Desde comer más alimentos con fibras hasta una banda elástica en el consultorio, las claves más actualizadas para tratar las hemorroides
Una de cada cuatro personas en el mundo las padece, pero pocas saben que la mayoría de los casos se resuelven sin cirugía y con cambios simples en la dieta. La Asociación Estadounidense de Gastroenterología publicó recomendaciones sobre cómo diagnosticarlas y tratarlas, según la gravedad
InfobaeLas hemorroides están presentes en todas las personas, pero se vuelven un problema cuando el estreñimiento, el embarazo o el esfuerzo al ir al baño las irritan o desplazan de su lugar. La Asociación Estadounidense de Gastroenterología actualizó las pautas que se deben considerar para hacer hoy el diagnóstico y el tratamiento.
Estas normas fueron elaboradas por especialistas del Colegio de Medicina Baylor, la Universidad de Virginia y el Colegio de Medicina de Georgia de Estados Unidos y publicadas en la revista Clinical Gastroenterology and Hepatology.
PUBLICIDAD
El problema silencioso

Hasta el año pasado, no existía un cálculo global confiable sobre cuántas personas padecen hemorroides. La falta de datos precisos dificultaba la planificación de estrategias de prevención y atención médica a escala mundial.
Investigadores de Irán y Estados Unidos revisaron 6.312 estudios publicados en bases de datos científicas de todo el mundo, sin restricciones de idioma ni de fecha. Tras filtrar los trabajos que no cumplían los criterios de calidad, seleccionaron 150 estudios de 45 países con información de casi 9 millones de personas.
PUBLICIDAD
Los resultados mostraron que aproximadamente el 26% de la población mundial tiene hemorroides en un momento dado, lo que equivale a cerca de uno de cada cuatro adultos.
PUBLICIDAD
Del grado 1 al 4: no todas son iguales

La guía publicada con aval de la Asociación Estadounidense de Gastroenterología indica que el diagnóstico de las hemorroides se debería obtener con historia clínica, examen físico y anoscopia, un pequeño tubo con luz que permite ver el interior del conducto anal.
Ese procedimiento debe realizarse en todo paciente nuevo antes de cualquier tratamiento. En pacientes con sangrado rectal, los autores recomiendan además una colonoscopia para descartar enfermedades más graves.
PUBLICIDAD
Para decidir el tratamiento, los expertos sugieren considerar a las hemorroides internas en cuatro grados según la escala de Goligher. Solo generan dolor intenso cuando se forma un coágulo dentro de ellas, lo que se llama trombosis.

Un dato que suele confundir: cuando alguien siente dolor agudo al ir al baño lo más probable es que se trate de una fisura, una pequeña herida en el borde del ano, y no de una hemorroide. Ambas condiciones pueden coexistir en algunos casos, y en esa situación la fisura debe tratarse primero.
PUBLICIDAD
En diálogo con Infobae, el médico Fabio Nachman, jefe del servicio de gastroenterología de la Fundación Favoloro y ex presidente de la Sociedad Argentina de Gastroenterología (SAGE), comentó: “Es importante que se haya actualizado la guía. Hay personas que tienen un sangrado y creen tener hemorroides sin hacer una consulta médica. Sienten vergüenza y temor a ser estigmatizadas”.
Sin embargo, Nachman resaltó que la consulta a tiempo es clave porque “el síntoma de sangrado puede ser causados por otras patologías, incluyendo cáncer colorrectal, y las personas se benefician si acceden a diagnósticos más tempranos”.
PUBLICIDAD
La mesa antes que el bisturí

Antes de pensar en procedimientos, la nueva guía de EE.UU. establece que el primer tratamiento tras el diagnóstico de hemorroides son los cambios en la alimentación y hábitos. Aumentar el consumo de fibra y evitar el esfuerzo prolongado en el baño son las medidas con mayor respaldo científico.
Los autores de la guía Waqar Qureshi, Sook Hoang, Jeanetta Frye y Satish Rao consideraron dos revisiones sistemáticas que evaluaron siete investigaciones comparativas y encontraron evidencia moderada de que la fibra reduce el sangrado y mejora los síntomas.
PUBLICIDAD
Un estudio con 102 pacientes reforzó esa idea: los participantes que limitaron su tiempo en el baño a tres minutos, evitaron el esfuerzo y consumieron entre 20 y 30 gramos de fibra diaria mostraron mejoras en el prolapso y el sangrado.
Remedios caseros bajo la lupa

Más allá de la fibra, muchas personas recurren a los baños de asiento, que consisten en sumergirse en agua tibia, y a cremas de venta libre. La guía advierte que la evidencia científica que respalda esas prácticas es limitada hasta ahora.
PUBLICIDAD
Una revisión de 36 artículos sobre baños de asiento no encontró pruebas sólidas de mejoría. Las cremas con anestésicos, corticoides o agentes vasoconstrictores (sustancias que reducen el calibre de los vasos sanguíneos) pueden aliviar síntomas de forma temporal.
Pero los expertos advierten que los corticoides tópicos no deben usarse por más de dos semanas seguidas porque adelgazan la piel.
Sin anestesia ni quirófano

Cuando los cambios de hábito no alcanzan, la guía describe dos procedimientos ambulatorios para los grados 1, 2 y muchos casos de grado 3, que no requieren anestesia general.
El primero es la ligadura con banda elástica: se coloca una banda de goma sobre el tejido hemorroidal que corta su circulación hasta que se desprende solo. Su tasa de éxito va del 66% al 94%, aunque varía según el grado de la hemorroide.
El segundo es la coagulación infrarroja: un dispositivo aplica calor al tejido para reducir el flujo de sangre y hacer que la hemorroide se contraiga.
Ambos métodos tienen resultados similares a corto plazo, aunque la ligadura ofrece beneficios más duraderos para el prolapso y el sangrado recurrente.
Embarazo, cirrosis y Crohn: otro terreno

Hay grupos en los que el manejo debe ser diferente. Las hemorroides afectan a hasta dos tercios de las personas gestantes durante el embarazo y la guía recomienda el uso de fibra, cremas, y tratamiento del estreñimiento. En esos casos, se debería reservar los procedimientos para después del parto.
En pacientes con enfermedad de Crohn o colitis ulcerosa, que son enfermedades inflamatorias del intestino, el tratamiento debe postergarse hasta que la enfermedad entre en remisión completa.
En pacientes con cirrosis hepática, los autores advierten que es fundamental distinguir las hemorroides de las várices rectales (venas dilatadas por presión en el hígado), ya que su manejo es completamente diferente y el sangrado puede ser grave.
Cuando solo el bisturí resuelve

Cuando los procedimientos de consultorio no funcionan, la guía reserva la cirugía para los casos de grado 4 y para los grados 2 y 3 que no respondan al tratamiento ambulatorio.
La hemorroidectomía quirúrgica, que es la extirpación del tejido hemorroidal, tiene una tasa de complicaciones de entre el 1% y el 2%.

Todo paciente que reciba cualquier tratamiento debe conocer una complicación poco frecuente pero grave: la sepsis pélvica, una infección que puede volverse mortal y que puede aparecer entre tres y diez días después de la ligadura.
Los síntomas de alerta son dolor intenso, retención urinaria, fiebre y escalofríos, y ante cualquiera de ellos el paciente debe ir de inmediato a urgencias.


