La ‘ley Vinicius’, las rojas legales del Mundial que hornearon unos ‘panaderos’
En el Mundial se expulsará a los jugadores que se tapen la boca para hablar tras el caso Prestianni. AS explica la legalidad de la norma e investiga sus orígenes.
Bajo esa premisa, la IFAB, el organismo internacional que define y revisa las reglas del fútbol, aprobó en su última Asamblea General celebrada hace tres semanas una norma para evitar que casos como el de Prestianni, al que le cayeron seis partidos de sanción, vuelvan a producirse. Y es que en el próximo Mundial que se disputará en Estados Unidos, México y Canadá se hará una prueba de fuego: todo jugador que se tape la boca para dirigirse a un rival será expulsado. Sin titubeos. Una norma tajante y, evidentemente, no exenta de polémica.
La FIFA estudió con las diversas Confederaciones la aplicación de la nueva normativa durante su Consejo, celebrado el 28 de marzo en Vancouver (Canadá). Allí, los reacios a esta nueva ley argumentaron que ciertos futbolistas se tapan la boca para evitar que los rivales conozcan sus tácticas o para no ser captados en televisión haciendo comentarios con sus compañeros. También hubo quién cuestionó la legalidad de la regla en relación a la libertad de expresión, un derecho humano con muchas aristas que no solo defiende la libertad de una persona a decir lo que quiere sino en cómo lo hace.
Ante esta duda, el derecho tiene respuestas. Alberto Cabello Massegosa, Socio Director de AC&VM Abogados y Presidente de la Confederación Española de la Abogacía Joven, ha atendido a AS para dar luz a las cuestiones legales que se planteaban en el seno de FIFA. “Desde un punto de vista legal, estamos ante una medida disciplinaria deportiva que, en principio, puede ser constitucional, ya que el deporte cuenta con un marco normativo propio que permite regular conductas dentro del juego”, asegura el magistrado. Sin embargo, cerrada esta cuestión, aparece otra: ¿la nueva norma vulnera la presunción de inocencia?
En un principio, se podría interpretar que la ‘ley Vinicius’, como se ha apodado a la nueva regla, puede tensionar el principio de presunción de inocencia si en la práctica se interpreta como una presunción de que el jugador que se tape la boca está diciendo algo indebido, lo que abriría la puerta a decisiones basadas más en sospechas que en hechos. Sin embargo, según Cabello “no se puede afirmar que se vulnere directamente la presunción de inocencia, ya que no sanciona un hecho ilícito previo, sino una conducta concreta tipificada, que en este caso sería taparse la boca”. Es decir, no se sanciona lo que se dice, sino el gesto en sí.
La importancia de ‘El día después’
Resulta curioso que la nueva regla se haya presentado al mundo como la ‘ley Vinicius’ y no como la ‘ley Prestianni’, cuando es por el gesto del jugador argentino por el que se ha creado la sanción, mientras que el brasileño representa lo opuesto a la norma. Pocos jugadores hay más expresivos que Vinicius, un regalo para programas como ‘El día después’, que ven en el madridista un filón para elaborar vídeos de seguimientos durante sus partidos, no solo por su relevancia como jugador, sino por su manera de interactuar en el campo, siempre dispuesto a encararse con el contrario sin miedo a ser cazado por una cámara. Sin ir más lejos, hace un par de semanas Vinicius fue objeto de un vídeo del programa por su constante pique con El Hilali, lateral del Espanyol, con el que tuvo sus más y sus menos.
Pero Vinicius es una excepción en un fútbol cada vez más controlado por los detalles. Un rara avis que parece sacado de un fútbol de hace tres décadas, cuando los jugadores hablaban sin taparse la boca y eran carne de cañón para ‘El día después’, que en los 90 recopiló vídeos para la historia como el famoso “Rafa no me jodas” de Mejuto a Rafa Guerrero durante un Zaragoza-Barça de 1996, el “Ya no saben cómo jodernos” de Hierro al árbitro Gracia Redondo durante un Real Sociedad-Real Madrid de 1993 y el grito de rabia de Bilardo de “Al enemigo, pisalo” en un Deportivo-Sevilla de 1992. Por aquel entonces, era imposible imaginar una norma como la ‘ley Vinicius’, pero sin duda, aquellos inocentes vídeos tuvieron que ver en su actual imposición. Aquel recurso televisivo fue convirtiéndose en costumbre y cada lunes se descubría alguna conversación o algún insulto sobre el césped. Los más cautos tomaron medidas y comenzaron a hablar tapándose la boca con la mano.
Luis Enrique charla con el árbitro en un Madrid-Barça.FELIPE SEVILLANOJosé Larraza, actual Director de Contenidos de TBS, fue redactor de ‘El Día Después’ durante los años 90 y 2000 y testigo en primera persona de cómo evolucionaron las dinámicas de los futbolistas para protegerse de los ‘cazadores’ del programa. “Los que más se tapaban eran los que más salían, obviamente. Y esos son los que más juego dan y los que más atención despiertan, que suelen ser del Madrid y del Barça” comenta Larraza para AS, que recuerda que antes del Madrid de los Galácticos, que en la memoria de muchos aficionados fueron los precursores del gesto, ya había futbolistas que se tapaban la boca.
“Cuando empezamos, todo era campo. Podíamos poner micros al lado de los banquillos y acercar mucho la cámara. Con el tiempo, nos fueron alejando y pusimos el foco en las charlas entre los jugadores. Entonces, no se tapaban, era mediados de los 90. Después empezaron a protegerse. De memoria diría que los futbolistas que venían de los principios de los 90 y atravesaron la década hasta llegar a los 2000 y que fueron creciendo junto al programa fueron de los primeros en taparse y ya luego se mantuvo esa dinámica en los 2000. Pero fue algo muy gradual”, recuerda Larraza. Para corroborarlo, basta con buscar en YouTube vídeos de los primeros años de Hierro o Luis Enrique, por ejemplo, y enfrentarlos a los de sus últimos clásicos a comienzos del nuevo milenio.
Raúl Román, actualmente en ‘Informe+’, también formó parte de la redacción de ‘El día después’ a principios de siglo, coincidiendo con la aparición de los Galácticos. “Recuerdo a los brasileños, Roberto Carlos y Ronaldo, taparse la boca para hablar entre ellos, pero por ejemplo, no tengo recuerdos de Beckham, probablemente porque no hablaba español y no interactuaba con el resto”, bromea. “Es cierto que con los Galácticos fue a mayores, pero cuando Figo llegó al Madrid, no se tapaba la boca. Luego ya sí”, completa Larraza.
Los galácticos, el boom definitivo
Con los Galácticos, todo cambió. Con ellos, el concepto de seguir a un equipo se transformó. Y para manejar aquel transatlántico en su apogeo, Florentino Pérez contrató en el año 2004 a Antonio García Ferreras como Director de Comunicación del Real Madrid. En sus años en el club blanco, la filosofía del comunicador tuvo un impacto decisivo en el primer equipo. “Fue Ferreras quien nos enseñó a ponernos la mano en la boca cuando nos comunicábamos en el campo. Era un perfecto conocedor de todo lo audiovisual, del poder de la imagen, y eso se lo inculcó a la plantilla para que nadie nos pudiera leer los labios”, asegura un canterano que alternaba el primer equipo con el filial aquellos años. Hasta el propio Ferreras, que solía bajar a la zona de banquillos para charlar con los jugadores, utilizaba la técnica. “Recuerdo haberle grabado mientras charlaba con entrenadores y futbolistas con la boca tapada”, asegura Raúl Román.
Rolando y Roberto Carlos.FELIPE SEVILLANOEl antecesor de Ferreras en el cargo, Joaquín Maroto, actual Adjunto al Director de AS, recuerda que en su etapa como Director de Comunicación ya había futbolistas que se protegían de las cámaras, pero no por orden explícita de su departamento, si no por iniciativa propia. “Lo de taparse la boca lo hacían algunos desde mucho antes, desde el año 91”, concreta Maroto, que basa su testimonio en su etapa como director del programa ‘El tercer tiempo’, un programa de resúmenes de los primeros años de Canal+. “Había un equipo que veía todo lo grabado y se quedaba de madrugada para preparar al día siguiente ‘Lo que el ojo no’ ve, la famosa sección de ‘El día después’. Les llamábamos ‘los panaderos’ porque estaban trabajando a las cuatro de la mañana”, comenta. Aquellos panaderos, redactores de un programa de una televisión privada que daba sus primeros pasos, no eran conscientes de que sus horneados vídeos eran la primera piedra de una nueva regla del fútbol que vería la luz en un Mundial 35 años después, la mal acuñada “Ley Vinicius”.


