Jabalíes salvajes en Chernóbil: por qué son cada vez más radiactivos

Pese a que pasaron más de 40 años, la carne de estos animales supera los límites de seguridad para el consumo humano. La reducción en la presión cinegética disparó su población, con daños crecientes en cultivos y bosques de Europa central

Infobae

El accidente nuclear de Chernóbil, ocurrido el 26 de abril de 1986, marcó un antes y un después en la historia de la energía atómica y el impacto ambiental. La explosión del reactor número 4 liberó un volumen inmenso de radiación, forzando a las autoridades a tomar medidas drásticas para proteger a la población.


Una de las decisiones fue la creación de una zona de exclusión de 30 kilómetros a la redonda, donde el acceso quedó restringido salvo excepciones muy puntuales. De acuerdo con National Geographic, este territorio, virtualmente deshabitado por humanos, se transformó en un laboratorio natural para observar los efectos de la radiactividad en el entorno.

El área de exclusión de Chernóbil, al quedar libre de presencia humana constante, ha permitido un seguimiento singular de los cambios ecológicos y biológicos provocados por la radiación.

Un jabalí en la montaña (Ministerio de Agricultura)
Investigaciones científicas revelan que los lobos de Chernóbil han desarrollado resistencia biológica frente a la radiación ambiental (Ministerio de Agricultura)

La magnitud del desastre y la cantidad de material radiactivo liberado convirtieron este sitio en un caso sin precedentes documentados a nivel mundial, impulsando la recolonización espontánea por parte de numerosas especies animales y vegetales e incentivando investigaciones científicas sobre adaptación, mutaciones y resiliencia biológica en condiciones extremas.

Efectos de la radiación en la fauna

El desastre de Chernóbil ha servido a la ciencia para analizar cómo la fauna local responde a la radiación. Como detalla National Geographic, las manadas de lobos que habitan la zona han sido objeto de atención, ya que parecen haber desarrollado una resistencia biológica a los efectos nocivos de la radiación tras décadas de exposición. Estos cánidos se han convertido en símbolo de adaptación, mostrando cambios en su fisiología y comportamiento que intrigan a los investigadores.

Los hongos negros presentes en la zona han demostrado la capacidad de alimentarse de la radiación ambiental, lo que les otorga interés en los estudios sobre posibles aplicaciones en la colonización de otros planetas. En ese contexto, los jabalíes han surgido como el grupo de animales más radiactivos del área, generando nuevas preguntas sobre la interacción entre dieta, comportamiento y persistencia de contaminantes.
Los hongos negros presentes en Chernóbil muestran una notable adaptación al alimentarse de radiación, con aplicabilidad posible en astrobiología (Cristóbal Jiménez/iNaturalist CC BY-NC-ND 4.0)

Persistencia radiactiva en los jabalíes de Chernóbil

A diferencia de otras especies de la zona de exclusión de 30 kilómetros, los jabalíes mantienen niveles elevados de radiactividad, fenómeno denominado la “paradoja del jabalí salvaje”, que intriga a la comunidad científica. Estudios publicados en Environmental Science & Technology indican que, mientras especies como ciervos y corzos ven disminuir la radiación en sus cuerpos, los jabalíes no solo la conservan, sino que la incrementan con el paso del tiempo, desafiando las predicciones físicas habituales.

El equipo de la Universidad de Viena, la universidad austriaca, y la Leibniz Universität Hannover, la universidad alemana, explica que esta situación no se debe únicamente al accidente nuclear de 1986, sino que está relacionada también con residuos de pruebas de armas nucleares realizadas durante la Guerra Fría.

Piara de jabalíes (AdobeStock)
Expertos identifican al cesio 137 como el principal responsable de la radiactividad persistente en los jabalíes de Chernóbil y Europa central (AdobeStock)

La dieta subterránea del jabalí

El mantenimiento de los altos niveles de cesio radiactivo en los jabalíes se explica en gran parte por su dieta particular. Estos animales consumen la trufa de ciervo (Elaphomyces), un hongo que crece entre 20 y 40 centímetros bajo la superficie del suelo y actúa como acumulador natural de partículas pesadas. Según lo documentado por National Geographic, este hongo absorbe isótopos radiactivos que se filtran muy lentamente a través del terreno, a un ritmo de apenas un milímetro por año.

El doctor Bin Feng, de la Leibniz Universität Hannover, señala que “las diversas fuentes de isótopos radiactivos poseen huellas físicas diferenciadas entre sí”. Esta particularidad permite rastrear el origen del material y entender por qué los jabalíes mantienen una radiactividad tan elevada en comparación con otras especies.

La carne de jabalíes en Europa central excede los límites de seguridad, obligando a reducir su caza y generando sobrepoblación y problemas agrícolas (Animalia)

Consecuencias actuales: impacto en la caza, aumento poblacional y daños en cultivos

La elevada radiactividad en los jabalíes ha tenido efectos directos en la gestión de la fauna y la seguridad alimentaria en Europa central.

En regiones como Baviera, los cazadores han dejado de capturar estos animales, ya que su carne supera ampliamente los límites de seguridad para el consumo humano. La reducción en la presión cinegética ha propiciado un crecimiento descontrolado de las poblaciones de jabalíes, generando un nuevo desafío para las autoridades.

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