Boca, contra todos: los de afuera y los de adentro

El empate frente a Cruzeiro dejó mucha tela para cortar. No solo por las polémicas arbitrales, sino también cuestiones internas que deberá trabajar de cara al decisivo partido frente a Universidad Católica. Entre sospechas y un presente irregular, se viene una final anticipada.

Gabriel Rymland, TyC

Ya con más de un día transcurrido, las ideas pueden acomodarse un poco mejor. Sin tanta temperatura y con algo más de criterio. La bronca no se va, es cierto, pero es necesario mirar hacia adelante. Ojo, sin perder de vista lo que pasó. Todo. Lo nuestro y lo de afuera. Para tomarlo en cuenta, aprender y tratar de que la próxima no ocurra lo mismo.


Empecemos por la sensación de impotencia que le quedó al hincha, más relacionada con lo que había sucedido en el encuentro (la superioridad del equipo y los fallos arbitrales) que con el resultado. Es que el empate y un triunfo por un gol no modificaba tanto la ecuación, salvo en la lucha por el primer puesto: ambos escenarios prácticamente lo obligaban a ganar en la última fecha. La única diferencia si Boca se imponía por la mínima era que una victoria de Universidad Católica ante Barcelona hubiese hecho que los chilenos llegaran clasificados a la Bombonera. Hoy un empate ante los trasandinos solo alcanzaría si los ecuatorianos se llevan los tres puntos de San Carlos de Apoquindo.

Por otro lado están los errores propios que se repiten en los últimos tiempos. Esta vez se mostró autoridad desde el juego y sin entrar en absurdas peleas, esas que hacen confundir personalidad con poca inteligencia y perjudican más de lo que ayudan. En el primer tiempo se vio una gran superioridad, pero volvió a fallar en la definición. Y así como en ataque desnudó muchísima debilidad en la defensa rival e hizo lucir a su arquero también quedó expuesto en otras materias. Le costó recuperarse del empate recibido, de milagro no le metieron el segundo (la que salió besando un palo) y ya con uno más lo salvó Brey después de otro horror de Di Lollo, quien en 10 días casi queda apuntado como el gran responsable de dos eliminaciones.

Lo que está claro es que Boca no es un equipo confiable. Le cuesta hacer pie en las paradas difíciles, depende demasiado de la lucidez de Paredes y sufre una alarmante falta de gol en relación a lo que genera. Y que Úbeda haya hecho solamente dos modificaciones evidencia el poco recambio y el mal armado del plantel, con lesiones y suspensiones que lógicamente también afectan. Los pocos cambios en los partidos ya son recurrentes y exceden al director técnico, que muchas veces se esforzó por desconcertar a propios y extraños con sus decisiones.

Sobre los fallos arbitrales es importante ser lo más preciso posible, porque si no se cae en el facilismo de muchos que lejos de buscar justicia solo parecen querer ser beneficiados. Es alarmante el desconocimiento que hay sobre el reglamento. “¿Por qué fue al VAR en una jugada y no en la otra?”, se escucha decir con total ignorancia por parte de hinchas, protagonistas y periodistas. Para ir directo al punto, lo que más sospechas genera es la diferencia de ímpetu (por decirlo de alguna forma) -no de criterio- en dos jugadas distintas. La mano de Lucas Romero fue tan casual como la Milton Delgado. No era penal como tampoco se debió haber anulado el gol de Merentiel, en el que se necesitó de una notoria insistencia para determinar la falta.

La sumatoria de hechos son los que además llenan de bronca e indignan. El abierto enfrentamiento de Angelici con la Conmebol y su deseo de crear la Liga Sudamericana de Clubes aunque sea tenía algún asidero para entender el ensañamiento de aquel entonces. Para colmo, Alejandro Domínguez tuvo como principal aliado a D´Onofrio y esto también explica las barbaridades ocurridas durante muchos años en favor de River. ¿Pero ahora? Si Riquelme no deja pasar una invitación que llega desde Luque y aparece en todas las fotos. Hasta el propio Nicolás Russo debe estar estupefacto.

Lo cierto es que falta un solo partido y todavía depende de sí mismo, con lo positivo y negativo de esta afirmación en este inestable presente. Lo curioso es que otra vez se llega al final de un semestre con el último aliento, desarmado y arrastrándose hacia la meta. La luz de esperanza está en el extenso receso, que invita a contratar a un entrenador que esté a la altura y realizar un importante mercado de pases (en cantidad y calidad) para afrontar la segunda parte del año. Ojalá que en las mismas condiciones que el resto. Sin ser beneficiados, pero tampoco perjudicados. Boca, contra todos: los de afuera y los de adentro.

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