Por qué imaginar una escena puede sentirse tan real como verla
Investigadores comprobaron que la mente utiliza patrones neuronales similares a los que se activan al observar objetos. Las claves de esta dinámica podrían ayudar a explicar la intensidad de los recuerdos y abrir nuevas posibilidades para abordar afecciones como el estrés postraumático
Infobae
Pensar en el rostro de una persona o recordar un objeto con los ojos cerrados puede sentirse real. Esa experiencia cotidiana, que parece simple, esconde un mecanismo complejo que recién ahora comienza a entenderse con mayor precisión.
Un equipo de investigadores del Cedars-Sinai Medical Center logró demostrar que imaginar una imagen activa en el cerebro las mismas neuronas que se utilizan al verla directamente.
El hallazgo, publicado en la revista Science, aporta una base biológica concreta para explicar cómo la mente construye representaciones visuales y abre nuevas perspectivas en el estudio de la memoria y los trastornos mentales.
Cómo el cerebro “reproduce” lo que ve
El estudio mostró que las imágenes mentales no son meras aproximaciones difusas, sino reconstrucciones bastante fieles de experiencias visuales previas. Esto ocurre porque el cerebro reactiva el mismo conjunto de células que se encendieron cuando el estímulo fue percibido por primera vez.

Para llegar a esta conclusión, los científicos trabajaron con 16 pacientes con epilepsia a quienes se les habían implantado electrodos en el cerebro como parte de su tratamiento clínico. Estos dispositivos permitieron registrar con gran precisión la actividad de neuronas individuales mientras los participantes observaban imágenes de rostros y objetos.
Más tarde, cuando los participantes imaginaron esos mismos estímulos sin verlos, alrededor del 40% de esas mismas neuronas se activaron nuevamente siguiendo un patrón similar. Este fenómeno demuestra que la imaginación no crea imágenes desde cero, sino que reutiliza circuitos ya establecidos.
El papel de la corteza temporal en la imaginación
La región donde se observó este proceso, la corteza temporal ventral, cumple un rol central en el reconocimiento visual. Es especialmente importante para identificar rostros, objetos y formas complejas.
El investigador Ueli Rutishauser explicó que generar una imagen mental implica reactivar las mismas células que se utilizaron durante la percepción original. En términos simples, el cerebro “vuelve a encender” el circuito que ya conoce.
Esto ayuda a entender por qué algunos recuerdos visuales pueden resultar tan vívidos. No se trata solo de una evocación abstracta, sino de una reactivación parcial del mismo proceso que ocurre al ver el mundo.

Para analizar los datos, el equipo utilizó herramientas avanzadas de inteligencia artificial. Estas permitieron identificar patrones en la actividad neuronal y compararlos entre la percepción y la imaginación.
Además, los investigadores lograron traducir esos patrones en descripciones numéricas de los objetos. A partir de allí, generaron imágenes nuevas y predijeron cómo respondería el cerebro ante esos estímulos.
Este enfoque permitió avanzar en la comprensión del llamado “código neural”, es decir, la forma en que el cerebro representa la información visual. Comprender ese lenguaje interno es clave para interpretar cómo pensamos, recordamos e imaginamos.
Implicancias para la salud mental
El descubrimiento no solo tiene valor teórico. También podría tener aplicaciones clínicas relevantes. El especialista Adam Mamelak señaló que conocer estos mecanismos podría ayudar a desarrollar nuevas estrategias para tratar trastornos en los que las imágenes mentales juegan un papel central, como el trastorno de estrés postraumático o el trastorno obsesivo-compulsivo.

En estas condiciones, las personas suelen experimentar imágenes intrusivas que resultan difíciles de controlar. Comprender cómo se generan y se reactivan en el cerebro podría permitir diseñar intervenciones más precisas.
Además, los investigadores plantean que estos hallazgos podrían ser útiles en trastornos como la esquizofrenia o la ansiedad, donde la distinción entre lo real y lo imaginado puede verse alterada.


