Otra vez el River de los milagros: empate en el descuento con Bragantino

Con suplentes antes de la final con Belgrano, el Millonario llegó al 1-1 con un gol del pibe Pereyra. Así, quedó a un paso de los octavos de la Sudamericana.

Matías Mancuso, Olé

En un Monumental atravesado por la ansiedad de lo que viene, River empató 1-1 ante Bragantino con un equipo muletto y la mente puesta a 700 kilómetros de distancia. Una vez en la previa, dos en el partido y una al final, las 85.018 personas le dejaron un mensaje claro al plantel: hoy por hoy, el objetivo principal de River es otro. Está en Córdoba: conseguir el campeonato N°73 de su historia. “El domingo cueste lo que cueste” y “sólo te pido River que salgas campeón”, fueron las consignas que bajaron cuatro veces desde las tribunas con la mente en la final del Apertura ante Belgrano. Pero a cuatro días del partido que vendrá, Coudet rotó a todo el equipo y sacó un punto valioso: un empate ante Blooming en la última fecha lo meterá en los octavos de la Sudamericana.


“Siempre a los chicos de River es a los que menos les cuesta jugar”, había dicho Eduardo Coudet hace menos de un mes. Y en una noche marcada por la rotación y los nombres alternativos, fueron justamente los pibes los que mejor respondieron dentro de un equipo completamente remendado: Lautaro Pereyra, con apenas 10 partidos en Primera, apareció sobre el final para convertir el gol agónico y rescatar un punto clave. También ingresó bien Lucas Silva y se dio el debut de Jonathan Spiff, el delantero de raíces nigerianas que empieza a asomar.

Desde el banco, otra vez, los pibes terminaron salvándole la noche a River. Y entre los que salieron desde el arranque, también fueron los juveniles los que dejaron las mejores sensaciones. Ulises Giménez y Facundo González, centrales de oficio reconvertidos en laterales, disputaron apenas sus terceros partidos en Primera ante Bragantino y estuvieron a la altura. En un equipo falto de ideas y de conexiones, fueron de lo más punzante por las bandas y de las pocas vías de desequilibrio que encontró River. Una muestra más de las dificultades de un conjunto que, por la cantidad de retoques, evidenció la falta de rodaje y conocimiento en conjunto.

Un equipo de remiendos en el que, más allá de los pibes, lo más destacado volvió a ser Franco Armani. Después de 87 días afuera por lesión, el arquero regresó a los 39 años y dejó una sensación conocida: sigue siendo el único de los referentes de este River alternativo capaz de sostener un nivel a la altura de los titulares. Más allá de alguna descoordinación lógica producto de la inactividad, su actuación volvió a transmitir la seguridad de siempre.

Y más allá de un par de remates de Juanfer que insinuaron algo distinto, el resto volvió a dejar una sensación cada vez más marcada: este River parece ser apenas 11 jugadores. Germán Pezzella todavía no logra recuperar el nivel tras la rotura de ligamentos, a Paulo Díaz se lo nota falto de ritmo, Maximiliano Meza sigue lejos de su mejor versión y, detrás de ellos, los apuntados de siempre: Kevin Castaño, Giuliano Galoppo, Ian Subiabre y Salas continúan sin responder a las expectativas. Y el Monumental, impaciente, se los hace sentir sin disimulo.

Por los pibes, otra vez, River sacó un peso que ante Blooming buscará transformar en octavos. Sacó adelante un partido difícil. Y ahora sí: “el domingo cueste lo que cueste”.

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