Alavés 1 - Barcelona 0 / Resaca de permanencia

El equipo vitoriano derrota a un campeón muy pasivo que no logrará los 100 puntos. El gol de Diabate saca a los de Quique del descenso.

Santi Giménez
As
Cuando uno no se juega nada y viene de dos días de jarana y además coloca sobre el campo al equipo suplente (con la misma resaca que los titulares) y en frente tiene a un grupo de jugadores en una situación dramática acompañados por 20.000 personas en la grada que saben que se están jugando la vida para seguir en Primera, lo normal es que ganen los más necesitados. El Alavés ganó tres puntos de oro ante el Barça al derrotar al actual campeón por 1-0 en un partido que a pesar de la indolencia blaugrana se hizo interminable para los locales, que por primera vez en 20 jornadas dejaron su portería a cero y volvieron a ganar al Barça 25 años después, precisamente cuando se cumple también el aniversario de esa mítica final de la UEFA ante el Liverpool. Aquella se perdió, pero esta, que también era una final, se ganó. Quedan dos por jugar ante el Oviedo a domicilio y el Rayo en casa. El milagro es posible.

Flick dejó muy claro nada más ganar el título el domingo pasado ante el Madrid que no quería que el equipo se relajara y que el objetivo era lograr los 100 puntos. Pero el técnico, en buena lógica los quiso conseguir utilizando a los jugadores que menos minutos han tenido y dando concesiones a los que más minutos han disputado. Incluso teniendo el detalle de dejar en Barcelona a Fermín, que cumplió años el lunes y a De Jong, que los cumplió el martes.

El conjunto de Quique Sánchez Flores gana, 1-0, a los de Hansi Flick y sale del descenso gracias al tanto de Ibrahima Diabate. Los azulgranas, adiós a los 100 puntos.

Así que el alemán dispuso una alineación con Szczesny, lo que le asegura el Zamora a Joan García, Casadó, Bernal, Roony y también a Álvaro Cortés, un central zurdo de 21 años que esta campaña ha sido el capitán del filial. El invento no funcionó de entrada y tampoco cuando se quiso corregir el desaguisado.

Esa alineación le sirvió al Barcelona para dominar la primera parte ante un Alavés lógicamente nervioso porque en el envite se jugaba la vida después de los resultados de Levante, Sevilla y Espanyol. Una derrota era meterse ya en un lío de difícil solución.

Pero el dominio del Barcelona era plano y sin mordiente más allá de los arranques de Dani Olmo o alguna de los disparos intentados por Rashford. Pero en el fondo, nada entre pan ante un Alavés que superados los nervios del inicio iba creciendo y perdiendo el respeto al Barça a base de jugadas de fuerza, la mayoría de ellas por la banda que trataba de defender Balde.

El encuentro dio un giro inesperado en la última jugada de la primera parte. Precisamente en un ataque otra vez por la banda de Balde, el Alavés forzó un córner que Rashford despejó en primera instancia, pero la segunda jugada fue para el Alavés y Diabate le ganó el cuerpo a cuerpo a Bernal para marcar el 1-0 que devolvía la esperanza a los locales.

En la reanudación el partido siguió languideciendo, porque el Barça seguía igual de muerto y el Alavés sólo deseaba que se acabara eso cuanto antes y no pasara nada. A falta de media hora para el final, Flick tomó cartas en el asunto y retiró a Casadó y Roony del campo (absolutamente intrascendentes) y a Cubarsí para meter algo de artillería: Pedri y Ferran, principalmente y dar un premio a Xavi Espart.

Con los cambios, el Barcelona aumentó el ritmo de juego, pero la resistencia del Alavés seguía firme y Sivera no pasaba por demasiados apuros. Pero la tensión se mascaba en Mendizorroza. Un gol del Barça volvía a meter al Glorioso en la zona de descenso de la que momentáneamente habían salido gracias al gol de Diabate.

De como gestionara sus nervios el Alavés iba a depender el partido y, probablemente, su permanencia. Al Alavés el partido se le estaba haciendo interminable. Pero los de Quique supieron resistir a base de todos los trucos posibles y perfectamente lícitos en equipos que se encuentran en esta tesitura. Supieron aprovechar la resaca del campeón para lograr un triunfo que les abre el cielo.