NBA | Playoffs 2026 | Spurs 103 - Thunder 82 (2-2) / Wembanyama equilibra la balanza

El francés firma una exhibición ante su afición e impulsa a unos Spurs dominantes hacia una victoria contundente contra los Thunder. La serie vuelve a Oklahoma como se fue, en tablas.

Anton Vakula
As
Tras noches como la de hoy, es difícil evitar una pregunta que ronda la cabeza de expertos, aficionados, entrenadores y jugadores a partes iguales: ¿Cuál es el techo de Victor Wembanyama? Es una pregunta que obviamente no tiene una respuesta certera, pero quizás habría que tomar en consideración la posibilidad de crear de nuevos estándares a la hora de valorar a este jugador. Porque es único en la historia del baloncesto. Nunca se ha visto a un jugador tan grande y tan móvil a la vez. Un exterior capaz de tirar de tres a su antojo en el cuerpo de un alienígena de 2,24 que puede cubrir cualquier rincón de la pista en tan solo dos zancadas. Su techo parece no tener límite, pero eso no hace menos emocionante su realidad. Con tan solo 22 años y 4 meses, el francés ha liderado a su equipo ante el vigente campeón de la NBA hacia una victoria colosal (103-82) en el momento más crítico de la temporada. Un partido que debían ganar, sí o sí, si querían verse con opciones reales de seguir luchando por su único objetivo esta temporada: el anillo.

La exhibición fue monumetal, grandiosa: 33 puntos (sin necesidad de jugar apenas en el último cuarto) con un 50% en tiros de campo (11/22), 8 rebotes, 5 asistencias, 2 robos y 3 tapones. Un partido excelente, casi perfecto, que hizo de guía para todos los que le siguieron. Ninguno de sus compañeros llegó a 15 puntos, pero dio igual, porque todo lo que dieron atrás se compensó mil y una veces con lo que dejaron de dar alante. Los Thunder se vieron sin acierto (30/91 en tiros de campo) y sin ideas. Shai Gilgeous-Alexander tan solo metió 19 puntos (6/15 en tiros), y Alex Caruso, Jared McCain y Jaylin Williams sumaron 7 puntos entre los tres; en el partido anterior la cifra había sido de 57. Ni puntos de banquillo, ni ritmo, ni nada. Los de Mark Daigneault fueron víctimas de su propio truco, una presión asfixiante que no les dejó respirar, y que les terminó ahogando en su propia medicina.

Se anticipaba que esta serie podía ser una de las mejores en los últimos años, y la realidad no se está quedando corta a pesar de la enorme expectativa. La serie vuelve a Oklahoma y llega a su quinto partido con una igualdad tremenda (2-2), aunque los campeones no han contado con Ajay Mitchell ni Jalen Williams, dos de sus mejores jugadores, por lesión. El resultado es impredecible y la anticipación máxima; la nueva rivalidad del Oeste se ha convertido en una película de la más alta calidad. Lo tiene todo: las superestrellas, una dureza y nivel físico brutales, dos de las mejores aficiones de toda la NBA y dos motivaciones completamente diferentes, aunque el objetivo es el mismo: el defensor del trono, y el que está dispuesto a hacer todo para arrebatárselo. A partir de ahora, cada partido será vital, y la intensidad subirá aún más (si es que eso es posible). Solo queda ver donde está el límite.

El control del caos

Lejos de la anarquía inicial con la que comenzó el tercer partido, este vio en su inicio uno clásico en los playoffs. Más comedido y táctico; los dos equipos eran más que conscientes de la importancia capital de esta victoria. Los ataques de OKC eran un calco de sí mismos; uno tras otro. Isaiah Hartenstein metió cuatro bombitas por encima de Wembanyama, clavadas hacia la canasta sin tocar el aro. El pívot alemán no fallaba, hasta que eventualmente, lo hizo, dos veces seguidas; ya llevaba seis tiros de campo y no habían pasado ni cinco minutos. A mediados de periodo, los Spurs comenzaron a apretar más en defensa, así como lo habían hecho en el partido anterior, y lograron un pacial de 16-0 (23-8). Manos por todas partes, agresividad en las rotaciones y un alien en medio de la pista capaz de cubrir a dos o tres hombres a la vez.

Claro que, con esa defensa, en ataque las cosas llegaron solas: Devin Vassell (13) y Stephon Castle (13) metían triples en transición, mientras que Wemby se movía como un anfibio por la pista, alternando entre perímetro y pintura a su antojo; una auténtica delicia para la vista. Con tan solo 19 puntos, los Thunder firmaron su segundo peor cuarto anotador en esta postemporada (28-19). El francés se fue al banquillo, y los de Daigneault lograron un parcial de 0-10, algo que es mucho más difícil que ocurra con Victor en pista. De hecho, en cuanto regresó, la ventaja volvió a donde estaba. Shai, que no estaba haciendo un mal partido a nivel organizador (llevaba 5 asistencias), vivió su momento más incómodo en la serie. Muchísimas manos, contactos y deflections que provocaron alguna que otra pérdida; el canadiense estaba rodeado por una manada de coyotes dispuestos a dejarse la piel para contenerle.

El nivel de contacto del partido era inmenso; el Frost Bank Center se convirtió en el anfitrión de una auténtica batalla campal entre dos ejércitos. Así, el marcador al descanso era muy inferior a lo que se había visto en los anteriores partidos (50-38). El broche de oro fue un triple de Wembanyama desde el medio campo sobre la bocina, con el que completó su mejor primera parte en la serie (22 puntos). Dejar a los Thunder en 38 puntos en una primera parte es algo sin precedentes y de un mérito infinito. Es un rara avis ver a este engranaje perfecto con tal cantidad de errores e imprecisiones, no solo en el tiro, sino en el flujo del ritmo ofensivo; todo mérito de Mitch Johnson y su staff. Aun así, el partido no estaba, ni mucho menos, cerca de haberse terminado. Para tumbar al campeón iba a hacer falta mucho más.

El golpe definitivo

Y ese punto más lo dieron al salir de los vestuarios. La intensidad local no decayó, sino que aumentó. La mitad de la pista que defendía San Antonio se convirtió en una jaula llena de cerraduras de la que los jugadores de Oklahoma no podían escapar. La racha fue bestial; un parcial de 20-7 en la primera mitad del tercer cuarto y una máxima de 25 (70-45), la mayor ventaja de cualquiera de los dos equipos en toda la serie. Se dice que ninguna ventaja en la NBA es segura, y menos en el baloncesto de hoy en día, pero la realidad es que el dominio local era incontestable. Wembanyama metió su punto número 31 casi al final del cuarto, certificando que esta era su noche. La llamada era anticipada, y la tarea de mucha presión, sobre todo para alguien tan joven. Pero como hacen todas las grandes estrellas, el gigante francés brilló cuando más se le necesitaba.

El último cuarto fue un mero trámite. El banquillo de los Thunder, que había sido un factor esencial en las dos victorias de los de Oklahoma, fue un factor residual en este partido, lo que disminuyó muchísimo sus posibilidades de victoria desde un primer momento. En el partido anterior, los suplentes de OKC habían sumado 76 puntos. En este, a falta de seis minutos y una desventaja de 20 puntos (68-88), llevaban tan solo 20. Un factor diferencial que explica a la perfección la sequía anotadora del campeón en este partido en comparación con el resto de la serie: 115 en el primero (con derrota incluida), y 122 y 123 en sus dos victorias. Una diferencia abismal, que se dio por una combinación de varios factores: la sensación de trabajo hecho tras el tercer partido, el poquísimo acierto exterior (5/32), y la sofocante presión de los locales, que sí hicieron lo que tenían que hacer. Los Spurs respondieron ante su gente y lograron el objetivo; ganar una batalla más dentro de esta gran guerra. Wembanyama marcó el camino y lideró a sus compañeros hacia el único resultado posible: el equilibrio de la balanza. 

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