Ni Mou ni el vestuario son los de 2010
La autoridad de un técnico es proporcional a su éxito, y el aura que le envolvía hace 10 años se evaporó.
A pesar de que no ganó demasiado en el Madrid, aquel Mou era todavía el ‘especial’ que se autoproclamaba. Tras salir del club aún hizo campeón de la Premier al Chelsea, pero a partir de ahí su figura comenzó a declinar. La Europa League con el United y la Conference con la Roma no son caza mayor para un técnico de su enorme palmarés. El Fenerbahçe, de nula relevancia en Europa, y el Benfica, que ganó su último título continental en 1962, han sido sus últimas aventuras. Así que debe asumir que esta vez no entraría en el vestuario del Madrid caminando sobre las aguas como en 2010, con la medalla de la Champions prendida en el pecho.
Valga esto para recordar que en el fútbol la autoridad es directamente proporcional al éxito. Es regla general, aunque ahí está Xabi como excepción. O Ancelotti, que alzó dos Champions cuando parecía de vuelta. Pero el caso de Mourinho es diferente. Ese tipo de personalidades son únicamente digeribles desde la victoria. En su primera etapa quiso representar un patriotismo excluyente que diferenciaba madridistas legítimos, sus incondicionales, de los disfrazados, sus críticos. Ahora son distintos el madridismo, el vestuario y él mismo. Así que debería ser consciente de que la eficacia de su terapia de choque también depende del tipo de paciente.


