Lewandowski: “Nunca olvidaré estos cuatro años; me voy muy orgulloso de lo que hemos hecho”
El delantero polaco se despidió por la puerta grande, con manteo, parlamento, ovación por parte de las gradas y pasillo de toda la plantilla.
Y es que desde antes de que se iniciara el partido, el internacional fue el centro de todas las miradas. Y él lo sabía, consciente que era el protagonista más que nunca. Cuando salió a calentar hubo la primera ovación, cuando se dio la alineación por los altavoces del estadio, el ‘speaker’ dejó varios segundos cuando pronunció Lewandowski para que la afición pudiera aplaudir a rabiar, cuando tocó el primer balón se volvió a corear su nombre, y cuando estuvo a punto de marcar ya no digamos. Flick quiso que se fuera henchido en su amor propio y le sustituyó en los últimos minutos para que recibiera un nuevo ‘regalo’ de su gente.
Al final del partido, se produjo la eclosión de todos los sentimientos que llevaban tiempo a flor de piel. Lewandowski se dirigió al centro del campo, visiblemente emocionado, para recibir la enésima ovación de las gradas, situación que aprovecharon sus compañeros para mantearlo. Nada más bajar de los brazos de los jugadores, le esperaban Rafa Yuste y Joan Laporta para darle un trofeo de reconocimiento por su trayectoria, a la vez que le abrazaban efusivamente.
Entonces llegó el momento del parlamento. El polaco, vigilado de cerca por su mujer y sus hijos, cogió el micrófono para agradecer todo este derroche de cariño: “Para mí es un día muy emocionante y difícil. Cuando llegué a Barcelona sabía que este club era grande, pero vuestro apoyo ha sido increíble. Desde el primer momento me he sentido como en casa. Nunca olvidaré cuando coreabais mi nombre. Gracias a mis compañeros, entrenadores y trabajadores del club. Ha sido un honor jugar en el Barça. Hemos vivido grandes momentos en estos cuatro años. Me siento muy orgulloso de todo lo que hemos hecho. Hoy me despido del estadio, pero siempre llevaré el Barça en mi corazón. Visca el Barça y Visca Catalunya”.
Tras el discurso, toda la plantilla le dedicó un último homenaje, formando un pasillo, que en los últimos metros acabó con unas amistosas collejas. Un colofón inmejorable para una fiesta que no olvidará nunca el bueno de Robert. Ni tampoco la afición: media hora después de acabar el partido, en los aledaños del estadio, aún había una comunión de personas que coreaban su nombre,.


