Alucinados con Dembélé

El PSG, finalista de Champions de manera consecutiva, es un equipo en el que no hay estrellas. El cambio de Dembélé en Múnich refleja el poder de convicción del técnico.

Andrés Onrubia
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Durante más de una década, el PSG se caracterizó por ser un compendio de estrellas en el que las individualidades se imponían al colectivo. La política de fichar a los mejores jugadores del mundo instaurada por Qatar desde 2011, y que culminó con la llegada de Messi, surtió efecto a nivel nacional, no así en la Champions League, competición que terminó siendo un tormento y una pesadilla para la entidad parisina.

Este miércoles, en Múnich, después de un sinfín de desilusiones, tras múltiples descalabros, el PSG certificó su billete hacia su segunda final consecutiva de la Champions. El partido dejó una imagen para el recuerdo que encumbra el colectivo que ha construido Luis Enrique. En el segundo tiempo, el asturiano decidió sustituir a Ousmane Dembélé. En cualquier otro equipo del mundo, cambiar al Balón de Oro habría sido impensable. Sin embargo, en París los privilegios no existen. Y el mérito del técnico asturiano es mayúsculo.

Lejos de afearle el cambio a su entrenador, Dembélé comenzó a aplaudir de manera ostensible en su camino hacia el banquillo y arengó a sus compañeros para que mantuvieran intacta la competitividad y el hambre de victoria. El francés encarna a la perfección la filosofía de Luis Enrique en París. Llegó siendo un buen jugador de fútbol y en apenas tres años se convirtió en el Balón de Oro. Sus problemas extradeportivos y las lesiones, el gran dolor de cabeza de su carrera, desaparecieron de un plumazo. Se puso al servicio de sus compañeros y su nivel ha sido excelso desde el año pasado.

Luis Enrique, el entrenador que mejor le ha entendido, el técnico que le permitió convertirse en el mejor jugador del mundo tras colocarle de delantero y alejarle de la banda, definió a Dembélé como un “líder”, pero sobre todo por su trabajo defensivo. “Es el primer jugador que presiona y eso nos da mucho. Es un líder en el campo tanto con balón como sin él. Para un entrenador es un privilegio contar con este tipo de jugadores”, declaró recientemente el gijonés, que buscará su tercera Champions el 30 de mayo contra el Arsenal en Budapest.

De la mano del exseleccionador español, el PSG está a la vanguardia del fútbol europeo y ha establecido un modelo de juego que muchos clubes quieren imitar. El delantero es el primer defensa y el portero es el primer atacante. Todos presionan, nadie negocia un esfuerzo y en ataque no hay posiciones fijas. Así ha sembrado el terror en Europa durante las dos últimas temporadas y así quiere establecer una dinastía sin parangón en la Champions League. El propio Dembele confesó tras el partido de ida que si no corría, “Luis Enrique me envía al banquillo”. Una frase que no es una exageración y que ha aumentado la competitividad de un equipo de autor, una obra maestra cuyo principal artista es el entrenador asturiano.

Como prueba del colectivo imparable que ha cimentado Lucho, el PSG funciona independientemente de quién esté en el campo. Fabián Ruiz, pieza indispensable en la temporada pasada para lograr el Triplete, estuvo tres meses de baja y su ausencia apenas la acusó el campeón de Europa porque Zaïre-Emery le suplió a la perfección. En la vuelta de las semifinales contra el Bayern, en Múnich, el canterano hizo las labores de lateral derecho debido a la ausencia de Achraf y su partido fue colosal. La misma situación se produjo a comienzos del curso, cuando tanto Dembélé como Doué cayeron lesionados y el PSG compitió brillantemente.

Luis Enrique ha cambiado la historia del PSG. Antes de su desembarco en la capital francesa, el proyecto de Qatar se centró en reunir a grandes estrellas que llegaron, incluso, a poner en entredicho la autoridad del entrenador. Cuando Luis Campos le llamó para inquirir por su situación, el español dejó claro desde el primer momento que únicamente firmaría su contrato si le otorgaban plenos poderes. El portugués y Al Khelaifi aceptaron, convirtiendo el acuerdo en la mejor decisión de la historia del club, que va camino de su segunda Champions consecutiva, una proeza tan solo al alcance del Real Madrid en el presente siglo. 

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