Cuál es el rol de los humanos en la nueva era de inteligencia artificial

Distintos casos muestran que la inteligencia artificial puede automatizar tareas a gran escala, pero también evidencian los límites de reemplazar completamente el criterio humano. En diálogo con DEF, el fundador de Botmaker, Alejandro Zuzenberg, analiza por qué el futuro del trabajo no pasa por la desaparición de las personas, sino por una nueva relación entre humanos y agentes de IA

Infobae

Durante los últimos dos años, la carrera por implementar inteligencia artificial en empresas de todo el mundo estuvo marcada por anuncios de automatización masiva, despidos y promesas de eficiencia inédita. Sin embargo, algunos de los casos más emblemáticos empezaron a revelar una paradoja inesperada: cuanto más avanzan los sistemas de IA, más visible se vuelve la necesidad de intervención humana en procesos críticos.


En ese escenario, Alejandro Zuzenberg, CEO y fundador de Botmaker, sostiene que el error no está en usar inteligencia artificial, sino en pensarla como un reemplazo absoluto de las personas en lugar de una extensión capaz de potenciar equipos, automatizar procesos y reorganizar el trabajo.

Los casos más particulares de IA en el trabajo

En 2022, la fintech sueca Klarna despidió a 700 empleados de atención al cliente. Lo anunció con orgullo: un chatbot impulsado por OpenAI haría el trabajo de todos ellos, más rápido y por una fracción del costo. El CEO Sebastian Siemiatkowski apareció en CNBC a mostrar los números. Los inversores aplaudieron. Pero, seis meses después, la satisfacción de los clientes había colapsado.

El bot atrapaba a las personas en bucles interminables, no sabía leer tonos emocionales, no podía resolver ese 20 % de los casos que se salen del guion y que son, precisamente, los que más importan. Klarna empezó a contratar gente de nuevo. Siemiatkowski terminó admitiendo en sus redes: “Quizás fuimos demasiado lejos en la dirección equivocada”.

Alejandro Zuzenberg es el CEO y fundador de Botmaker, una empresa abocada a los agentes de inteligencia artificial (Foto: Fernando Calzada)
Alejandro Zuzenberg es el CEO y fundador de Botmaker, una empresa abocada a los agentes de inteligencia artificial (Foto: Fernando Calzada)

IBM eliminó aproximadamente 8000 puestos en recursos humanos y automatizó la mayoría de esas funciones con un sistema llamado AskHR, que llegó a resolver el 94 % de las consultas rutinarias: gestión de vacaciones, nóminas, documentación. El ahorro estimado fue de 3500 millones de dólares.

El problema llegó cuando la propia tecnología que había optimizado los procesos generó nuevas necesidades en áreas estratégicas que el sistema no podía cubrir: juicio, negociación, situaciones que escapaban del protocolo. IBM tuvo que volver a contratar, en perfiles distintos y más calificados, pero más personas que antes.

El patrón que emerge de estos casos no es que la IA sea mala. Es que su despliegue como sustituto total –y no como herramienta de apoyo– tiene costos que no aparecen en la primera planilla de resultados.

La inteligencia artificial reconoce patrones en datos, genera respuestas que estadísticamente se parecen a las que daría un humano, pero sin conciencia de lo que está diciendo ni de a quién se lo dice. Esa diferencia no es filosófica: es clínica, legal y comercial.

El despliegue de la IA como sustituto total –y no como herramienta de apoyo– tiene costos que no aparecen en la primera planilla de resultados (Foto: archivo DEF)
El despliegue de la IA como sustituto total –y no como herramienta de apoyo– tiene costos que no aparecen en la primera planilla de resultados (Foto: archivo DEF)

Para Alejandro Zuzenberg, CEO y fundador de Botmaker, que lleva más de una década construyendo sistemas de automatización conversacional para empresas en toda la región, este tipo de errores tiene una raíz común. “Los agentes de IA no reemplazan la comunicación de la persona, sino que automatizan un proceso”, explica.

La distinción parece sutil, pero cambia todo: una empresa puede delegar en un agente la gestión completa de un pedido –desde la consulta inicial hasta el cobro, el seguimiento y la encuesta de satisfacción– sin que eso implique sacar a las personas del vínculo cuando este importa.

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