Los científicos coinciden: esta es la forma en la que soledad afecta a las personas mayores

Un estudio con más de 10.000 europeos revela que el aislamiento reduce la memoria inicial, pero no acelera su deterioro con el paso del tiempo.

As

La soledad se ha consolidado como uno de los grandes problemas de salud pública en las sociedades envejecidas. Sin embargo, su impacto sobre la memoria podría ser más complejo de lo que se pensaba hasta ahora.


Un estudio internacional publicado en Aging & Mental Health, basado en el seguimiento de más de 10.000 personas mayores en Europa, concluye que el aislamiento social afecta a la memoria, pero no acelera su deterioro progresivo.

La investigación analizó a 10.217 personas de entre 65 y 94 años durante siete años, utilizando datos del proyecto europeo SHARE. Los resultados muestran que quienes se sentían más solos partían de niveles más bajos en las pruebas de memoria. Es decir, tenían más dificultades para recordar información desde el inicio del estudio.

Sin embargo, con el paso del tiempo, el deterioro cognitivo fue similar en todos los grupos. En otras palabras, la memoria de las personas solitarias no empeoró más rápido que la de quienes mantenían una vida social más activa.

“El hallazgo fue sorprendente, descubrimos que una persona puede tener un declive cognitivo, entre otros factores, por la soledad, o puede tener sensación de soledad debido a su deterioro cognitivo”, explica el investigador Luis Carlos Venegas-Sanabria, de la Escuela de Medicina y Ciencias de la Salud de la Universidad del Rosario.

Una relación bidireccional

Los expertos advierten de que la relación entre soledad y memoria no es unidireccional. Según el estudio, puede ocurrir que la soledad contribuya a un peor rendimiento cognitivo o que el propio deterioro cognitivo aumente la sensación de aislamiento.

Este matiz es clave para entender por qué el aislamiento no se ha confirmado como causa directa de enfermedades como la demencia, aunque sí esté relacionado con otros factores de riesgo.

El estudio también revela que la soledad no se distribuye de forma uniforme. Los niveles más altos se registraron en el sur de Europa, seguidos del este, el norte y el centro del continente.

Además, las personas con mayor sensación de aislamiento solían ser de mayor edad, tenían peor estado de salud y presentaban, por lo general, más casos de depresión, hipertensión o diabetes.

Los investigadores apuntan que, en regiones con fuertes vínculos familiares, pequeños cambios en el entorno social pueden generar una mayor percepción de soledad. “Una persona acostumbrada a relaciones familiares estrechas percibe más soledad que quien no está acostumbrada a ellas”, explica el autor principal de la investigación.

Un problema de salud pública

Más allá de la memoria, la comunidad científica coincide en que la soledad tiene un impacto significativo en la salud general, afectando a la longevidad y al bienestar físico y mental.

Por ello, los expertos subrayan la importancia de detectar y abordar el aislamiento social en las personas mayores, no solo por sus efectos cognitivos, sino por su influencia global en la calidad de vida.

El estudio concluye que la soledad importa, pero su efecto sobre la memoria no es tan lineal como se creía. Entender esa complejidad será clave para diseñar estrategias eficaces en una población cada vez más envejecida.

Entradas populares