Osasuna 1 - Atlético 2 / Uno más, uno menos
Partido 499 de un Griezmann que se termina, como la temporada, en un duelo competido entre Atlético y Osasuna que los rojiblancos ganaron por puntería. Marcaron Lookman, de penalti, y Sorloth para el Cholo y Barja. para Lisci. Llorente vio la roja.
Griezmann, Koke y Llorente, los tres veteranos que nunca se rompen, más Hancko y Pubill, jugaban con aquellos que deberían opositar a hacer de ellos. O intentarlo al menos. El Sadar es plaza para ello. Siempre difícil, siempre rocoso, un lugar donde se curte a los hombres. Hogar de un Osasuna que recibía con chico nuevo en la portería, un Aitor que jugaba por primera vez esta temporada por la sanción de Herrera, y una sorpresa en el once: la entrada de Moi. También había un viejo conocido del Atleti, un Javi Galán que enseguida se hizo protagonista.
Habían comenzado ambos equipos como de tanteo hasta que Griezmann decidió coger un balón para comenzar el juego de verdad: tras un zigzag en la hierba alcanzó el área rojilla para ponerle un lazo a la pelota y dejar solo, mano a mano, a Mendoza quien se topó con el portero al tratar de picarla. En el rebote, quien la picaba era el francés y lo que se encontró fue la mano, clarísima, pegada al cuerpo pero con toda intención, de su excompañero. Cuando el juego se paró, el VAR llevó al árbitro ante la pantalla que no dudó: pitido y dedo al punto. Grizi lo cogió primero, pero terminó cediéndoselo a Lookman. Un gesto que cuenta como nadie la grandeza de un tipo como Antoine y el agujero que deja su marcha también en lo personal. Porque podía tirarlo él, claro, quizá para ser su último gol con la rojiblanca, pero se lo cedió a Ademola, quizá por eso de llenarle de confianza para lo que venga después, cuando Antoine ya no esté. Chapeau. Lookman, por cierto, lo lanzó raso y engañando a Aitor.
La reacción de Osasuna fue inmediata. Basta mirar la clasificación para comprobar cuánto en juego, que oscila entre Europa y abajo, y lo segundo es fuego. Budimir encadenó dos seguidas. La primera se le fue alta cuando, solo, prolongó un tiro de Rosier. La segunda fue peor. De las que sangran al ojo: Koke le había puesto una pistola en la mano al regalarle la pelota en la salida y dejarle solo frente a Musso. Pero Budimir había salido con el pie engatillado y golpeó alto, inexplicable. Para respiro rojiblanco.
Y eso que, desde ese momento, Osasuna no dejara de ahogar. Mendoza, lesionado, le había dejado su sitio ya a Le Normand y, hasta que en el nuevo tetris Simeone no devolvió a Llorente a la banda para que hiciera un cuchillo con Pubill, ahora en el lateral, Osasuna le cosió a centros. Por alto, por bajo, por el medio y el lateral. Centros por todas partes sobrevolando el área de Musso. El Atleti solo veía el balón de lejos. O más bien volando y en pies de otros.
Si Pubill devolvió por un segundo al Atleti ante Aitor tras un carrerón que terminó con una fantástica mano del portero por bajo, el descanso, cuando llegó, los pilló a todos delante de Musso. Lisci en ese momento ya había visto al árbitro despitar un penalti por creer, primero, que Musso había salido de puños ante Budimir como en la final de Copa y comprobar, después, ante la pantalla que no. Osasuna ganaba en los metros, las disputas y las áreas pero perdía en el marcador.
Tras el descanso en el partido ingresó Sorloth. Podría escribir que, a cambio, había salido Almada pero había sido su participación tan pobre y escasa que es como si ya no jugara. O sea que puedo escribir que, tras el descanso, el Atleti al fin ya jugaba con once. El tapete seguía siendo rojillo, sin embargo. Los de Lisci con el juego, el fútbol y el peligro. La entrada de Barja en la primera parte por lesión de Moro le había dado a los suyos más intención y, a los contrarios, un sinfín de amarillas. Así vio una Koke y casi dos Pubill. A Osasuna le era muy fácil instalarse en el área contraria, pero no conseguía subirlo al marcador porque Budimir seguía con la bota mal calibrada. Bretones le enviaba ahora un centro con cartabón a la cabeza para que el croata, solo ante Musso, viera al portero otra vez decirle que no con un paradón a mano cambiada.
La contundensia estaba en las botas contrarias. Esas rojiblancas que parecían bendecidas en el partido que le susurró al Cholo que, el futuro, puede estar en los mediapuntas, con esa derecha imponente que formaron Llorente y Pubill y Lookman más por el centro que como extremo. Los dos primeros cocinaron el 0-2 que Sorloth cabeceó. No tiene un defecto el lateral convertido a central por el Cholo. El título de una temporada sin ellos sería ese: el descubrimiento de un central como Pubill. Apunta a época.
Llorente se iba a la ducha con roja para volver a ser diez en un partido que se fue llenando de chispas y en el que Osasuna al final lograría su gol. Lo haría Barja, medio cayéndose, por la escuadra, para que, lo que sobrevolara los últimos minutos, fuera el empate. Pero la efectividad otras noches esquiva, esta le sonreía al Cholo. Aunque parezca ya tarde. En el partido 499 de un Grizi que se acaba como la temporada. A Osasuna le tocará seguir remando.


