La invasión, una economía fatigada y el malestar social: el cóctel de problemas de Putin
La acumulación de dificultades militares y los fantasmas internos sugieren que el Kremlin explora fórmulas para contener el descontento y redefinir su estrategia frente al estancamiento en territorio ucraniano
InfobaeEl desfile low-cost del 9 de mayo en Moscú, la irritación popular por los cortes de internet móvil y una frase intrigante de Vladimir Putin sobre el final de la invasión en Ucrania se convirtieron en señales de que los problemas se acumulan para el presidente ruso.
El estancamiento es notorio: Rusia mantiene el control de algo más del 19% del territorio ucraniano, cifra que incluye Crimea y zonas del Donbás ocupadas desde antes de la invasión de 2022. La prolongación del conflicto y el costo humano y económico comenzaron a pasar factura en varios frentes.

Durante el último desfile del 9 de mayo por el Día de la Victoria, la preocupación por la seguridad forzó un formato sin exhibición de armamento, algo inédito en casi veinte años. Por razones de seguridad, incluso se limitaron drásticamente los accesos a internet móvil, lo que desató el descontento entre los moscovitas.
En la víspera de la celebración, las amenazas mutuas entre Moscú y Kiev desembocaron en una tregua de último minuto, anunciada el 8 de mayo por el presidente estadounidense Donald Trump y aceptada por ambas partes. El contexto llevó a una orden insólita del presidente ucraniano, Volodimir Zelensky, quien pidió a su ejército no atacar con drones la Plaza Roja.
En los últimos meses, la situación cotidiana en Moscú es más tensa. Las restricciones de internet, justificadas oficialmente por seguridad, generaron irritación entre los ciudadanos, mientras que el aumento del IVA impacta también a sectores cercanos al régimen.

Según servicios de inteligencia de Letonia citados por AFP, algunas élites rusas ya discuten posibles reemplazos para los actuales dirigentes, en busca de figuras más jóvenes que protejan sus intereses.
La pregunta sobre qué ocurre en Moscú resuena en círculos internacionales. La economía rusa, volcada al esfuerzo de guerra y sujeta a sanciones, muestra signos de fatiga: el PIB cayó un 0,2% en el primer trimestre, la primera contracción en tres años.
En palabras del politólogo Konstantin Kalachev, “hemos rebasado el umbral psicológico de los cuatro años, y algunos entendieron que las cosas no van para nada como estaba previsto”, dijo a AFP.
Kalachev detalla que, para que haya una crisis real, “se necesitan dos factores: un detonante y un líder”. Según su análisis, “el corte de internet no se convirtió en detonante gracias a la alternativa de los VPN, y en cuanto al líder... nuestro sistema no permite emerger a líderes no autorizados”.
A pesar de las tensiones, Putin conserva un control férreo del poder y, como resalta Kalachev, la disciplina social y la propaganda oficial siguen siendo herramientas clave para evitar que surjan opositores relevantes.
El experto francés Michel Duclos plantea, desde el instituto Montaigne, la comparación con los años ochenta, cuando la URSS comenzó a mostrar grietas ante la resistencia afgana. “La Rusia de hoy día choca con el escollo ucraniano”, escribió Duclos, aludiendo a las similitudes históricas y a la sensación de atasco que vive actualmente el Kremlin.


