Boca en llamas: perjudicado por el árbitro y complicado en la Copa
El Xeneize, con uno más en el cierre, empató 1-1 con Cruzeiro y llega obligado a la fecha final. En el cierre, le anularon mal el 2-1 y hubo una mano polémica de Lucas Romero.
Pablo Ramon, OléOtro partido que a Boca se le escapa de manera insólita. Un triunfo que se le fue por la alcantarilla de una intervención fantasmal del VAR para anular por una mano de Delgado un gol de Merentiel, apoyado en una imagen que de ninguna tiene la nitidez que requiere semejante decisión. Y lo que es más increíble, en la última jugada del partido, en un centro que da pleno en el brazo del Perro Romero. Valenzuela, a la deriva, la juzgó como casual, y el VAR no llamó, como sí lo hizo en las dos situaciones conflictivas. Lo que no se entiende es cómo el mismo VAR bucea para encontrar una mano no visible de Delgado y se desentiende groseramente en una situación tan evidente.
Así, Boca dejó pasar una chance enorme de encaminar la clasificación, y ahora está obligado a ganarle a la Católica en la última vuelta, en un duelo a todo o nada.
También es cierto que Boca no debió exponerse al sufrimiento. El “que esta noche, cueste lo que cueste”, con el que La 12 recibió al plantel en su entrada a la Bombonera, dejó alto el listón. Antes una exigencia que un apoyo irrestricto, la cancha quedó marcada de entrada. Y Boca supo, muy temprano en la noche, que había que resolver esto rápido antes de que se acabara la paciencia. Y no lo hizo.
Boca salió a jugar, efectivamente, como si no hubiera mañana. Y así, la exigencia del hincha encontró su espejo en el equipo, que salió a presionar alto, a ahogar a Cruzeiro. Y enseguida tuvo dos chances claras, ambas en los pies de Merentiel: un centro de Braida primero y de Blanco después, desde los dos flancos de la cancha, que ambas salvó Otavio, el joven arquero brasileño. Boca salió decidido a asumir el riesgo que implica dejarle a un equipo brasileño mucho espacio detrás de la última línea que jugó muy adelantada.
Pero el equipo de Ubeda siguió con su plan, con un convencimiento total siguió empujando. Y la noche se rompió rápido. Antes, Otavio se volvió a lucir dos veces en la misma jugada: primero ante un tiro de Aranda que le picó antes al arquero, y luego tras el manotazo salvador puso el pecho ante una mala definición de Giménez. Todo en 12 minutos, en el que Boca le metió un ritmo infernal al partido, que finalmente terminó en el lugar lógico: el gol. Paredes dibujó un tiro libre casi en el banderín del corner, y la bola buscó profundo el segundo palo. Ante la duda si entraba o no, Merentiel metió el botín y a cobrar.
Cruzeiro, finalmente, sucumbió al asedio al que lo sometió Boca, sin tener nunca la posibilidad (ni el temple) de hacer circular la pelota para buscar los espacios y eludir la presión del local para lastimar en los espacios libres.
La virtud de Boca fue saber exactamente qué se jugaba y actuar en consecuencia. Sin esperar que el partido le viniera, lo fue a buscar. Y el gol de la Bestia fue una descarga, ilustrada en la sanguínea reacción del Sifón. El defecto fue quemar la nafta en un tiempo. Porque Boca pareció descansar demasiado en una diferencia grande en el rendimiento pero exigua en el marcador. Ya después el 1-0 aflojó la presión, algo entendible para cambiar el aire, pero el Xeneize abandonó esa voracidad del inicio.
Al principio, contó con la ayuda de Cruzeiro, que no movía mucho las piernas en ataque (salvo una contra de Kaio que tapó bien Brey), pero bien entrado el complemento la merma de Boca fue notable. Tanto, que con poquito empató Cruzeiro ( un tiro lejano de Wagner que se coló en el descuidado primer palo del mismo Brey). Tuvo Boca unos 10 minutos de nocaut. Generó una chance confusa de Costa que devolvió el travesaño, pero un Cruzeiro agrandado le movió la pelota y lo tuvo a tiro del segundo, pero Cristian erró un gol en la línea y Boca zafó.
Ya con uno más por la tremenda patada de Gerson a Paredes que cortó la respiración desde La Boca hasta Ezeiza, empezó otro partido. El mismo Leo metió un tiro libre de gol, y luego intervino Sifón: puso a Zeballos por Belmonte, un cambio totalmente lógico, y después lo sacó a Giménez que evidentemente no estaba para jugar, totalmente falto de timming y reacción.
El Chango pagó enseguida, con dos llegadas a fondo: un mano a mano que tapó otra vez Otavio y un cabezazo que se fue cerca. El arquero brasileño siguió en modo héroe y le sacó un tiro de gol a Aranda. Otra vez: Boca acumulaba merecimientos pero no lograba quebrar el empate.
El “movete Boca movete” dejó en claro lo que esperaba la gente. Y hay que decir que Boca fue a por todo. Debió ganarlo por otra chance de Aranda, aunque Brey salvó un mano a mano con Sinisterra que pudo ser lapidario. El equipo de Ubeda cometió el error de dejarse estar, porque pudo ganarlo antes y bien. Pero la afrenta de un VAR de doble vara no lo merecía bajo ningún concepto.


