Arsenal - Atlético / Arteta embarra el final

El técnico del Arsenal estuvo visiblemente nervioso en los minutos finales y vio la amarilla por obstaculizar un saque de banda.

Juanma Leiva
As
Los minutos finales en el Emirates fueron muy tensos. El Arsenal bloqueó el partido y el árbitro, el alemán Daniel Siebert, no fue capaz de impedir que el equipo inglés lograra el objetivo de que se jugara lo menos posible. Una tarea en la que también se emplearon a fondo en la banda. Los balones no llegaban, los jugadores del Arsenal lanzaban esféricos a la grada… pero quizá lo que más llamó la atención fue lo activo que estuvo Mikel Arteta, técnico de los londinenses, en unos últimos minutos en los que todo se embarró.

Al entrenador español se le vio muy pendiente también de cada detalle, de cada balón que se marchaba por la banda. Continuamente fuera del área técnica, visiblemente nervioso por la lógica tensión del momento, sorprendió cómo incluso aceleró detrás de algún balón que se marchaba fuera. Daba la impresión de que quería controlar hasta cuándo se entregaba el esférico al rival. Incluso en el afán de dar instrucciones, se colocó en algún momento delante de algún jugador rojiblanco que intentaba sacar de banda, por lo que acabó viendo tarjeta amarilla.

Arteta embarra el final
Arteta, fuera del área técnica mientras estaba el balón en juego.

No quería que se le escapara ningún detalle cuando su equipo se encontraba muy cerca de la segunda final de Champions de la historia. Pero este tipo de comportamiento en la banda del Arsenal acabó enfadando mucho al banquillo rojiblanco. Hasta se vio a Diego Pablo Simeone, que también fue amonestado, enzarzado con Andrea Berta, director deportivo de los londinenses y antiguo miembro del Atlético, por las artes que se estaban llevando a cabo por parte de los locales.

Es cierto que el colegiado alemán no fue capaz de poner freno a esta manera de enfriar el partido. Lógicamente, el Arsenal tenía el marcador a favor e intentaba que no se jugara nada para certificar su clasificación para Budapest. Unos momentos de nervios que Arteta vivió más intensamente que nadie… hasta que pudo respirar con el pitido final de un Daniel Siebert que, por otra parte, no tuvo demasiado en cuenta que, en los cinco minutos de tiempo extra que concedió, apenas estuvo el balón en juego.

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