El alto representante para Gaza advirtió que el desarme de Hamas es imprescindible para avanzar con la reconstrucción
“Tenemos un alto el fuego. Se mantiene. No es perfecto. Está lejos de serlo. Hay violaciones todos los días y algunas son muy graves”, declaró el diplomático búlgaro. Precisó que esas infracciones tienen consecuencias concretas: “Significan que todavía se mata a civiles”.
El paso a la segunda fase del acuerdo —que contempla el desarme de Hamas y la retirada progresiva del ejército israelí, que aún controla más del 50% de la Franja— se encuentra completamente bloqueado. El grupo terrorista ha buscado diferenciar entre armas “pesadas”, como cohetes, y “ligeras”, como rifles y pistolas, según funcionarios de Hamas y mediadores citados bajo condición de anonimato.
El plan de 20 puntos del presidente Trump exige que toda la “infraestructura militar, terrorista y ofensiva” de Hamas en Gaza, incluidos túneles e instalaciones de producción de armas, sea destruida y que las armas queden “permanentemente fuera de uso”. Tanto Washington como Tel Aviv sostienen que ese lenguaje no admite interpretaciones.
Mladenov dejó abierta la posibilidad de que Hamas tenga un papel en la Gaza de posguerra si depone las armas. “No pedimos que Hamas desaparezca como movimiento político”, afirmó. Lo que descartó de plano es que “facciones armadas o milicias con sus propias estructuras de mando militar, sus propios arsenales o redes de túneles puedan coexistir junto a una autoridad palestina de transición”.
En las zonas que aún controla, Hamas está consolidando su dominio sobre la población, según Mladenov. El grupo impone impuestos a personas “que no tienen nada que dar” e impide que trabajadores palestinos cualificados construyan refugios para los desplazados internos. Israel, por su parte, mantiene bloqueada la entrada al enclave de los 15 miembros del Comité Nacional para la Administración de Gaza (NCAG), el grupo de tecnócratas designado para gestionar de forma transitoria la desmilitarización y la reconstrucción de la Franja.

Mladenov subrayó que las condiciones de vida en Gaza siguen siendo “desesperadas y miserables” para más de 2 millones de personas, con familias viviendo en tiendas de campaña y desplazadas de sus hogares. Afirmó que lo que ocurre allí “no es lo que se les prometió a los palestinos, ni lo que merecen, ni le brinda a Israel la seguridad necesaria para avanzar”.
La magnitud de la destrucción hace que la recuperación sea una tarea de décadas. “Estamos hablando del trabajo de toda una generación para Gaza”, señaló, al referirse a las decenas de millones de toneladas de escombros por retirar y al más de un millón de personas que necesitan algún tipo de refugio permanente con acceso básico al agua y al saneamiento.


