Y fueron demasiados cambios, nomás
Sin rastros de la sala de máquinas que es el mediocampo titular de Boca, el equipo se volvió espeso y previsible y se conformó con otro empate en un clásico de local. Ahora, a cambiar el chip para la Copa y el Monumental. Con Paredes y Aranda promete sonar otra música.
Rápidamente abajo en el marcador tras un mal retroceso y una salida destartalada de Marchesín, el equipo se volvió espeso y previsible en ataque. Solo rompía la monotonía algún toque de distinción de Ander Herrera, como el pase en cortada para un Giménez falto de ritmo. Velasco se quedaba en intentos y Ángel Romero bajaba demasiado a armar juego.
Así y todo, con ese poquito Boca merecía el empate, que llegó tras un penal hormiga de los que se justifican mostrando el contacto y no la intensidad, como el que hace un par de fechas le dieron a River ante Estudiantes de Río Cuarto, en ese caso avalado por la cátedra. Si habrá sufrido el Xeneize las hormigas en Superclásicos: Cardona a Nacho Fernández (Supercopa Argentina 2018), Mas a Borré (semi de Libertadores 2019), Sandez a Solari (Liga 2023) y siguen las firmas.
En el segundo tiempo fueron ingresando los titulares, menos el que más se necesitaba: Aranda. Merentiel sigue a contramano, Bareiro no estuvo bien asistido y Zeballos no pudo desequilibrar en su vuelta tras 70 días, pero su uno contra uno lo candidatea a pelear con el uruguayo por un lugar en el Monumental.
Rey Domenech cumplió, Barinaga no, lo mejor de Belmonte fue llegando al área y no trasladando y de la defensa se destacó Figal.
Los últimos minutos sin acorralar a un timorato Independiente marcaron la tónica del partido: desde la formación de Úbeda y el juego del equipo Boca no se desvivió por ganarlo. Ahora, a cambiar el chip: Barcelona de Ecuador con equipo de gala y luego a Núñez, en lo que será el comienzo de un sprint de cinco al hilo como visitante: River, Defensa, Cruzeiro, Central Córdoba y Barcelona en Guayaquil. Con Paredes y Aranda promete sonar otra música.


