El Real Madrid asume errores y busca al topo que ha hecho saltar todo por los aires

La fractura en el vestuario blanco es evidente tras lo sucedido estos últimos días. Arbeloa está sobrepasado por la situación y el club tomará medidas.

José Félix Díaz
As
El vestuario del Real Madrid ha saltado por los aires en los últimos días, pero la decadencia es algo que se venía anunciando desde la temporada pasada. La presencia de Carlo Ancelotti sirvió de freno y de punto de unión para que todos los futbolistas caminaran en la misma senda pese a las diferencias ya existentes y que han derivado en una convivencia inexistente. Es más, el italiano y los suyos calmaron situaciones muy tensas entre dos jugadores de mucho peso tras la derrota ante el Milan en Champions. Ancelotti imponía, lo que ha llegado después, no.

Lo cierto es que, desde el inicio del presente ejercicio, cada uno va a lo suyo. Muchos ni se hablan y otros han mostrado sus diferencias en público sin el menor rubor. El colectivo ha pasado a un segundo plano, pese a algunos gestos de los últimos meses hechos cara a la galería, pero sin calado alguno en el devenir del grupo. Los dirigentes han sido conscientes del deterioro del vestuario, pero siempre han confiado en que la calidad que los futbolistas tienen de manera individual podría valer para que el grupo volviera a competir. La realidad ha sido otra bien distinta y el equipo ha jugado y competido cuando ha querido, despreciando LaLiga y no llegando para poder llegar a la semifinal de la Champions.

Los dirigentes han sido conscientes desde el mes de enero de que en el verano de 2026 había que dar una vuelta a la situación y Arbeloa no ha podido hacerlo. La situación le ha superado. Lo que no se esperaban, ni de lejos, es en lo que se ha convertido un vestuario sin control alguno, con futbolistas entornos y demás disfrazados de filtradores de todo lo que sucedía entre esas cuatro paredes y que no ha sido poco. El respeto se perdió, tal y como Valverde y Tchouameni han demostrado.

En Valdebebas no dan crédito ante la poca lealtad mostrada. Por momentos, se pensó en poner trampas en un intento de frenar las filtraciones interesadas de unos y otros. Se han transcrito diálogos, empujones, desprecios… todo ello en un claro síntoma de que el grupo estaba en plena descomposición. El grupo apunta en una dirección en eso de encontrar el filtrador, pero el que no es, por mucho que Valverde así lo crea, es Tchouameni. El topo está en busca y captura.

Con el límite superado por todos, unos por dar rienda suelta a la frustración en forma de violencia y otros por no saber controlar la tensión de los futbolistas, la distancia entre el club y el equipo es total. La toma de medidas va a ser drástica y se piensa en acudir a situaciones que en temporadas anteriores se han obviado para abrir de par en par la puerta de salida, empezando por los dos protagonistas de los dos días más tristes del Real Madrid en décadas.

El objetivo no es otro que lograr que el jugador que vista esa camiseta la sienta como su propia piel. No hay otra. Buscan blindar ese vestuario, algo que, por cierto, intentó hacer Xabi Alonso. En Valdebebas se asumen errores como ha sido la renovación de contratos de futbolistas que habían estado en observación por su rendimiento y que ante la falta de protagonismo, han llevado su situación al límite en diferentes momentos o la precipitación en lo de poner al mando de todo a Arbeloa, pero la necesidad apretó en ese sentido tras el no de Zidane al regreso. No es por su capacidad y sí por tener que llevar las riendas de un vestuario roto por completo.

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