¿El nuevo Atlético? Más ataque, menos fiabilidad

Simeone cierra el curso con su versión más ofensiva y flexible, aunque marcada por una fragilidad defensiva poco común.

Tomás Rojas
En una etapa construida desde el orden, la concentración y la defensa, el dato más revelador no está en ataque, sino en defensa: 39 goles recibidos en 37 jornadas y 46 goles esperados en contra.

Durante más de una década, el equipo de Simeone sostuvo una identidad reconocible: el rival le costaba mucho hacer daño. Por eso esta temporada abre un debate, no porque haya dejado de ser competitivo, sino porque ha dejado de ser fiable en defensa.

Su nueva faceta goleadora

El equipo mostró una versión más ofensiva, con más perfiles para atacar, más jugadores capaces de recibir entre líneas y más variantes tanto para correr como para elaborar. La llegada de futbolistas como Álex Baena, Thiago Almada y Johnny Cardoso apuntó a una plantilla con más recursos y menor dependencia de un único plan de juego.

En LaLiga, esa evolución se reflejó en varios tramos del curso, cerrando la temporada con 61 goles en 37 jornadas, y superando los 100 tantos en el global de todas las competiciones. Sin embargo, ese crecimiento en ataque no debe ocultar el problema central: ganó amenaza, pero perdió parte de la seguridad que durante años le permitió competir incluso en los días de menor inspiración.

Un muro que empezó a agrietarse

El Atlético en la actual temporada ha recibido 39 goles en 37 jornadas de Liga, una cifra alejada de los años en los que Simeone construyó sus mejores temporadas desde el candado defensivo.

Pero lo más preocupante no está solo en la cantidad, sino en la calidad de las ocasiones concedidas: 45,90 goles esperados en contra reflejan que el rival no solo llegó más, sino que también encontró situaciones más claras para hacer daño.

Y la comparación con el pasado es inevitable, ya que el Atlético de la 15-16, con Oblak como Zamora tras encajar solo 18 goles en 38 partidos, no se explicaba únicamente por su portero. Aquella solidez nacía de una estructura completa: centrales, laterales y mediocampistas atentos a cerrar líneas de pase y que sabía cuándo replegar, cuándo saltar a presionar y cuándo proteger el área, Oblak era la última garantía, pero antes de él había un equipo diseñado para reducir riesgos.

Esa identidad se sostuvo durante años con defensas como Godín, Miranda, Giménez, Savic, Juanfran o Filipe Luis, nombres que representaron una cultura defensiva basada en concentración, ayudas constantes y agresividad en el duelo, no fueron solo premios individuales, sino el reflejo de un equipo que defendía como una unidad.

Esta temporada, en cambio, Oblak volvió a ser importante, pero muchas veces apareció más como salvavidas que como complemento de una estructura segura. La búsqueda de una versión más ofensiva le obligó a defender más metros, con mediocampistas corriendo hacia atrás y centrales menos protegidos.

La Champions como espejo

En la Champions, el Atlético alcanzó las semifinales con 35 goles a favor y volvió a competir en la élite europea, pero también encajó 28 tantos en 16 partidos, la cifra más alta del club en una misma edición. Una única portería a cero en todo el torneo. Un dato que golpea porque no responde a una eliminación temprana, sino a una campaña larga en la que el equipo llegó lejos sin transmitir la seguridad que definió sus mejores años.

Las señales ya habían aparecido en la fase liga, cerrada en 14ª posición, con 17 goles a favor y 15 en contra en ocho partidos, un balance inusual para un equipo históricamente protegido en el área.

La derrota 4-0 ante el Arsenal en Londres fue la imagen más clara de esa fragilidad, pero no fue un accidente aislado y fue parte de una tendencia, como se vio en la fase eliminatoria ante Club Brujas y Tottenham. El camino hasta semifinales confirmó a un equipo competitivo y más goleador, pero menos dominante en la defensa.

La comparación con sus finales de Champions ayuda a entender el cambio que están viviendo. En la 13-14, cuando encajó solo 10 goles, llegó a Lisboa tras eliminar a Barcelona y Chelsea con una estructura mucho más sólida: bloque compacto, ayudas constantes y una defensa diseñada para llevar cada eliminatoria al límite.

Dos años después, en la 15-16, el patrón fue aún más evidente, volvió a una final tras eliminar a Barcelona y Bayern desde una versión todavía más hermética, con apenas 8 goles recibidos en toda la competición, reforzando la idea clave de la era Simeone: competir al máximo nivel partía de cerrar todos los caminos al rival.

Aunque esta temporada también llegó lejos, lo hizo desde otro registro: más gol, más ritmo y una exposición mucho mayor. Los 28 tantos encajados no solo evidencian fragilidad, sino también una transformación en su forma de competir.

El Atlético no ha perdido por completo su identidad, pero sí ha dejado señales de cambio en la nueva faceta ofensiva de Simeone. Esta temporada para el club demostró que puede evolucionar, pero también recordó que su historia reciente se escribió desde la defensa por lo que no lo pueden apartar.

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