Ucrania revive el ‘cazador de mártires’ de la era soviética para golpear a Rusia: “Podríamos llamarlo un misil aire-aire barato” Un pequeño avión de transporte turbohélice An-28 ha sido modificado para lanzar drones de combate que eliminan los misiles Shahed rusos. Ucrania revive el ‘cazador de mártires’ de la era soviética para golpear a Rusia: “Podríamos llamarlo un misil aire-aire barato” Laura Martin Sanjuan Laura Martin Sanjuantwitter Redactora de Actualidad Actualizado a 26 de abril de 2026 18:51 CEST Síguenos en Google Lo que nació como una solución improvisada tras más de cuatro años de guerra en Ucrania, se ha convertido en una de las ideas más disruptivas del campo de batalla ucraniano. Ucrania ha recuperado un avión de transporte ligero de la era soviética, el Antonov An‑28, cuyo primer vuelo data de finales de los años sesenta, y lo ha transformado en una plataforma aérea dedicada a la caza de drones rusos Shahed, el arma barata con la que Moscú intenta saturar las defensas antiaéreas de Kiev. Durante meses, este aparato volaba bajo y despacio, con la puerta abierta y una ametralladora disparando desde el interior para abatir drones kamikaze. Funcionaba. Tanto, que el An‑28 acabó ganándose un apodo: el Shahed hunter. Pero la guerra de drones no se detiene, y Ucrania ha ido un paso más allá. La última evolución convierte al An‑28 en algo inédito: un portaaviones aéreo de drones interceptores. Bajo sus alas, el avión ha sido equipado con puntos de anclaje desde los que se lanzan pequeños drones diseñados específicamente para interceptar y destruir Shahed en vuelo. “Podríamos llamarlo un misil aire‑aire barato”, explica el piloto ucraniano Tymur Fatkullin, uno de los responsables de divulgar las primeras imágenes del sistema en acción. La comparación no es exagerada. Estos drones cumplen la misma función que un misil clásico, pero muchísimo más barato y sin consumir los escasos y carísimos interceptores occidentales. El procedimiento es sencillo: el An‑28 patrulla zonas donde se detectan drones rusos, localiza visualmente al objetivo y lanza el interceptor desde el aire. El dron hereda velocidad, altura y energía del avión, acorta el tiempo de persecución y se dirige directamente hacia el Shahed hasta destruirlo. El impacto estratégico va mucho más allá del ingenio técnico. Un único misil antiaéreo occidental puede costar cientos de miles de euros. Un Shahed, producido en masa por Rusia, cuesta decenas de miles. Esa ecuación es insostenible a largo plazo. Los interceptores lanzados desde el An‑28 cuestan apenas unos miles de euros. El resultado es un cambio radical en la lógica económica de la defensa aérea: Ucrania ya no se limita a sobrevivir a las oleadas de drones, sino que empieza a ganar la guerra de desgaste. Este sistema también libera recursos críticos. Mientras los drones interceptores se encargan de los Shahed, los misiles de alta gama pueden reservarse para amenazas mayores, como misiles balísticos o de crucero. Viejo avión, doctrina nueva Noticias relacionadas Política Aviso de Rusia a los países que cedan su espacio aéreo para los ataques de Ucrania Política Choque entre Ucrania y Eslovaquia El An‑28 no es rápido ni furtivo, y es que no necesita serlo. Los misiles Shahed vuelan despacio, a una baja cota y en trayectorias previsibles, justo el tipo de amenaza que convierte a este veterano turbohélice en un arma sorprendentemente eficaz en la guerra moderna. La idea rompe con décadas de pensamiento militar: no siempre hace falta lo más caro ni lo más avanzado, sino lo más adecuado. Ucrania está demostrando que la innovación no siempre nace en los laboratorios, sino en la presión extrema del combate real
Un pequeño avión de transporte turbohélice An-28 ha sido modificado para lanzar drones de combate que eliminan los misiles Shahed rusos.
Durante meses, este aparato volaba bajo y despacio, con la puerta abierta y una ametralladora disparando desde el interior para abatir drones kamikaze. Funcionaba. Tanto, que el An‑28 acabó ganándose un apodo: el Shahed hunter. Pero la guerra de drones no se detiene, y Ucrania ha ido un paso más allá.
La última evolución convierte al An‑28 en algo inédito: un portaaviones aéreo de drones interceptores. Bajo sus alas, el avión ha sido equipado con puntos de anclaje desde los que se lanzan pequeños drones diseñados específicamente para interceptar y destruir Shahed en vuelo. “Podríamos llamarlo un misil aire‑aire barato”, explica el piloto ucraniano Tymur Fatkullin, uno de los responsables de divulgar las primeras imágenes del sistema en acción. La comparación no es exagerada. Estos drones cumplen la misma función que un misil clásico, pero muchísimo más barato y sin consumir los escasos y carísimos interceptores occidentales.
El procedimiento es sencillo: el An‑28 patrulla zonas donde se detectan drones rusos, localiza visualmente al objetivo y lanza el interceptor desde el aire. El dron hereda velocidad, altura y energía del avión, acorta el tiempo de persecución y se dirige directamente hacia el Shahed hasta destruirlo. El impacto estratégico va mucho más allá del ingenio técnico. Un único misil antiaéreo occidental puede costar cientos de miles de euros. Un Shahed, producido en masa por Rusia, cuesta decenas de miles. Esa ecuación es insostenible a largo plazo.
Los interceptores lanzados desde el An‑28 cuestan apenas unos miles de euros. El resultado es un cambio radical en la lógica económica de la defensa aérea: Ucrania ya no se limita a sobrevivir a las oleadas de drones, sino que empieza a ganar la guerra de desgaste. Este sistema también libera recursos críticos. Mientras los drones interceptores se encargan de los Shahed, los misiles de alta gama pueden reservarse para amenazas mayores, como misiles balísticos o de crucero.
El An‑28 no es rápido ni furtivo, y es que no necesita serlo. Los misiles Shahed vuelan despacio, a una baja cota y en trayectorias previsibles, justo el tipo de amenaza que convierte a este veterano turbohélice en un arma sorprendentemente eficaz en la guerra moderna. La idea rompe con décadas de pensamiento militar: no siempre hace falta lo más caro ni lo más avanzado, sino lo más adecuado. Ucrania está demostrando que la innovación no siempre nace en los laboratorios, sino en la presión extrema del combate real


