Jaque (al) mate: Riquelme y un nuevo fracaso en Boca
El nuevo fracaso en la Copa Libertadores es solo una muestra más de un modelo de gestión que está agotado. El hincha va a la Bombonera sin la esperanza de otras épocas, el club hace más de tres años que no consigue un título y en los últimos 15 meses hubo cinco eliminaciones como local. Cuando las cosas se hacen mal es muy probable que así terminen.
Gabriel Rymland, TyCEl “que se vayan todos” y “la comisión, la comisión, se va a la p…” es la forma que encontró el hincha de Boca para criticar a Riquelme. No lo quiere insultar y está bien que así sea, porque no debe hacerlo. Nunca. Pero es hora que de una vez por todas del otro lado se reciba el mensaje: así no va más. Ya fueron varios los avisos que el presidente decidió menospreciar. Hubo cinco eliminaciones como local en 15 meses y este nuevo papelón solo confirma un modelo de gestión que está agotado, con una seguidilla de fracasos que así lo demuestran y el temor de no saber cuándo se tocará fondo. Por este tipo de cuestiones es que es tan peligroso tener a un ídolo en un lugar de tanto poder.
Más allá de haber sido perjudicado en varias oportunidades por la Conmebol hay demasiadas falencias internas como para solo poner el foco en este aspecto. Si el 3 suplente terminado siendo el 4 titular, si el 9 es Milton Giménez y en el banco de suplentes no aparecen alternativas que puedan cambiar la ecuación todo se hace cuesta arriba. Se subestimó (otra vez) el cargo de entrenador y se sostuvo a Úbeda. Se pasó del “no hay que volverse locos con los refuerzos” a contratar a las apuradas y tarde a tres jugadores (Ángel Romero, Ascacibar y Bareiro), todos con el semestre ya comenzado. Son tantos los errores no forzados que cuesta repasarlos.
Y cansa reiterar algunas situaciones, como la presencia de Martegani en el banco de suplentes cuando lleva un año y tres meses sin jugar. Lo exasperante que es Velasco, un futbolista por el cual se pagaron 10 millones de dólares sin saber cómo se había recuperado de una grave lesión. La nula esperanza que genera Janson, otro que estuvo entre los relevos y no había manera de que pudiera ingresar. Alguna vez se sabrá qué crimen cometió Zenón -más allá de sus flojas presentaciones- para quedar tan relegado y sin las oportunidades de otros que las merecían menos. Ojalá se explique por qué se contrató a Williams Alarcón. Y mejor ni hablemos de Cavani…
El mejor funcionamiento del equipo apareció cuando se encontró el mediocampo: Ascacibar (llegó de apuro y con el semestre empezado), Paredes (el único que estaba asentado), Milton Delgado (no lo querían, pero no les quedó otra que ponerlo) y Aranda (ni siquiera había hecho la pretemporada). Esto muestra a las claras la improvisación constante y lo complicado que es lograr objetivos bajo esta línea de escasa planificación. Es poco serio. Las lesiones influyeron, pero las desinteligencias fueron la clave del fracaso. Se confundió el hecho tener personalidad con salir a patotear y así hubo infantiles suspensiones que también perjudicaron. Y la falta de jerarquía impidió hacer pie en los compromisos importantes, esos que marcan un antes y un después. Por eso las almas que incansablemente llenan la Bombonera ya no tienen la confianza de otras épocas. Es como si todo dependiera de una moneda al aire.
Los resultados solo grafican el modelo de Riquelme, un autócrata que solo busca imponer sus ideas y no tiene autocrítica. Con gente a su alrededor que por temor o vaya a saber uno por qué no puede oponerse en nada y funciona más como reidores que como colaboradores. Y Román está empecinado en que sus apuestas resulten a cualquier costo, como si tener razón fuera lo más importante. Incluso por sobre los intereses del club. Ya van más de tres años sin títulos y le queda una sola Copa Libertadores (si es que se clasifica) antes de que finalice su segunda gestión al mando del fútbol en la institución. Lamentablemente tampoco asoman alternativas serias que ilusionen con un cambio lejos de esta grieta en la que cayeron los hinchas.
Me imagino que nadie se habrá creído eso de que su decisión de meterse en la vida política de Boca fue por el supuesto pedido entre lágrimas de su hijo luego de la derrota en Madrid contra River. Acaso si aquella anécdota fuera real solo podría ser ubicada como un motivo secundario. Está bastante claro: volvió por venganza. Hizo un trabajo fino con esporádicas apariciones televisivas en momentos clave, los de derrotas. Esos en los que la gente pedía que por favor no hablara. No le importaba, su plan estaba en marcha y no dudó cuando encontró de rodillas a su enemigo. El Macrismo -encabezado por Angelici- había quedado marcado por la peor caída en la historia y solo era cuestión de esperar las elecciones para dar el golpe final.
No sería extraño que en los próximos días vuelvan a aparecer noticias con supuestos avances en la ampliación de la Bombonera, un proyecto que debería estar consensuado con todas las agrupaciones por tener una duración que seguramente supere un mandato. Y tampoco llamaría la atención que fuera el caballito de batalla del oficialismo para los próximos comicios, aunque ya fue promesa en las últimas dos votaciones. Sería otro incumplimiento. Ojo a los de la otra vereda, que en 30 años de gobierno nunca hicieron nada concreto para lograr las obras que realmente se necesitan. Acá se tira hacia adelante y se apoya siempre a todos, pero con un solo límite. Hacerle daño al club. Y esto está pasando. Por eso, jaque (al) mate.


