Independiente le ganó a San Lorenzo, ambos se clasificaron, pero las dudas los sobrevuelan

El Rojo venció 2-1 en el Nuevo Gasómetro y avanzó en el quinto puesto; el Ciclón sufrió la expulsión de Cuello, su figura

Imprevisible de pies a cabeza, capaz de lo mejor y lo peor de una semana a otra y hasta dentro de los 45 minutos de un tiempo, Independiente alcanzó un quinto puesto en la tabla de la Zona A absolutamente impensable cuando comenzó la jornada. Con el 2-1 en el Nuevo Gasómetro, un estadio que últimamente le dibuja sonrisas (no cae allí desde 2015), se metió en los playoffs del Apertura. También, y pese al tropiezo, se clasificó San Lorenzo, que dependerá de lo que haga el lunes Defensa y Justicia para saber si lo hace en el séptimo u octavo puesto.


Se habló de un clásico con aroma a final en toda la semana previa. Se sospechó un empate más o menos pactado que podía beneficiar a los dos en cuanto acabó la fecha anterior. Se especuló con un partido de aire conservador para sumar el puntito necesario y ahorrar tarjetas amarillas que pudieran dejar afuera de octavos de final a algunos protagonistas.

Incluso los hinchas locales fueron copando las tribunas con cierta pereza, como si todavía llevasen en el cuerpo las emociones del cruce con el Santos de Neymar por Copa Sudamericana o dieran por sentado el pase a la etapa decisiva del Apertura. Tal vez también porque el primer frío de otoño se hizo sentir con las luces de la noche e invitó a buscar reparo bajo las tribunas hasta minutos antes del arranque. La luna casi llena esperó para asomar teñida de amarillo por detrás de las gradas que ocupa la barra azulgrana.

Se lamenta Cuello; fue expulsado por simular y quedará al margen de los octavos de final
Se lamenta Cuello; fue expulsado por simular y quedará al margen de los octavos de finalManuel Cortina

Pero buena parte de lo imaginado quedó deshecho un par de horas antes de que Pablo Dóvalo hiciera sonar el silbato por primera vez. El sorprendente empate de Lanús en La Fortaleza ante Riestra había abierto el acceso a ese apetitoso quinto lugar que, además de evitar a los tres mejores equipos de la otra zona en octavos de final, daba la posibilidad de afrontar como local alguna instancia siguiente en función del rival que tocara en suerte. Y de algún modo, esa circunstancia modificó el rumbo de la noche.

En los primeros dos minutos, Alexis Cuello (fue expulsado por doble amarilla y no estará en la próxima etapa del torneo) le instaló el susto en el cuerpo a Rodrigo Rey, aunque sin la puntería necesaria; a los 9, Matías Abaldo quedó mano a mano con José Devecchi tras una pared con Gabriel Ávalos y perdió la partida con el arquero; hasta que a los 15, el delantero paraguayo puso a correr a Maximiliano Gutiérrez por derecha y Abaldo empujó a la red el exacto centro bajo del chileno.

Mantener ese nivel de intensidad y capacidad ofensiva hubiese sido más propio de un encuentro de Champions League que de nuestro fútbol. No ocurrió semejante milagro, el juego se alejó de las áreas y se enredó en el medio hasta el cierre de la etapa inicial, pero sirvió para dejar en claro que la noche pintaba más roja que azulgrana.

Lo más destacado de San Lorenzo 1 - Independiente 2

La doble vida de los de Boedo, entre el torneo argentino y la Copa Sudamericana, le afecta en su principal virtud: el ímpetu físico y psíquico para complicarle la vida a los adversarios. Sin ella, el conjunto de Gustavo Álvarez pierde la brújula, se diluye el contagio entre los jugadores y hasta la conexión con la hinchada y queda a merced de lo que pueda hacer el rival.

En esa primera mitad, y hasta que Gustavo Quinteros comenzó a mover el banco del Rojo ya en el segundo capítulo, San Lorenzo fue apenas la sombra de lo que se le reconoce. Imprecisos en la conducción Manuel Insaurralde y Facundo Gulli, desconectados Cuello y Rodrigo Auzmendi, el peso del equipo se volcó sobre la defensa, donde salvo Johan Romaña nadie daba la seguridad suficiente. Gutiérrez era una pesadilla para Lautaro Montenegro, que no recibía ninguna ayuda en la marca, e Independiente manejaba el partido sin excesos pero también sin problemas.

La sensación se multiplicó a la vuelta del descanso, y a los 9 la acción del primer gol se fotocopió por la otra banda. Ávalos puso la pelota para la carrera de Abaldo, el uruguayo tocó hacia la derecha para Gutiérrez, que definió sobre la salida de Devecchi.

La desventaja dejó groggy durante varios minutos a los azulgranas. Bajaban los murmullos de las gradas ante cada pase fallido y los pedidos de “movimiento”, mientras Independiente iniciaba su particular concierto de ocasiones mal finalizadas. Los tres delanteros visitantes tuvieron varias veces la oportunidad de liquidar el choque con un tercer tanto. No concretaron, el técnico entendió que tenía el triunfo en el bolsillo, quitó a Iván Marcone para evitarle una amonestación que hubiera sido la quinta, y a Santiago Montiel, que una vez más se movió como volante por el centro y demostró que no está capacitado para desempeñar esa función. Las modificaciones, sin embargo, desfiguraron al equipo. Una acción aislada en el área de Rey encendió al público y dio vuelta el desarrollo como si fuera una tortilla.

De pronto, los de Boedo recuperaron el aliento y el ímpetu extraviado. La movilidad de Nahuel Barrios levantó a sus compañeros, Ezequiel Herrera resolvió un flipper para poner el descuento y hasta el último silbato de Dóvalo el resultado quedó flotando en el aire. Lo sostuvieron un par de atajadas de Rey y un rechazo postrero en la línea de Juan Manuel Fedorco ya en el descuento.

El empate que se vaticinaba en la semana hubiese dejado la clasificación de Independiente en suspenso hasta el lunes; la victoria -merecida pese a los sustos de última hora- lo ubicó quinto, muy por encima de lo supuesto. San Lorenzo tendrá un rival en principio más complicado en octavos. Clasificaron los dos, pero por otras vías, y aunque los antecedentes avalan que en este tipo de torneos las candidaturas son muy relativas, ambos tendrán que pensar en cómo superar sus baches y mejorar sus producciones si quieren soñar con llegar más lejos que sus propias limitaciones.

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