El tiro al aire de echar al entrenador
El Oviedo. Nueve es el promedio de entrenadores destituidos en Primera en las cuatro temporadas precedentes. Siete han caído en esta, más Coudet, que lo dejó para irse a River. La secuencia se repite: el equipo pierde y quien fichó, renovó o despidió en verano cree que con la plantilla que construyó se puede hacer mejor, que se equivoca otro. El porcentaje de errores en esta apreciación es alto. Oviedo y Madrid, que ayer se vieron en el Bernabéu, son buenos ejemplos. El equipo asturiano estaba fuera del descenso cuando destituyó a Paunovic, Carrión lo dejó vicecolista, a cinco puntos de la salvación, y con Almada se ha ido a Segunda.
El Sevilla. De los otros cinco técnicos caídos, Almeyda, Xabi Alonso, Arrasate, Sergio Francisco y Julián Calero, solo el último acababa contrato en junio. Los dos primeros llegaron el pasado verano y firmaron compromisos largos, de tres años, promesa de paciencia claramente incumplida. Almeyda se marchó con el Sevilla a tres puntos del descenso y tras una sanción de siete partidos por una reacción iracunda tras ser expulsado en un partido frente al Alavés. Era el octavo técnico del conjunto de Nervión en los últimos cuatro años, todos con diferentes personalidades y métodos, lo que hace suponer que había más problemas en la orquesta que en la batuta.
La Real. Lo mismo vale para el Madrid, donde todo fue a peor tras la salida de Xabi, destituido tras perder por un gol la Supercopa ante el Barça, a cuatro puntos de los culés en la Liga, vivo en la Copa y entre los ocho primeros en la Champions. Su salida no mejoró al equipo, que vio cómo el Barça cantaba el alirón en sus barbas. Además, la presunta pacificación del vestuario acabó con peleas internas y jugadores defenestrados. Demichelis y Luis García han aliviado levemente la situación de Mallorca y Sevilla, pero el único caso de desfibrilación que ha funcionado es el de Matarazzo en la Real, prueba de que en esto se dispara más al aire que al blanco.


