Por qué Irán y Emiratos se odian tanto: el ‘robo’ de tres pedruscos que envenena el Golfo Pérsico

Tres islas minúsculas en la puerta del Estrecho de Ormuz bastaron para convertir a Irán y Emiratos en adversarios permanentes. Medio siglo después, el conflicto territorial se mezcla con drones, alianzas y una rivalidad que rompe el mapa del Golfo.

Mariano Tovar
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Hay rivalidades que nacen de una guerra, otras de un mal tratado, y luego están las que nacen de una humillación de bienvenida. La de Irán y Emiratos Árabes Unidos (EAU) es de estas últimas. La historia de un país que nació con una espina clavada dos días antes de existir oficialmente. Una herida que ni el petróleo, ni los rascacielos de cristal, ni la diplomacia han logrado cerrar. Nada. Las relaciones entre ambos han sido, durante medio siglo, un campo minado lleno de reproches, amenazas veladas y falsa cortesía que tenía que acabar saltando por los aires.

Lo hizo en marzo de 2026, cuando Emiratos cerró su embajada en Teherán después de recibir ataques con misiles y drones de la Guardia Revolucionaria en su propio territorio, poniendo fin a décadas de odio contenido. Pero para entender ese veneno, hay que viajar a noviembre de 1971. Los británicos estaban haciendo las maletas, dejando el Golfo atrás. Los jeques de la costa se preparaban para unirse y fundar una nación, pero sobre la mesa quedaban tres puntos diminutos en el mapa: las islas de Abu Musa, Gran Tunb y Pequeña Tunb. Irán llevaba años diciendo que le pertenecían; los emiratíes sostenían que habían sido administradas por Sharjah.

Eran tres pedruscos, sí, pero tres pedruscos que vigilaban el grifo del mundo: el Estrecho de Ormuz. Irán no esperó a las celebraciones. Dos días antes de que nacieran los Emiratos, el Sha envió a sus tropas, izó su bandera y se quedó con ellas. No hubo guerra porque EAU ni siquiera era un Estado todavía. Fue un hecho consumado. Desde aquel día, para Teherán las islas son “parte inseparable del territorio iraní”; para Abu Dhabi, son el recordatorio de que su vecino del norte no respetó ni su partida de nacimiento.

Por qué Irán y Emiratos se odian tanto: el ‘robo’ de tres pedruscos que envenena el Golfo Pérsico16 de marzo de 2026. El humo negro sobre el Aeropuerto Internacional de Dubái es el acta de defunción de la "falsa cortesía". Un solo enjambre de drones iraníes ha bastado para apagar el motor del Golfo y recordar a los Emiratos que sus rascacielos de cristal son vulnerables.Gallo Images

Esa es una de las cicatries más antiguas del Golfo. Y cada cierto tiempo, la herida vuelve a supurar. En 2025, la Unión Europea y el Consejo de Cooperación del Golfo respaldaron la postura emiratí hablando de “ocupación iraní”. Teherán respondió con la sutileza de un martillo: el asesor internacional del líder supremo lanzó una andanada acusando a Emiratos de “repetir reclamaciones coloniales” y avisando de que la paciencia de Irán “no es ilimitada”. De paso, se dedicó un día oficial en el calendario a las islas “recuperadas”.

Lo que hay en juego no es la soberanía sobre tres pedruscos, es el control del cuello de botella por donde pasa una quinta parte del petróleo mundial. No son importantes por su tamaño, sino por el lugar exacto en el que están clavadas en la entrada del Estrecho de Ormuz. Quien tiene las islas, controla la puerta. Para Irán, perderlas sería comprometer su dominio sobre su enclave estratégico por excelencia; para Emiratos, recuperarlas es completar su identidad nacional y aumentar su poder como actor en el Golfo.

La geografía explica solo la mitad del problema. La otra mitad es política. Emiratos lleva años transformándose de país pequeño y discreto a actor regional ambicioso, con operaciones militares en Yemen, bases navales en el Cuerno de África y una diplomacia que mezcla puertos, inversiones y cazas F-35. Irán ve en todo eso una red diseñada para rodearlo, limitarlo y, llegado el momento, atacarlo. Y Emirates, a su vez, ve en Irán una potencia que alimenta a milicias armadas a un vuelo de distancia de Dubái. Entre acusaciones de espionaje, sabotajes marítimos, ciberataques y guerras por delegación, el nivel de desconfianza entre ambos ha sido constante incluso en los años ‘tranquilos’.

Por qué Irán y Emiratos se odian tanto: el ‘robo’ de tres pedruscos que envenena el Golfo PérsicoEnero de 2025. Mientras Irán militariza tres pedruscos naturales en el Estrecho de Ormuz, los Emiratos levantan sus propios archipiélagos de lujo sobre el mar. El perfil del Atlantis es la viva imagen de un país que ha intentado enterrar el rencor de 1971 bajo toneladas de arena artificial, hoteles de siete estrellas y el pragmatismo económico.Andrew Aitchison

La guerra de 2026 ha sido la gota que ha colmado el vaso. Irán acusó a los Emiratos de permitir ataques estadounidenses desde su territorio. EAU lo negó todo, como lleva negándolo desde hace una década. La respuesta iraní fue brutal. La Guardia Revolucionaria lanzó drones y misiles contra objetivos de Emiratos, incluidos puntos cercanos a bases militares y zonas de infraestructura crítica, lo que llevó a Abu Dhabi a cerrar su embajada y a declarar el fin de la relación diplomática. A los pocos días, el ejército iraní amenazó directamente a los Emiratos con atacar Ras al‑Khaimah si “nuevas agresiones” partían de suelo emiratí, mencionando específicamente las islas de Abu Musa y Gran Tunb como líneas rojas absolutas.

Nada de esto es nuevo. Lo que sí es nuevo es la sensación de que la relación se ha roto del todo, que EAU ya no cree posible competir con Irán solo desde la economía y el glamour turístico, y que Irán ya no está dispuesto a tolerar que Dubái sea una plataforma financiera para su propia diáspora mientras Abu Dhabi se acerca cada vez más a Washington y a Israel. Lo que antes era una disputa territorial enquistada se ha convertido en un choque frontal entre dos modelos de país: uno revolucionario y sitiado; el otro, pragmático y expansionista. Uno que mira al pasado; otro obsesionado con el futuro.

Quizá por eso, cuando la guerra actual baje de intensidad, volveremos a las fotos de ministros sonrientes, declaraciones templadas y reuniones “constructivas”. Pero debajo de todo eso seguirán las tres islas que empezaron la historia, el Estrecho de Ormuz que lo envenena todo y un odio frío que ya dura más que la propia existencia de Emiratos. Es lo que tiene fundar un país con una humillación de bienvenida: nunca se olvida.

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