NBA | Playoffs (3-4) / Sólo los Spurs de Wembanyama podían cambiar el orden de la NBA

Los Spurs se clasifican de manera magistral para las Finales de la NBA al destronar en su propia casa a los Thunder. Wembanyama, líder. Les esperan los Knicks, como en 1999.

Mike Maestre
As
La señal de advertencia estaba parpadeando desde otoño. Únicamente había un equipo capacitado para luchar de tú a tú con los Thunder y pelearles de verdad el pase a las Finales. San Antonio Spurs es el equipo del futuro; desde este domingo, ya lo es también del presente. Únicamente la franquicia más dinástica del siglo tenía el pedigrí para destronar al vigente campeón, imperial en su papel, que amenazaba con instaurar en la Liga un reinado del terror. El rey ha muerto, viva el rey.

Finalmente es un 3-4 a favor de los Spurs el que se ha dado en las finales de conferencia por el lado más complejo, el Oeste, una serie que nos ha regalado baloncesto de altísimo nivel y que los texanos finalizaron en el sitio más complicado posible: venciendo en la casa de los campeones a los que acaban de destronar. 103-111, el marcador para recordar. Doce años desde el último Anillo, frente a los Heat de LeBron y con Gregg Popovich de técnico y Kawhi Leonard de estrella. Qué lejos suena todo. En retroceso, los cinco títulos que soportan a San Antonio en el cargo de mejor conjunto del siglo XXI son aquel de 2014 y los de 2007, 2005, 2003 y 1999. Hasta ese último hay que viajar para revivir las Finales que veremos este año. New York Knicks, que esperaba oponente tras el 4-0 a los Cavs, buscará la gloria ante un ogro conocido. ¿Cambiarán ellos también la historia?

En el abarrotado pabellón de Oklahoma se hizo un penetrante silencio. No esperaban que el sueño acabara así. Una franquicia en la que el trabajo de despachos ha sido puntilloso y fructuoso, sacando talento de debajo de las piedras y haciendo crecer a Shai hasta llevarlo a ser el mejor jugador del momento, sólo merecía un desenlace cruel si el de enfrente puede soportar la carga de su derrota. En el Oeste y en toda la Liga ese equipo es San Antonio Spurs. En la fase regular ganaron cuatro de los cinco duelos con los Thunder y aquí les han levantado la serie en su propio hogar.

Y si había un jugador que podía protagonizar esta escena de película ése era Victor Wembanyama, personaje cinematográfico. Cómo vivió el acceso a las Finales de la NBA nada más producirse. Puños apretados. Gritos desgarradores. La rabia contenida del que se ve superior a tantos y tantos jugadores pero tiene enfrente al equipo a batir, un combinado con mayúsculas, explica demasiadas cosas. El de Le Chesnay es el toro que embiste en el rodeo de San Antonio, con 22 puntos lideró a los suyos, pero para nada es el único. Harper y su desparpajo de novato, la estabilidad de Vassell y Castle, Fox y el plus en el día más importante, etc. Aquí también hay un equipazo.

El colectivo mejor trabajado en la Liga de los últimos quince años, Oklahoma City Thunder, claudica frente a los únicos que han demostrado que vuelan a la misma altura. A la que les coloca, entre otros, un jugador del que se decía que dominaría el baloncesto incluso un par de años antes de que diera el gran salto a Estados Unidos. Gregg Popovich sonríe orgulloso frente al televisor: el relevo que se vio obligado a dar es de una garantía incalculable. Han mandado de vacaciones al campeón más dominante desde los Bulls de Jordan, que se dice pronto.

Expectantes ante lo que puede ser el inicio de una rivalidad galáctica en la Conferencia Oeste. A los Thunder les ha sacado de la circulación su némesis. Que, aunque la RAE advierta de que como simple sinónimo de enemigo se está extendiendo su uso en el español actual, no deja de ser el “castigo fatal que restablece un orden anterior”. Los Spurs que entrenó Popovich, aquel trío donde Parker y Ginobili inoculaban veneno internacional, son replicados hoy por Victor Wembanyama y sus inmediatos colaboradores. Ocho pies de envergadura que sirven para atrapar a cualquier contrario. Ya dijo Stephon Castle en AS el pasado verano que “si buscas futuro, tienes que venir a los Spurs”. Han terminado con el reinado del terror que había instaurado Oklahoma, que continuará como favorito el año que viene, una temporada después. Esto va muy rápido: si parpadeas, te lo vas a perder.

Un game 7 para tomar el sofá y disfrutar del deporte. Al que dio comienzo Wemby con un tiro a tabla al estilo de Duncan. Por eso mirarse en los referentes. El francés firmaría el primer jugadón de la noche poco después con un mate en la cara de Holmgren, más que señalado tras esta eliminatoria, en una batalla de brazos interminables en la que tenía que ganar él. Un triple de Fox mantuvo el alto acierto de los Spurs cuando los locales más bramaban. Otro lanzamiento exterior, uno de Julian Champagnie, colocaba la máxima en el cuarto inicial: +14, 13-27. Que este alero merece un capítulo aparte, con seis triples en diez intentos (y 20 puntos) y siendo el perfecto ejemplo de elemento no esperado pero integrado por los Spurs en este camino.

El saldo era favorable al término de los doce primeros minutos, ya sólo con siete tantos a favor. Iría en caída. McCain empezó, Hartenstein prosiguió. OKC había tomado el centro del tablero, donde hace mucho daño. Y Shai cogió el mando. El MVP rompió moldes en el segundo acto, con siete tantos seguidos y 13 de sus 35 esta noche. Lu Dort empató. Jaylin Williams les puso por delante. Al descanso había sonrisas en el bando local. El iguales a 24 del tercer periodo las conservó. Se esfumarían.

Un bocadillo de triples de Keldon Johnson en el que el jamón era la respuesta de Cason Wallace abrió el cuarto definitivo. Fox lanzó a los suyos al +9. Se notaba el cansancio de los Thunder, sin Jalen ni Ajay en sus filas, y la falta de ideas a la que forzaba San Antonio.

Y momentazo: Kornet, que jugó seis minutos y erró los tres tiros de campo que probó, le colocó un taponazo a Hartenstein a 6:33 del cierre de ésos que cambian dinámicas, como el de James a Iguodala en 2016, para acabar de comerle la moral a los campeones.

Castle, genial en intangibles, y Harper, con una gallardía impropia de su edad (20) y un triplazo a ocho metros, dieron la puntilla a los Thunder. Wembanyama podía celebrar como quisiera: junto a sus compañeros acaba de cambiar el orden de la NBA.

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