Atlético - Girona / El último regalo del Príncipe

Antoine se despide del Metropolitano tras 500 partidos y con una asistencia a Lookman para el 1-0.

Patricia Cazón
As
Ven. Dame la mano. Mientras este Atleti-Girona se juega quiero contarte una historia. Quiero que mires al césped y poses tus ojos en el chico con el 7 a la espalda. Lleva la C de capitán, sí, aunque también esté Koke. Pero es que esta tarde es distinta. La última del Atleti en casa esta 25-26. Última también en la historia del chico tras diez años, 500 partidos y 212 goles. El círculo lo lleva en el pelo, ¿sabes?, con la cresta rubia decolorada con la que se peinaba en el verano de 2014, cuando llegó. El estadio le recibe con un océano de agua en los ojos.

Un océano será lo que ahora separará al chico de esta camiseta y este campo que hizo paraíso y jardín. Por eso el estadio mira el juego con los ojos en agua y un grito en mayúsculas: “Un goleador de leyenda”. El que más de su historia. Ese 7 que sale al campo con Shai, su hijo más chiquito en los brazos, y los demás al lado, bajo un aplauso de 64.396 personas que atraviesa.

El Atleti ya nada se juega, la próxima Champions ya es suya. El Girona, sí. El Girona, la vida. Por eso corre más deprisa en este 17 de mayo, San Neptuno en el calendario. El día del gol de Godín para la Liga 2014, el de Miranda para la Copa de 2013. El día que Griezmann se acaba en el Metropolitano. Cómo duele solo de escribirlo. Alzar los ojos y verlo por última vez. Sus giros, su correr de puntillas, su eterna sonrisa. Maldito tiempo que todo alcanza. El futuro juega a su vera, ese Baena llamado a vestirse de Griezmann: esta temporada fue para tomar nota a su lado. Griezmann es la punta de un once al que ha vuelto Giuliano. Tiene trabajo. El Girona repiquetea. El once de Míchel tiene juego pero poco gol, Ounahi conduce. Bryan cabecea, solo, un centro de Roca, que inexplicablemente envía fuera.

Atiende, escucha. En esta ovación que emociona en el 20’ este campo como un escalofrío. Estaba el Atleti rondando con un larguero de Hancko. El peligro no se había alejado de Gazzaniga cuando el balón le cayó a Grizi para su último regalo: controló y centró con la diestra para asistir a Lookman. 1-0. Y los brazos corriendo a buscar al 7 como antes todos los balones. Hay quien piensa que, en el fútbol, la inmortalidad son los títulos y se equivocan: la inmortalidad es que te recuerden. Que pasen los años y un nombre siga de boca en boca, generación a generación. Adelardo, Luis, Gárate, Futre, Pantic, Kiko, Torres, Gabi, Godín. Eso. Añádele Griezmann. El que hoy la gente sobre todo lleva a la espalda. Para siempre ya. A Witsel cada vez que toca un balón le aplauden aunque vista otra camiseta.

Sí, ya lo sé. Ahora voy con eso, espera un segundo que el partido ha vuelto del descanso. El Girona, igual de volcado sin daño. El Atleti buscando a Grizi en cada ataque. A lo que iba. Que se fue al Barça y eso dolió, que hay quien no olvida. Yo me quedo con cómo volvió: ganándose el perdón desde el campo. A veces uno debe irse lejos para descubrir lo que de verdad quiere. Y el lugar de Grizi en el mundo era éste. Allí lo vio. La camiseta de las rayas rojas y blancas rebeldes. El equipo de la bendita locura. El Atleti que sobre todo se siente. Con el Cholo y con Koke, como antes lo fue con Godín. “¿Quién está pelando cebollas?”, preguntaba el club, en sus redes, cuando Grizi llegaba al partido llorando. Eso, quién, pregunto ahora yo. El agua emborrona las letras mientras una riada de gente baja en cascada las gradas si Grizi es que el tira un córner.

El partido sigue. Los cambios no cambian. El Girona, que acabará con diez por lesión de Francés sin ya ventanas, ya juega con Stuani. Griezmann, a bocajarro, lanza fuera, tras pase de Almada y Ounahi casi se cuela en la fiesta con un tirazo raso que obliga a Oblak a sacar la mano. La tarde va deshaciéndose, el tiempo se acaba. Grizi se irá con confeti y desde el campo. Ya nadie nunca profanará su placa. Ya habrá una afición que le recuerde por siempre.

Sus goles, su zurda, su talento. Y sé, lo sé, que todo esto puede sonarte a ciencia ficción. Esta crónica del futuro contada a un niño al que han vuelto a decirle que no. El Auxerre. Como antes Lyon, Sochaux, Saint-Etienne y Metz. Niño francés que ya solo sueña con fútbol si duerme porque le miden con una regla y no por los pies. Pero porque no han llegado aún ni aquel torneo en Montpellier, ni la carta en el bolsillo a tus padres a cambio de un Tigretón, ni Donosti, ni Zubieta, ni la Real Sociedad. Pero lo harán. Hazme caso. Y también el Atleti. Para llenarte la vida. Por eso abre los ojos. Escúchalo este 17 de mayo. Siéntelo. Irrepetible leyenda. ¿Ves? Erika tenía razón.

Entradas populares