El Madrid se desintegra

Vuelve del Clásico peor de lo que fue a Barcelona. El nuevo lío con Mbappé, la extraña gestión de la gripe de Huijsen, la insistencia en Camavinga...

Carlos Forjanes
As
El Clásico no fue el extintor para la bola de fuego que está arrasando el vestuario del Real Madrid. Pensarlo siquiera era casi pecar de optimismo, pero si alguien es capaz de sorprender y hasta sorprenderse logrando algo así, ese es el Madrid. La pura lógica empujó a lo contrario. Un equipo en el que Mbappé se bajó de un partido que había preparado en los huecos disponibles entre el yate y el avión privado, donde Vinicius tuvo que portar el brazalete, que a minutos del pitido inicial vio como Huijsen se caía del once por una gripe que le dejó inoperante en el calentamiento, donde futbolistas desesperados y desesperantes como Camavinga le quitan el espacio a la cantera... Si no es una carrera hacia la desintegración, se le parece.

El Madrid vuelve de Barcelona incluso peor de lo que fue. Que ya era difícil. Abajo sometido, otra vez más, por el Barça, y fuera del verde convertido en objeto de sorna indisimulada. El autobús blanco fue recibido en el Camp Nou al grito de “¡que se peguen, que se peguen!” y al Barcelona se le ocurrió que era un buen día para repartir palomitas en la tribuna de prensa. No se avistaron arranques de orgullo de los que Juanito, convertido en un eslogan vacío por Arbeloa, sí hacía gala. El técnico de hecho pensó que para algo así era mejor Camavinga que Thiago Pitarch... O quizá si los hubo, pero mal entendidos. Tchouameni, no podía ser otro, fue el único del equipo que se fue sin darle la mano al Barça campeón...

El Madrid se desintegra
La foto que subió Mbappé, con el Real Madrid cayendo por 2-0 en el Clásico, a sus redes sociales.

La ocurrencia de Mbappé...

Pero no todo sucedió en el Camp Nou. El clima social en torno al club se está volviendo atómico y ayudó a ello, en pleno partido, la ocurrencia de Mbappé. Con 2-0 colgó en Instagram una foto de su tele mostrando el partido (en un canal extranjero) y un “Hala Madrid” con un corazón blanco. Tres días después de su ataque de risa con dos de sus compañeros a palos. Suena a demasiada despreocupación para ser el mascarón de proa de un proyecto que se asfixia y que ha sufrido un alirón en la cara. Una palada de sal a una hemorragia en la que el torniquete elegido está aún en Lisboa.

Ahora suenan tambores de guerra para el jueves. Lo que pudo ser una noche para intentar calmar al pueblo a costa del Oviedo se ha transformado en otro examen masivo de un Bernabéu en modo Robespierre y del que no parece que se vaya a librar nadie.

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