors. Los secundarios se han apagado (Strus, Merrill, Tyson, Schröder…), Atkinson sigue haciendo cosas tan raras como dar minutos a Thomas Bryant y Keon Ellis está totalmente fuera de la rotación. La cosa está fea, muy tensa, para un equipo que empezó la temporada con las Finales como único objetivo plausible, pero que parece lejísimos de lo que se necesita (sobre todo emocionalmente) para llegar hasta ahí. De momento, tiene bastante con amarrar el factor cancha y evitar un colapso, mañana, que reventaría su proyecto y lo lanzaría, antes de lo previsto, a un verano de muchísimas preguntas con respuestas muy poco halagüeñas. Es un todo o nada: más que para un equipo, para una idea.

Entradas populares