Que el Herrerazo no tape el bosque: River lo perdió solo

El perjuicio de la terna arbitral fue evidente y dirigido tras una semana en la que el rival hasta orquestó una rueda de prensa para condicionar al pito. Sin embargo, eso no alcanza para justificar una actuación pobrísima de un equipo que otra vez falló en una parada decisiva.

Cristian Damiani
TyC
River no perdió el Superclásico ante Boca por la actuación de Darío Herrera. Listo. Está dicho. Ahora, mientras enfrente armaron una puesta en escena mediática para que Paredes, Merentiel y ¡Figal! salieran a condicionar al árbitro en la previa, en Núñez se preocupaban por instalar que el campo de juego no estaba tan mal como realmente estaba. Prioridades. Y vivezas. 

Antes del penal que Herrera decidió no cobrar y el llamado que el hermano de Gabriel Paletta decidió no hacer desde las oficinas del VAR, hubo 90 minutos en los que River ni siquiera probó a ver si a Brey le daba para jugar un Superclásico. Fue un equipo frágil, sin ideas y con un planteo táctico liviano, tanto que le permitió a Paredes (justo a él) tener la libertad de meter tres pelotas de gol idénticas; hasta que una terminó en penal de Rivero. 

Coudet arriesgó a Vera contra Carabobo y lo pagó caro. Error del DT, es posible, pero también evidencia de la poquísima profundidad de un plantel que ayer tuvo a Castaño, su futbolista más caro, posteando fotos a la hora del partido desde el barrio privado en el que vive. Incongruencias que dejan en claro que la crisis que llevó a la salida de Gallardo está lejos de ser solo futbolística

El Chacho afrontó el partido más importante desde su llegada con dos chicos de 18 años en la mitad de la cancha. Y si bien la decisión de incluir a Juan Cruz Meza y a Kendry Páez puede ser cuestionable, lo cierto es que las alternativas eran el propio Castaño, que se quedó en su casa; Giuliano Galoppo, que no jugaba desde el 26 de febrero; Ian Subiabre, de flojos rendimientos; y Santiago Lencina, que pasó de borrado total a ser suplente con Boca. Tierra arrasada. 

Si a eso se le suma que Driussi, el mejor jugador del plantel, volvió a salir lesionado (sería el quinto desgarro desde su llegada) cuando apenas iban 15 minutos del primer tiempo y su compañero volvió a ser el peor Facundo Colidio posible (desganado, sin asumir riesgos e intrascendente), estaba claro que en un partido de gol gana, marcar iba a estar difícil, sino imposible. O sea...

De todos modos, el combo explosivo para una derrota garantizada fue la desconexión entre líneas. La defensa es la que sale en todas las fotos, con un Rivero en un nivel subterráneo y un Martínez Quarta que solo se destaca por su vergüenza deportiva. Sin embargo, el fallo es táctico y estratégico. Si la idea es, como siempre dijo el DT, acortar el equipo ante cada pérdida, es indispensable presionar al portador de la pelota. De lo contrario, jugadores como Paredes te ganan un partido con uno o dos pelotazos. Y los defensores terminan siempre corriendo de atrás. 

Ya en la previa, la sensación entre los hinchas era que no había que salir herido: ganar sonaba a quimera. Ahora habrá que asimilar el golpe y buscar la manera de terminar el semestre de la mejor manera posible: arriba en la tabla anual, clasificado a los octavos de final de la Copa Sudamericana y con un desenlace decente en los playoffs del Torneo Apertura. 

Asumidas las culpas propias, que son muchas y no se limitan a un planteo de un solo partido, sino mucho más a la elaboración de un plantel y a las decisiones dirigenciales (AC/DC tuvo más libertades en el Monumental que Paredes ayer), hay que volver al inicio de estas líneas: Herrera, Paletta y compañía decidieron que no le iban a dar la oportunidad a River de salvarse de una derrota merecida. Y eso no puede pasar. Si no vuelve la Guardia Alta, van a seguir las embestidas; sean de Giménez a Paulo Díaz en la Bombonera, de Blanco a Martínez Quarta en el Monumental u otras más sutiles. 

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