Ecos de una noche inolvidable: el silencio de un River en pena y la algarabía de un Belgrano para la historia

Córdoba se tiñó de celeste tras el heroico triunfo del Pirata y decenas de miles de hinchas coparon la calle de la ciudad. La contracara, los fanáticos del Millonario que, en su mayoría, ya emprendieron el regreso a Buenos Aires totalmente desilusionados.

Cristian Damiani
TyC
La ilusión era inmensa, de los dos lados. Belgrano, porque soñaba el primer título de AFA de su historia; y River, porque buscaba dar una vuelta de página tras años de malaria y empezar el ciclo Coudet con una vuelta olímpica. Las emociones estuvieron a pleno durante el partido y el 3-2 final para el Pirata desató una fiesta interminable en la ciudad de Córdoba

En un partido con muchísimos vaivenes, la alegría cambió de lado de manera agónica y lo que parecía encaminarse para una celebración del Millonario terminó en la más gloriosa noche en la vida de los hinchas piratas. Los 25 mil hinchas del Celeste fueron los últimos en dejar el estadio, pero afuera había cientos de miles listos para salir a festejar

En realidad, fueron los jugadores los que literalmente cerraron el Kempes. La celebración incluyó las clásicas trepadas a los arcos, el cuarteto desde los parlantes, las fotos y abrazos con la familia y la vuelta olímpica (media en realidad, porque siempre se quedaron con su gente), todo acompañado de un atardecer que tuvo gusto a gloria para Belgrano.

"Una locura. Se lo queremos dedicar a toda la gente. Fue emocionante ver a toda la gente cómo nos apoyaba, el esfuerzo que hace todo el mundo. Maravilloso. Hemos venido para esto, para tratar de darle alegrías a la gente y por suerte lo hemos podido lograr", fueron las palabras de Ricardo Zielinski, el padre de la criatura

Del otro lado, un Eduardo Coudet descontrolado se fue expulsado por increpar al árbitro y, muy lejos de la mesura y la tranquilidad del Ruso, solo se lo escuchó decirle ladrón a Yael Falcón Pérez y quejarse por haber sido perjudicado otra vez, según su mirada. "Ya van tres veces que me cagan en una final en esta cancha", dijo a los gritos mientras se iba al vestuario. 

Los jugadores de River se quedaron para recibir su medalla por el segundo puesto (el Chacho no volvió a salir al campo de juego) cabizbajos, incluso Juan Fernando Quintero quiso irse antes de que fuera premiado Belgrano, pero lo frenaron. La gente, en espejo, dejó la cancha totalmente desilusionada y con la sensación de que se les había escapado una chance de volver a ser. 

Apenas minutos después de que Belgrano se proclamara campeón del fútbol argentino por primera vez en su historia, una marea celeste empezó a inundar las calles de la ciudad. Desde el mismo Kempes y desde todos los rincones de Córdoba, los hinchas colmaron las calles y, en su mayoría, se dirigieron a la zona céntrica de Patio Olmos, lugar emblemático donde suelen concentrarse las muchedumbres en momentos icónicos como este. 

La fiesta pirata no parece tener fin. Pasan las horas y cada vez más fanáticos toman las calles, en una reminiscencia que, por su masividad y efusividad, a los locales les hizo acordar a los festejos por el último Mundial. Por el otro lado, la desazón del Millonario se hizo muy notoria entre su gente, el plantel y el mismo cuerpo técnico. Con un partido más por delante antes de terminar el semestre, en Núñez solo queda barajar y dar de nuevo

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